La radio es un medio que se construye desde la constancia, la disciplina y la capacidad de conectar con las personas a través de la voz. En ese camino, hay perfiles que han crecido desde lo más básico de la cabina hasta posiciones de liderazgo dentro de la industria, entendiendo cada etapa del proceso. Este es el caso de Luigi, quien ha desarrollado su carrera entre operadores, locución y dirección, consolidando una visión integral del medio.
A lo largo de esta conversación, se repasa su trayectoria desde sus inicios en Grupo Radio Alegría en Monterrey, pasando por su salida a Saltillo en busca de nuevas oportunidades, hasta su regreso a la radio regiomontana y su evolución en distintas plazas como Cuernavaca y su actual etapa en Stereorio 106.7 FM. Además, comparte las enseñanzas que ha recibido de distintos directores, los retos de crecer en la industria y su visión actual sobre cómo se debe hacer radio para seguir conectando con la audiencia.
¡Esto fue lo que nos dijo sobre su camino en la radio!

Iniciaste en la radio desde los 16 años como operador en Grupo Radio Alegría en Monterrey. ¿Qué fue lo que más te atrapó de este medio desde tan joven y cómo recuerdas esos primeros aprendizajes detrás de cabina?
Entré a la radio muy joven, a los 16 años, prácticamente siendo un niño, y desde el primer día me atrapó la magia que existe detrás de un micrófono. Me impresionaba mucho cómo una voz podía acompañar, emocionar o incluso cambiarle el día a alguien que estaba del otro lado de la radio escuchando.
Mis primeros años en Grupo Radio Alegría en Monterrey fueron de muchísimo aprendizaje. Empecé como operador, así que me tocó conocer la radio desde abajo: desvelos, cabina, consola, errores en vivo, presión constante y mucha disciplina.
Pero justamente ahí fue donde entendí que este medio no solo se trata de hablar, sino de conectar con la gente de una manera muy humana y directa.
Recuerdo que pasaba horas observando a los locutores, aprendiendo cómo manejaban los tiempos, el equipo, las emociones y la comunicación en vivo. Todo eso me fue formando poco a poco. La radio me enseñó responsabilidad, rapidez mental y, sobre todo, el valor de la autenticidad y de saber llegar a las emociones de los radioescuchas.
A los 18 años decidiste salir de Monterrey para probar suerte en La Comadre de Saltillo. ¿Qué representó para ti ese primer cambio de ciudad y qué retos enfrentaste al comenzar a abrirte camino como locutor?
Salir de Monterrey a los 18 años fue una decisión que me marcó muchísimo. Era dejar mi casa, mi familia, mis amigos y la comodidad de lo conocido para irme a buscar una oportunidad en un medio donde nadie te regala nada, un entorno difícil, pero a la vez muy noble.
La Comadre de Saltillo representó esa primera gran apuesta personal, el momento en el que entendí que si quería crecer en la radio tenía que atreverme a salir de mi zona de confort y darlo todo de mí.
Al principio no fue sencillo. Llegué con muchas ganas, pero también con nervios e inseguridades normales de alguien muy joven que apenas estaba empezando. Tuve que adaptarme a una nueva ciudad, ganarme la confianza del equipo y demostrar que realmente tenía pasión y disciplina para esto.
Uno de los retos más grandes fue aprender a tener paciencia, saber escuchar y ser constante. En la radio muchas veces empiezas haciendo de todo: horarios pesados, apoyo en eventos, actividades fuera del micrófono y aprendizaje detrás de cabina.
Pero justamente esa etapa fue la que me formó. Ahí entendí que este medio no solo se trata de hablar al aire, sino de conectar con la gente y transmitir algo real, sin filtros. Además, me ayudó a valorar cada oportunidad y a entender que cada paso, por pequeño que parezca, construye tu camino.

Regresaste a Grupo Radio Alegría para integrarte a La Sabrosita bajo la dirección de Franklin Olivares. ¿Qué enseñanzas te dejó trabajar junto a él y cómo marcó tu carrera esa oportunidad?
Regresar a Grupo Radio Alegría para integrarme a La Sabrosita fue un momento muy importante en mi carrera, porque ya no regresé como aquel joven que apenas empezaba, sino con más experiencia y con muchas ganas de demostrar de lo que era capaz.
Trabajar bajo la dirección de Franklin Olivares fue una escuela completa. De él aprendí que la radio no solo se trata de hablar frente a un micrófono, sino de conectar con la gente, transmitir emociones y tener disciplina todos los días. Franklin era muy exigente en los detalles, en la preparación y en el respeto al público, y eso me ayudó muchísimo a crecer tanto profesional como personalmente.
Recuerdo mucho una de sus frases que me marcó: “Viene con hambre de micrófono”. Eso me abrió la puerta para estar en horarios estelares junto a grandes personalidades como Don Pete Martínez, Juan Manuel “Paparazzi”, Cristy Gzz “La Güera” y Franco Escamilla, de quienes también aprendí mucho solo con verlos trabajar.
Esa oportunidad me dio proyección, seguridad y confianza. Me ayudó a entender la responsabilidad que tiene un locutor al acompañar a miles de personas todos los días.
También me enseñó a nunca conformarme y a siempre buscar evolucionar dentro de este medio. Como solía decir el jefe operativo Francisco Torres (Pancho Torres): “Aquí no se viene solo a reír al aire, se viene a proponer y tener creatividad al aire”. Esa frase también se quedó conmigo y definió mucho mi forma de trabajar.
Después de consolidarte en Monterrey, llegaste a Cuernavaca para integrarte a Audiorama Comunicación, donde también te desempeñaste como director artístico. ¿Cómo fue evolucionando tu visión de la radio durante esa etapa?
Llegar a Cuernavaca y sumarme a Audiorama Comunicación fue una etapa que me ayudó a madurar muchísimo, no solo como locutor, sino también como alguien que ya entendía la radio desde otro nivel.
En Monterrey estaba muy enfocado en el micrófono, en conectar con la gente al aire y en crecer dentro de la cabina, pero en Cuernavaca, al asumir también el rol de director artístico, empecé a ver el panorama completo.
Ahí entendí que una estación no solo se construye con una buena voz, sino con identidad, estrategia, música, contenido y, sobre todo, emociones. Aprendí a escuchar más al público, a detectar qué quería sentir la audiencia y cómo lograr que una estación tuviera personalidad propia.
Fue una etapa donde mi visión evolucionó de ser únicamente un comunicador a convertirme también en alguien capaz de dirigir, crear conceptos y formar equipos de trabajo.
Además, trabajar en otro mercado me abrió la mente. Me di cuenta de que la radio cambia dependiendo de la gente, las costumbres y la forma en que conectas con la comunidad. Esa experiencia marcó una parte muy importante de mi carrera, porque me enseñó a entender la radio no solo como entretenimiento, sino como compañía diaria para la audiencia.

Actualmente eres director de programación y locutor en Stereorio 106.7. ¿Qué buscas transmitirle a la audiencia en tu programa de lunes a viernes y cuál consideras que es la clave para conectar con la gente hoy en día?
Hoy en Stereorio 106.7 busco hacer una radio cercana, auténtica y con mucha energía. Más allá de poner música o hablar al micrófono, trato de acompañar a la gente en su día a día, que quien nos escuche sienta que del otro lado hay alguien real, alguien que entiende lo que vive y que puede sacarle una sonrisa, informarle o simplemente hacerlo pasar un buen momento.
Creo que la clave para conectar hoy en día es precisamente esa: la autenticidad. La audiencia ya no conecta con voces forzadas o personajes inventados; conecta con personas honestas, naturales y que saben escuchar.
También considero que la radio tiene que evolucionar constantemente. Ya no basta con estar al aire; ahora debemos conectar en redes, generar contenido y entender cómo consume la gente el entretenimiento actualmente. Sin embargo, algo que no cambia es la esencia: la emoción y la compañía que la radio transmite siguen siendo únicas.
Y a los jóvenes que sueñan con dedicarse a esta industria, les diría que tengan paciencia y mucha disciplina. Yo empecé desde abajo, operando y aprendiendo cada parte del medio, y eso me ayudó a entender realmente cómo funciona la radio. No hay atajos.
Hay que prepararse, escuchar, aprender todos los días y, sobre todo, apasionarse por lo que hacen. Cuando realmente amas la radio, eso se nota al aire, y la gente lo percibe de inmediato.
Conoce más de Luigi con estas 5 cualidades con las que él se identifica:
- Perseverante
- Apasionado por la comunicación
- Adaptable
- Creativo
- Ambicioso profesionalmente
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Esta nota fue realizada por Alpha González, Lic. en Periodismo por la EPCS, con experiencia en la cobertura de la industria de la radio y los medios de comunicación.















