¿Por qué la radio AM sigue siendo indispensable?

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Durante años se ha cuestionado la permanencia de la radio AM en los automóviles. Para algunos fabricantes representa una tecnología del pasado; para la industria radiofónica, sigue siendo una herramienta de servicio público. La discusión volvió a cobrar fuerza luego de que la National Association of Broadcasters (NAB) reiterara su respaldo a la iniciativa AM Radio for Every Vehicle Act, una propuesta que busca mantener la radio AM como equipamiento estándar en todos los vehículos vendidos en Estados Unidos.

La postura de la NAB es clara: la radio local no es un lujo, sino una línea de vida durante las emergencias. Y no es una afirmación menor. Huracanes, incendios forestales, terremotos, inundaciones o apagones masivos han demostrado que, cuando la infraestructura digital colapsa, la radio continúa siendo uno de los pocos medios capaces de seguir informando a la población.

La pregunta, sin embargo, merece un análisis más profundo. Hoy, millones de personas recurren primero a las redes sociales para enterarse de lo que sucede. X, Facebook, TikTok, Instagram o aplicaciones comunitarias ofrecen información en tiempo real, fotografías y videos captados por los propios ciudadanos. Pero toda esa comunicación comparte una misma dependencia: necesita internet, energía eléctrica y redes celulares en funcionamiento.

Y precisamente ahí aparece la mayor fortaleza de la radio AM.

Mientras exista una estación transmitiendo y un receptor con baterías o el sistema eléctrico de un automóvil, la señal continuará llegando. No depende de servidores, plataformas digitales ni de una red móvil saturada. En otras palabras, cuando internet deja de funcionar, la AM sigue cumpliendo con la misión para la que fue creada: comunicar.

Eso no significa que la radio deba vivir únicamente del argumento de las emergencias. Su permanencia también dependerá de seguir ofreciendo información útil, contenidos relevantes y un fuerte vínculo con las comunidades a las que sirve. Ninguna legislación puede sustituir la confianza que una emisora construye con su audiencia todos los días.

Sin embargo, reducir la AM a una tecnología «obsoleta» sería desconocer el papel que desempeña dentro de la infraestructura de comunicación de un país. En un mundo cada vez más conectado, resulta paradójico que el medio menos dependiente de internet sea, precisamente, el que algunos consideran prescindible.

Quizá el debate nunca debió centrarse en si la AM es antigua o moderna.

La verdadera pregunta es otra:

¿Qué otro medio puede seguir informando cuando todo lo demás deja de funcionar?

Porque el día que internet desaparece, las redes sociales guardan silencio.

La radio AM, casi siempre, sigue al aire.

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