Carlos ‘El Choco’/Creador digital; La construcción de la comedia desde el escenario y el podcast

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Con una trayectoria de más de 10 años dentro de la escena del stand up en México, Carlos Sánchez ‘El Choco’ se ha consolidado como una de las voces más irreverentes y cercanas al público gracias a un estilo cargado de observación, humor cotidiano y una personalidad descarada que conecta rápidamente con la audiencia. A lo largo de su carrera ha compartido escenario con figuras importantes de la comedia como Javier Carranza ‘El Costeño’, El Indio Bryan y el elenco de Guerra de Chistes, experiencias que le han permitido crecer y entender la exigencia que implica hacer reír arriba de un escenario.

A lo largo de esta conversación, el comediante habla sobre sus inicios dentro del mundo del entretenimiento, el proceso creativo detrás de sus rutinas y la manera en la que encuentra humor en situaciones cotidianas. Además, comparte su visión sobre la evolución de la comedia en tiempos de redes sociales, la censura en plataformas digitales, su experiencia dentro del podcast ‘El Revolcadero’ y los retos que enfrenta actualmente la industria del stand up en México.

¡Aquí la charla completa!

Llevas 10 años dentro de la escena de la comedia y el stand up en México. ¿Cómo recuerdas tus inicios y en qué momento descubriste que hacer reír era algo a lo que querías dedicarte de lleno?

Creo que siempre fui una persona muy inquieta y a la que le gustaba hacer reír. Desde chavito recuerdo que en las fiestas me ponían a cantar, bailar y hacer cosas para entretener a la familia. Siempre tuve esa necesidad de llamar la atención a través de la risa y de hacer que la gente la pasara bien.

Incluso, cuando veía televisión, yo no era el típico niño que estaba clavado con los superhéroes o las caricaturas de acción. A mí me llamaban muchísimo la atención los programas de comedia. Recuerdo que en las noches veía Los Comediantes, el programa de Jorge Ortiz de Pinedo. Sé que probablemente no era contenido para alguien de mi edad, pero me encantaba ver a todos esos comediantes arriba del escenario haciendo reír a la gente. Desde ahí empecé a preguntarme qué se estudiaba para dedicarse a eso o cómo alguien podía llegar a vivir de hacer comedia.

La realidad es que nunca encontré una respuesta clara sobre qué carrera seguir para dedicarme a eso. Ya cuando crecí, hace aproximadamente 12 años, un amigo me dijo: “Oye, a ti que te gusta tanto la comedia y además se te da porque siempre eres el gracioso del grupo, ¿por qué no entras a un taller?”. Fue entonces cuando me recomendó un curso en la Escuela Allegro, de la familia Santini. Ahí tomé mi primer taller de comedia con el profesor Le Chiche y prácticamente ahí comenzó todo.

Terminando el curso, él mismo empezó a impulsarme y a meterme poco a poco en este mundo. Me empezó a recomendar lugares, escenarios y espacios para practicar, y así fue como comenzó esta historia dentro de la comedia.

Tu estilo se caracteriza por ser descarado, irreverente y muy de identificación con el público. ¿Cómo logras encontrar temas cotidianos que conecten tan rápido con la gente?

Yo creo que cuando empiezas a dedicarte a la comedia, tu mente cambia completamente. Es como si desarrollaras otro tipo de visión. Todo lo que pasa en tu día a día empieza a convertirse en material potencial para un chiste. Cuando vas al súper, al banco, a un restaurante o simplemente cuando estás observando a la gente, automáticamente buscas el lado gracioso de las cosas.

Eso incluso me ha traído problemas porque a veces se me salen chistes donde no debo. Por ejemplo, en los velorios. Aunque también hay velorios donde la gente termina pasando momentos muy curiosos y hasta divertidos. A veces uno piensa: “Oye, sí es cierto, hasta en estas situaciones pasan cosas chistosas”. Ese justamente es el trabajo del comediante: encontrar el lado gracioso incluso en situaciones cotidianas o incómodas.

Creo que lo que conecta con la gente es precisamente eso, que son cosas que todos vivimos pero que quizá nadie había señalado de esa manera. Cuando alguien escucha el chiste dice: “Oye, sí es cierto, nunca lo había pensado así”. Ahí es donde ocurre la conexión con el público y donde la observación se convierte en comedia.

Desde tu experiencia dentro del stand up, ¿Cómo trabajas la construcción de una rutina? Es decir, ¿Qué tanto influye la observación, la improvisación, el timing y la reacción del público al momento de pulir un chiste para que realmente funcione en escenario?

Todo empieza desde la observación. Primero detectas una situación y piensas: “Aquí hay algo gracioso que nadie está viendo”. Después viene la parte de la escritura, que para mí es fundamental. Muchas veces un chiste depende completamente de cómo acomodar las palabras. Incluso mover una sola palabra de lugar puede hacer que el chiste funcione mejor o peor.

Después viene el delivery, que es la manera en la que entregas el chiste al público. Ahí entra el timing, las pausas, las exageraciones, los cambios de voz y todo lo que ayuda a potenciar la rutina. Por ejemplo, cuando imitas a tu mamá o haces una pausa antes del remate, todo eso forma parte de la construcción del chiste.

Finalmente viene la prueba más importante: el público. Hay veces que tú piensas que traes un chiste buenísimo y cuando lo pruebas en un show no funciona como esperabas. Ahí es donde toca analizar qué falló: si fue una palabra, el orden, el ritmo o incluso el momento en que lo contaste. Entonces empiezas a mover cosas, quitar partes o cambiar frases hasta encontrar la mejor versión del chiste.

La comedia es mucho de prueba y error. Un chiste nunca termina de construirse hasta que pasa por el escenario y recibe la reacción real de la gente.

A lo largo de tu carrera has compartido escenario con grandes figuras como Javier Carranza “El Costeño”, El Indio Bryan y el elenco de Guerra de Chistes. ¿Qué aprendizajes te han dejado estas experiencias?

La verdad, al principio sí imponía muchísimo. Yo pensaba: “La gente viene a ver a estos gigantes de la comedia, pagan un boleto por ellos, ¿y ahora voy a salir yo?”. Era una mezcla de emoción y miedo porque sentía una responsabilidad enorme.

Hasta la fecha sigo sintiendo nervios cuando me toca abrir shows o compartir escenario con figuras tan importantes, pero también lo agradezco muchísimo porque ellos han tenido la confianza de prestarme algo muy valioso: su público. Y cuando alguien con esa trayectoria te da esa oportunidad, entiendes que tienes que salir a dar lo mejor de ti.

Además, aprender de ellos en vivo es una escuela impresionante. Por ejemplo, ver trabajar a Javier Carranza “El Costeño” es algo que me impresiona muchísimo. Se nota toda la experiencia que tiene arriba del escenario. Me ha tocado verlo resolver problemas de audio, mala organización o situaciones complicadas durante un show y aun así siempre logra sacar adelante el espectáculo.

También me ha tocado verlo subirse al escenario incluso pasando por situaciones personales difíciles y, aun así, entregarse completamente al público. Ese profesionalismo es algo que aprendes observando a gente con tantos años de trayectoria. Son enseñanzas que no tienen precio.

Actualmente formas parte del podcast El Revolcadero. ¿Qué tan diferente es hacer comedia en un formato de podcast comparado con el stand up en vivo?

La principal diferencia es la reacción del público. En un show en vivo tienes un termómetro inmediato. Ahí mismo sabes si un chiste funcionó, si conectó o si necesitas cambiar algo. La reacción de la gente te va guiando durante toda la rutina.

En cambio, en un podcast no tienes esa respuesta inmediata. Ahí la dinámica es mucho más relajada. La gente quiere sentir que está escuchando una conversación entre amigos, algo natural y espontáneo. Por eso el tono cambia mucho.

También está el tema de la censura en plataformas digitales. A veces, cuando haces contenido en vivo para internet, tienes que medir ciertas palabras o temas porque automáticamente las plataformas pueden limitarte o censurarte el contenido.

Aun así, disfruto muchísimo ambos formatos. Cada uno tiene su esencia y sus herramientas. Hay comediantes que funcionan increíble en stand up pero no tanto en podcast, y también hay podcasters que quizá no conectarían igual en un escenario. El reto está en volverte versátil y aprender a dominar ambos formatos.

Con la evolución de las plataformas digitales, los nuevos formatos y el crecimiento del stand up en México, ¿Cómo ves actualmente el futuro de la comedia y hacia dónde crees que se dirige la industria en los próximos años?

Las plataformas digitales definitivamente han ayudado muchísimo a la comedia. Hoy puedes llegar a muchísima más gente, hacer viral un clip y crecer mucho más rápido que antes. Las redes sociales se han convertido en una herramienta muy poderosa para cualquier comediante.

Pero también creo que vivimos una sobreexposición de información. Hoy cualquiera puede opinar sobre cualquier tema, crear contenido o sacar conclusiones sin necesariamente tener contexto o información real. También hay muchísimas fake news y contenido sacado de contexto.

En la comedia eso ha provocado algo complicado: la censura. Siento que actualmente mucha gente quiere sentirse del lado correcto de todo y entonces cualquier chiste puede convertirse en un problema porque alguien se ofendió o alguien piensa que otra persona podría ofenderse.

A mí lo que no me gusta es que muchas veces se castiga al comediante por hacer un chiste, pero no se señala a los verdaderos responsables de ciertas situaciones. Un ejemplo muy claro fue lo que pasó con Platanito. Lo cancelaron muy fuerte por un chiste sobre una tragedia en México, incluso tuvo que salir del país un tiempo. Y más allá de si te gusta o no el chiste, era un show privado y alguien grabó el fragmento para sacarlo de contexto.

Lo preocupante es que toda la atención se fue hacia el comediante y no hacia los verdaderos responsables de esa tragedia. Las redes sociales muchas veces funcionan así: la gente busca desquitarse o atacar rápidamente.

Yo quisiera pensar que el futuro de la comedia va hacia una mayor libertad, pero sinceramente creo que en plataformas digitales cada vez habrá más restricciones. Hoy ya hay temas con los que mucha gente siente que no puedes bromear: chistes de gordos, pelones, preferencias sexuales y muchísimas otras cosas. Cada vez parece haber menos espacio para el humor irreverente y eso, tristemente, es algo que sí me preocupa sobre el futuro de la comedia.

Conoce más de Carlos ‘El Choco’ con estas 5 cualidades con las que él se identifica:

  • Empático 
  • Perseverante
  • Apasionado 
  • Flexible 
  • Comprometido

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Facebook: El Choco

Esta nota fue realizada por Alpha González, Lic. en Periodismo por la EPCS, con experiencia en la cobertura de la industria de la radio y los medios de comunicación.

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