
Me encanta hacer radio. He vivido de ella por más de 50 años. De hecho, ya estoy pensionado y sigo trabajando en ella simplemente porque la amo.
Pero eso no quiere decir que, aunque disfrute de mi trabajo, tenga que regalarlo. Y aunque parece ser una profesión sencilla y fácil de hacer, la verdad es que son pocos los que han logrado hacer una vida exitosa con ella.
Por esta razón, con todo cariño le pido que la próxima vez que hable con una persona que trabaja en radio, evite algunas de estas frases, que nos parecen molestas y hasta ofensivas:
- “¿Todavía existe la radio?”
Sí. Y también existen los libros, los periódicos, los teatros, los cines y las bicicletas, aunque hace rato inventaron internet, Netflix, TikTok y los carros eléctricos.
La radio no desapareció. Cambió. Ahora se escucha en el carro, en el celular, en una aplicación, en un parlante inteligente, en la página web de la emisora o en un video corto de redes sociales donde aparece el locutor diciendo lo mismo que dijo al aire.
Lo que pasa es que mucha gente cree que, si algo ya no se consume exactamente como antes, entonces murió. Y no. La radio no está muerta. Solo dejó de vivir encerrada dentro de un radio de pilas.
- “Eso lo puede hacer cualquiera con un micrófono y un computador”
Claro. También cualquiera puede comprar una cámara y eso no lo convierte en Spielberg. Cualquiera puede abrir una cuenta de Instagram y eso no lo convierte en comunicador. Cualquiera puede tener una cocina bonita y eso no lo convierte en chef.
Hoy en día es muy fácil grabar, transmitir, editar y publicar. Lo difícil sigue siendo lo mismo de siempre: tener algo interesante que decir, saber decirlo, mantener la atención de la gente, respetar los tiempos, improvisar sin hacer el ridículo y lograr que alguien quiera seguir escuchando.
La tecnología le abrió la puerta a mucha gente. Pero el talento, la disciplina y el criterio siguen siendo los que deciden quién se queda adentro.
- “Mándame un saludito al aire”
No hay problema con mandar un saludo. Todos lo hemos hecho. La radio también vive de esa cercanía con la gente.
El problema es cuando alguien cree que el programa completo existe para saludar a su primo, a su vecina, al señor de la tienda, al equipo de fútbol del barrio y a toda la familia “que está escuchando desde la casa”.
Un saludo bien puesto puede sonar cálido. Cincuenta saludos seguidos pueden convertir una emisora en una lista de mercado. Y aunque parezca fácil, un buen locutor sabe cuándo decirlo, cómo decirlo y cuándo parar.
- “Póngame esta canción, que es para ya”
Con mucho gusto recibiré su solicitud. Pero una emisora no es una rocola de cantina ni una playlist personal manejada por WhatsApp.
Detrás de cada canción hay una programación, un orden, una estrategia, unos horarios, unos compromisos comerciales, unos derechos, unas reglas del formato y, en muchos casos, una persona que lleva años aprendiendo cómo hacer que una emisora suene bien durante todo el día.
Pedir una canción está muy bien. Exigirla como si uno fuera el dueño de la emisora, no tanto.
- “Ustedes viven de fiesta en fiesta”
Eso parece desde afuera. Conciertos, artistas, eventos, cabinas móviles, entrevistas, lanzamientos, fotos, saludos, tarimas y aplausos.
Pero detrás de esa imagen hay madrugadas, turnos partidos, fines de semana trabajando, feriados al aire, llamadas de oyentes molestos, clientes que cambian el texto a última hora, jefes que piden resultados, equipos que fallan, canciones que no entran, controles remotos que se caen y campañas que deben salir perfectas, aunque todo alrededor esté saliendo mal.
Sí, a veces hay fiesta. Pero muchas veces nosotros somos los que estamos trabajando mientras los demás se divierten.
- “¿Por qué hablas así? En persona no suenas igual”
Por supuesto que no. Usted tampoco habla igual cuando contesta una entrevista de trabajo, cuando regaña a un hijo, cuando pide una pizza o cuando le habla bonito a alguien que le gusta.
La voz de radio no tiene que ser falsa, pero sí tiene que estar trabajada. Hay respiración, intención, ritmo, dicción, energía, sonrisa, pausa, cercanía y control. No se trata de impostar una voz de locutor antiguo, sino de usar la voz como una herramienta profesional.
En persona converso. Al aire comunico. Son cosas parecidas, pero no son lo mismo.
- “Eso de poner música no tiene ciencia”
Poner música, no. Programar una emisora, sí.
Cualquier persona puede armar una lista de canciones que le gusten. Lo difícil es hacer que esa lista tenga sentido para miles de personas distintas, a diferentes horas del día, con estados de ánimo diferentes, sin repetir demasiado, sin aburrir, sin espantar al oyente y sin traicionar la identidad de la emisora.
Una cosa es poner canciones. Otra muy distinta es construir una compañía sonora que la gente quiera tener prendida todos los días.
- “Dime algo divertido, tú que eres locutor”
Esa frase es prima hermana de “cuéntame un chiste” cuando alguien se entera de que uno trabaja en radio.
La gente cree que el locutor anda con un botón interno de entretenimiento listo para activarse en reuniones familiares, ascensores, aeropuertos o filas de supermercado.
Pero uno no siempre está en modo programa. A veces uno solo quiere tomarse un café, quedarse callado, mirar el celular o conversar como cualquier persona normal. Ser comunicador no significa estar obligado a entretener gratis las 24 horas del día.
- “¿Me ayudas a grabar una cuñita rapidita?”
La palabra peligrosa ahí es “rapidita”, porque casi nunca es rapidita. Primero hay que escribirla. Luego corregirla. Después grabarla. Luego editarla. Después ponerle música. Luego cambiar la música porque “no suena alegre”. Después cambiar una frase porque “mi esposa dice que no se entiende”. Y finalmente exportarla en el formato correcto porque alguien la necesita “para ayer”.
Una cuña puede durar 20 segundos. Pero producirla bien puede tomar mucho más que eso.
- “La radio de antes sí era buena”
La radio de antes fue maravillosa. Tenía magia, voces inolvidables, programas enormes, radionovelas, concursos, radioteatros, transmisiones deportivas memorables y locutores que se volvieron parte de la familia.
Pero no todo tiempo pasado fue mejor. También había improvisación mala, egos gigantes, equipos que sonaban pésimo, discos rayados, silencios eternos, llamadas que no entraban y programas que hoy no aguantarían ni diez minutos frente a un oyente con tantas opciones.
La nostalgia es hermosa, pero no debería usarse para despreciar a quienes siguen haciendo radio hoy, con otros recursos, otros públicos y otros desafíos.
- “¡Qué suerte la tuya! Te pagan sólo por hablar…”
Pues sí… Vivo agradecido todos los días por tener un trabajo tan único y divertido. Sin embargo, para conseguir un trabajo como el mío se necesita mucho más que «suerte», y para mantenerlo se necesita mucho más que simplemente “hablar».
- “Yo podría hacer mi propio programa de radio…”
Pues yo podría haber sido ingeniero electrónico… pero luego me di cuenta de que no era bueno para las matemáticas. Al igual que para cualquier trabajo, ser locutor requiere de ciertas habilidades, un buen nivel de entrenamiento y mucha pasión.
Suponer que usted, de buenas a primeras, podría simplemente sentarse y hacer un buen programa de radio de forma profesional, sin haberlo estudiado y practicado con anterioridad, es insultante y una muestra de ignorancia.
- “¿Cuánto ganas?”
En algunas culturas la gente no teme revelar su salario, pero en la nuestra, hacer esta pregunta es considerado algo grosero, no importa a qué se dedique una persona. Usted no gana nada con saber cuánto me gano… y no, la gente de radio no gana todo el dinero que usted supone, pero tampoco somos tan pobres como algunos creen.
- “¿Me puedes regalar entradas para el concierto de (cualquier artista)?”
Contrario a lo que mucha gente cree, a la gente de radio no le andan regalando boletas para los diferentes espectáculos que se presentan en la ciudad.
Es cierto: las emisoras se la pasan regalando entradas a diferentes espectáculos, incluidos los conciertos, pero, por lo general, esos tiquetes se entregan a la empresa como parte de un intercambio comercial, y son usados en concursos o para relaciones públicas.
De hecho, son muchos los conciertos que me he perdido esperando a ver si alguien se digna invitarme…
- “Entonces, ¿estás tratando de convertirte en el nuevo Eugenio Derbez?”
Pues, no. Solo hay un Eugenio Derbez. Yo realmente estoy tratando de trabajar duro y de ser exitoso por lo que yo hago y para que me reconozcan por mi propio estilo.
- “¿Y cuál es tu ‘Plan B’?”
No sé… ¿vender hamburguesas en un McDonald’s…? Mentiras, solo trato de ser irónico. Esta es mi profesión. He luchado por ella y sé que lo hago bien. Si te parece que no es lo suficientemente importante o si te hace sentir incómodo que yo haya decidido asumir ciertos riesgos y desafíos para tener éxito y hacer algo que amo, lo lamento. Esta es mi vida, y la amo.
- “¿Por qué no sales en TV?”
La televisión es increíble. Y lo que yo hago, también. Son medios completamente distintos y cada uno requiere un conjunto de habilidades diferentes y especializadas, aunque algunas se entrelazan.
Pero, por favor: no asuma que todos los que trabajamos en radio queremos estar en televisión. Muchos trabajamos toda una vida para perfeccionar nuestro trabajo y, lo mejor, no tenemos que maquillarnos ni lucir sonrisas falsas todos los días ante el público…
- “Qué vergüenza contigo, pero yo nunca escucho radio”
Si lo dices para ofenderme, no lo lograrás. Yo nunca voy a fútbol, y no creo que un jugador o un árbitro se moleste por ello. Nunca he contratado un arquitecto ni me han enyesado una pierna por una fractura, y con eso no ofendo a nadie.
Ahora, si queremos ser francos, te apuesto lo que quieras a que sí has escuchado radio, incluso en los últimos días…
- “La radio es una industria moribunda”
La radio ha sufrido cambios drásticos en los últimos años. Cada vez hay menos oportunidades de trabajo, los sueldos hoy en día no son tan altos, como antes, y es difícil encontrar buenos talentos. Además, la tecnología nos presenta nuevos retos todos los días.
Pero si uno tiene talento, trabaja duro y con dedicación, todavía hay grandes oportunidades para ser tan feliz y rico como una persona en cualquiera otra profesión.
- “¿Podrías animar mi evento de forma gratuita? Son solo unas pocas horas…”
Aparte de los eventos de caridad, asumir que yo siempre debería hacer mi trabajo gratis es esencialmente decir que mi trabajo y mi tiempo no tienen ningún valor real. Si es tan fácil y no hay problemas con el tiempo, ¿por qué no lo animas tú mismo?
- “¿Puedes mencionar mi negocio al aire?”
Eso es ilegal. No solo podría yo perder mi trabajo sino que me estás pidiendo que haga gratis algo por lo que a mí me pagan.
Las empresas me pagan dinero para hablar de ellas. De ese pago, a mí me toca una parte, al vendedor otra y el resto es para la empresa. De la publicidad viven los medios de comunicación. Si quieres te puedo conectar con un ejecutivo, quien te dará un buen precio para tu anuncio.
Conclusión
Para muchos, estar en un medio de comunicación es algo glamoroso y se convierte en la puerta de entrada al mundo de la fama. Sin embargo, por lo general, la radio es una profesión como cualquiera otra.
Alguien usa su cerebro para manejar las matemáticas. Otro usa sus destrezas para diseñar una máquina. Alguien más será capaz de convencer a otro a que compre un carro de segunda mano.
Nuestra profesión es entretener al público y promocionar los productos que lanzan los anunciantes. Y eso tiene un valor. Gracias por respetarnos.

Tito López hace radio desde 1975 y ha creado formatos radiofónicos exitosos en Colombia, Portugal, Chile, Panamá y Costa Rica.
Es coach de talentos, intérprete de investigaciones de audiencia, productor, blogger, libretista y conductor de programas de radio.
Lo puede seguir en Facebook como Oscar.Tito.Lopez y en Twitter como oscartitolopez.














