25 preguntas para romper el hielo con cualquier invitado

Antes de comenzar la charla, muchas veces conviene dedicar un par de minutos a romper el hielo. No se trata de hacer preguntas tontas ni de perder tiempo. Encuentre aquí 25 preguntas que pueden ayudar a comenzar la entrevista con el pie derecho.

0
No se trata de hacer preguntas tontas ni de perder tiempo. Se trata de lograr que la persona se relaje, se olvide un poco del micrófono y comience a conversar como lo haría fuera del aire.

En 1991 yo dirigía Radioactiva en Colombia y teníamos un Morning Show muy exitoso llamado “La Locomotora”.

Un día, alguien llamó a la emisora identificándose como ‘consejera’ de la presidencia de la república. Habló conmigo por teléfono y me dijo que estábamos invitados a almorzar al día siguiente con César Gaviria, que gobernaba al país por esos días.

Yo dije que sí inmediatamente, pero no estaba seguro de si era una broma. ¿Por qué el presidente querría hablar con unos charlatanes de una emisora juvenil, especialmente en un momento delicado de orden público como el que se vivía en ese momento?

Inmediatamente hablé con mis compañeros porque me pareció muy curiosa la llamada. Parecía ser en serio, pero la duda era lógica, más aun sabiendo que nos encantaba hacer bromas telefónicas al aire.

Luego de una discusión decidimos aceptar la invitación, aunque realmente no estábamos seguros de cumplir con ella.

Al otro día, la misma persona me llamó para confirmar la cita. Yo le dije que sí. Dijo que nos encontraríamos a la 1 de la tarde en la entrada de prensa de la Casa de Nariño, que es la sede presidencial.

Llegaron las 12 del mediodía y continuábamos trabajando en la emisora. Todavía teníamos dudas. Al final dijimos que sí, que iríamos, pero que llegaríamos muy atentos por si había alguna cámara o gente extraña que estuviera preparando una broma.

Llegamos tarde. Era la 1:40 PM, y allí estaba la consejera esperándonos. Nos llamó la atención por la tardanza. Avergonzados, le respondí que no sabíamos si la invitación era real. Como sea, nos invitó a entrar y nos advirtió que posiblemente el presidente ya no almorzaría con nosotros porque su agenda era muy estricta.

Caminamos por los pasillos del palacio presidencial. Varios integrantes del batallón Guardia Presidencial nos reconocieron y nos saludaron, mirándonos extrañados preguntándose lo mismo que nosotros: ¿Qué estábamos haciendo allí en un almuerzo con el presidente?

Al final llegamos a un salón inmenso con una gran mesa. Allí nos sentamos y comenzaron a llegar los diferentes platillos que nos iban sirviendo de manera ceremonial.

De izquierda a derecha: Guío (mi esposa), yo, Gabriel Delascasas y Andrés Nieto en el comedor de la Casa de Nariño.

Todos habíamos llegado vestido de manera informal y cotidiana. La verdad es que habíamos pensado que no íbamos a ir a esa reunión y no estábamos preparados.

Mientras nos servían la comida, no parábamos de hacer chistes y bromas mientras saboreábamos la comida que nos estaban sirviendo. No todo el mundo tiene la posibilidad de almorzar en el comedor de Presidencia.

De repente, ¡entró el presidente!

Nos saludó de mano a cada uno y se sentó a nuestro lado, aunque se disculpó por no comer con nosotros. Yo tenía 35 años y mis compañeros eran 10 años menores, así que yo asumí la vocería.

Hubo un silencio tenso de unos 30 segundos. Yo no estaba preparado para ese momento y lo único que se me ocurrió preguntarle al presidente para tratar de romper el hielo fue: “Bueno, ¿y qué más?”.

Luego de otra pequeña pausa todos soltamos la carcajada, incluyendo al Dr. Gaviria.

De allí en adelante la conversación comenzó a fluir y terminamos contando algunas historias, hablamos de radio y de la situación del país. La charla duró unos 15 minutos y luego se fue a sus labores. Él tenía muchos problemas por resolver como para perder tiempo con nosotros.

En 1991, Pablo Escobar estaba negociando su entrega tras acordar la no extradición y al poco tiempo fue recluido en una cárcel llamada La Catedral (una prisión con lujos a su medida).

Luego de su despedida nosotros permanecimos allí un buen rato. Después nos despedimos, nos montamos en el carro y nos miramos entre todos sin entender lo que había pasado, hasta que uno de mis compañeros -que hoy conduce un legendario programa de regreso a casa en una reconocida emisora- nos confesó: “La verdad, ella es amiga mía y estamos saliendo…”.

Todos soltamos la carcajada de nuevo y por fin supimos por qué habíamos tenido ese gran honor de almorzar nada menos que con el presidente.

Y probablemente hemos sido los únicos que ponemos a esperar al primer mandatario del país… ¡Qué vergüenza!

Cómo romper el hielo en una entrevista con alguien famoso

Esta anécdota me dejó una gran enseñanza: podría ser la de ir bien vestido a una reunión con el presidente o cumplir con el horario acordado, pero lo que realmente aprendí fue a estar preparado antes de tener una conversación con una celebridad.

Hay entrevistas que pueden manejarse de manera informal y chistosa como me pasó a mí (afortunadamente), pero hay otras que comienzan mal desde la primera pregunta, no necesariamente porque el entrevistador no se haya preparado o porque el invitado sea poco interesante, sino porque a veces ocurre algo mucho más sencillo: todavía no se ha creado la confianza necesaria para conversar.

En el caso de la radio, el invitado entra al estudio, se pone los audífonos, ve un micrófono frente a la cara, una cantidad de gente que no se quiere perder la conversación y escucha una voz que de inmediato le pregunta por el tema más serio de la entrevista.

Y entonces aparecen las respuestas cortas: “Sí”, “No”, “Puede ser”, “Estamos trabajando en eso”, etc.

Para los que hacemos radio, pocas cosas son más incómodas que entrevistar a alguien que responde con monosílabos. Por eso, antes de comenzar la charla, muchas veces conviene dedicar un par de minutos a romper el hielo.

No se trata de hacer preguntas tontas ni de perder tiempo. Se trata de lograr que la persona se relaje, se olvide un poco del micrófono y comience a conversar como lo haría fuera del aire.

Una buena pregunta inicial puede cambiar completamente una entrevista. Estas son 20 preguntas que pueden ayudar.

  1. ¿Qué estaba haciendo justo antes de venir aquí?

Parece una pregunta insignificante, pero tiene una enorme ventaja: prácticamente nadie lleva preparada la respuesta.

Eso obliga al invitado a abandonar por unos segundos el discurso aprendido y comenzar a hablar de algo cotidiano. Además, muchas veces aparecen pequeñas historias que sirven para continuar la conversación.

  1. ¿Cómo empezó su día hoy?

Es sencilla, cercana y permite descubrir rápidamente en qué estado de ánimo se encuentra el invitado.

Tal vez madrugó para tomar un avión, tuvo una reunión complicada, llevó a sus hijos al colegio o simplemente se levantó tarde. Cualquiera de esas respuestas puede abrir caminos interesantes.

  1. ¿Alcanzó a desayunar o comer antes de venir? ¿Qué comió?

Puede parecer una pregunta demasiado sencilla, pero precisamente por eso funciona.

Hablar de comida es fácil, cercano y no exige ninguna preparación. Además, puede abrir conversaciones sobre rutinas, gustos, horarios, dietas o costumbres personales. Y si la respuesta es “no alcancé”, probablemente ya apareció otro tema: ¿por qué venía tan apurado?

  1. ¿Cómo estuvo el tráfico para llegar hasta acá?

En algunas ciudades esta pregunta prácticamente se responde sola. El tráfico es una experiencia compartida por casi todos y permite iniciar una conversación sin entrar todavía en asuntos personales o profesionales.

Además, puede dar pie a hablar de cuánto tardó en llegar, por dónde vino, si conocía la zona o si tuvo algún inconveniente en el camino.

  1. ¿Vio algo curioso o llamativo mientras venía para acá?

Esta pregunta tiene una ventaja interesante: obliga al invitado a pensar en algo que acaba de ocurrir. No hay una respuesta preparada.

Tal vez vio un accidente, una protesta, un vendedor curioso, una situación divertida o simplemente algo que le llamó la atención desde el carro. Y algunas veces, detrás de esa pequeña observación, puede aparecer una buena historia.

  1. ¿Fue fácil llegar hasta estos estudios o se perdió?

Funciona especialmente bien cuando el estudio está en una zona complicada, dentro de un edificio grande o en un lugar que el invitado no conoce.

Puede generar una pequeña anécdota sobre el GPS, el parqueadero, una entrada equivocada o alguien que tuvo que salir a buscarlo. También permite comenzar la conversación hablando de algo que ocurrió apenas unos minutos antes.

  1. ¿Cómo le fue entrando? ¿Lo trataron bien?

La pregunta puede prestarse para bromear con la recepción, los vigilantes, los ascensores, los controles de seguridad o la persona que recibió al invitado. Además, permite saber cuál fue su primera impresión del lugar.

Naturalmente, conviene hacerla con tono ligero, no como si estuviéramos realizando una encuesta de servicio.

  1. ¿Qué fue lo primero que pensó cuando entró al estudio?

Esta puede funcionar especialmente bien si el estudio tiene algo llamativo. Tal vez es muy grande, muy pequeño, muy moderno, está lleno de fotografías, discos, instrumentos o recuerdos.

La respuesta también puede ser completamente inesperada. Y, nuevamente, estamos hablando de algo que acaba de ocurrir, por lo que difícilmente habrá una respuesta ensayada.

  1. ¿Y cómo viene hoy?

No es exactamente lo mismo que preguntar “¿cómo está?”. Ese “¿Y cómo viene hoy?” permite respuestas mucho más espontáneas: “Muerto del sueño”, “Corriendo”, “Con hambre”, “Feliz”, “Estresado”, “Acabo de bajarme de un avión”.

Cualquiera de esas respuestas puede convertirse inmediatamente en el comienzo de una conversación. Y esa es precisamente la idea de romper el hielo.

  1. ¿Es de los que llegan temprano o de los que siempre llegan corriendo?

Es una pregunta aparentemente simple que puede revelar bastante sobre la personalidad del entrevistado. También permite bromear sobre lo que ocurrió ese mismo día. Especialmente si llegó tarde.

Otras preguntas para romper el hielo

Esas primeras preguntas están bien mientras se acomoda en la mesa y entra un poco en confianza. Y aunque lo más posible es que el entrevistado -especialmente si se trata de una celebridad en cualquier campo- haya venido para promocionar algo en particular, hay otras preguntas que usted puede hacer para hacerlo entrar en ambiente.

Aquí hay 15 nuevas preguntas:

  1. ¿Qué fue lo último que lo hizo reír?

Esta pregunta suele cambiar inmediatamente el tono de una entrevista. El invitado recuerda una situación divertida, se relaja y, en muchos casos, termina riéndose nuevamente mientras la cuenta. La risa rompe barreras.

  1. ¿Qué canción tiene pegada en la cabeza por estos días?

Obviamente funciona especialmente bien cuando se entrevista a músicos, pero también puede utilizarse con cualquier persona.

Todos tenemos alguna canción que aparece una y otra vez en nuestra cabeza. Además, en radio tiene una ventaja adicional: la respuesta puede convertirse inmediatamente en contenido musical.

  1. ¿Qué aplicación abre primero cuando mira el celular?

Instagram, WhatsApp, TikTok, X, YouTube, el correo, el banco, las noticias. La respuesta puede decir mucho sobre una persona y suele producir comentarios espontáneos. Incluso puede generar conversación entre los integrantes del programa.

  1. ¿Cuál es el último video que recuerda haber visto en internet?

No tiene que tratarse necesariamente de algo importante. Puede haber sido un video de noticias, un tutorial, un gato cayéndose de una mesa o alguien preparando una receta. Precisamente ahí está la gracia.

  1. ¿Qué comida podría comer varias veces por semana sin cansarse?

Las preguntas sobre comida casi siempre funcionan. Son universales, permiten opiniones apasionadas y frecuentemente llevan a recuerdos familiares, viajes o costumbres personales. Y pocas personas necesitan pensar demasiado antes de responderlas.

  1. ¿Qué comida no soporta?

Incluso puede funcionar mejor que la anterior. Todos tenemos algún plato, ingrediente o combinación que no entendemos cómo puede gustarle a alguien. Y si en el estudio hay varias personas, probablemente aparecerá alguien dispuesto a defenderlo.

  1. ¿Qué pequeño lujo se da cuando quiere consentirse?

No necesariamente hablamos de algo costoso. Puede ser una comida, una siesta, una botella de vino, una tarde sin teléfono, viajar, comprar discos o ver una serie completa durante el fin de semana. Las respuestas suelen ser personales sin resultar invasivas.

  1. ¿Cuál fue su primer trabajo?

Esta pregunta casi siempre produce historias. Muchos personajes conocidos comenzaron haciendo cosas completamente diferentes de aquello por lo que hoy los conoce el público. Y allí pueden aparecer anécdotas muy buenas.

  1. ¿Qué quería ser cuando era niño?

Futbolista, astronauta, médico, cantante, piloto, profesor, bombero. Comparar ese sueño infantil con lo que finalmente terminó haciendo puede generar una conversación muy agradable. Además, funciona con prácticamente cualquier invitado.

  1. ¿Qué talento inútil tiene?

Esta es una de mis favoritas. Hay gente que sabe imitar voces, recordar placas de carros, identificar canciones escuchando medio segundo, mover las orejas, resolver cubos Rubik o reconocer ciudades por una fotografía. Los talentos inútiles suelen ser mucho más entretenidos que los importantes.

  1. ¿Qué cosa hace usted muy mal?

También funciona porque obliga al invitado a reírse un poco de sí mismo. Cocinar, bailar, estacionar, cantar, manejar herramientas, recordar nombres. Cuando alguien reconoce una pequeña debilidad, generalmente se vuelve mucho más cercano para quien escucha.

  1. ¿Qué compra siempre aunque realmente no lo necesite?

Zapatos, libros, aparatos electrónicos, discos, perfumes, ropa, cosas para la cocina. Todos tenemos alguna debilidad. Y muchas veces la respuesta termina produciendo una confesión divertida.

  1. ¿Qué costumbre suya desespera a las personas que viven con usted?

Esta pregunta puede revelar pequeñas manías. Dejar las luces prendidas, roncar, poner la televisión demasiado fuerte, acumular cosas, olvidar cerrar puertas o dejar ropa tirada. Es personal, pero normalmente no resulta incómoda.

  1. ¿Cuál fue la última cosa nueva que aprendió?

Es especialmente útil cuando se entrevista a personas que parecen tener una vida muy estructurada.

Puede ser algo profesional, pero también cocinar un plato, utilizar una aplicación, manejar algún aparato o aprender unas palabras en otro idioma. Además, permite conocer intereses que probablemente no estaban contemplados en la entrevista.

  1. Si mañana tuviera el día completamente libre, ¿qué haría?

La respuesta puede ser sorprendente. Dormir, viajar, quedarse en casa, salir a montar bicicleta, jugar videojuegos, cocinar o simplemente no hacer absolutamente nada. Y precisamente esa respuesta puede decir mucho sobre la persona que está frente al micrófono.

No convierta esto en un interrogatorio

Estas preguntas no están diseñadas para hacerlas todas durante una misma entrevista. Ni siquiera es necesario utilizar más de una.  La idea es tenerlas disponibles como herramientas.

Dependiendo del invitado, del programa y del momento, una sola pregunta puede ser suficiente para cambiar completamente el ambiente.

También hay que escuchar la respuesta. Ese parece un consejo obvio, pero muchas entrevistas fracasan porque quien pregunta está pensando más en la siguiente pregunta escrita en su libreto que en lo que acaba de decir el entrevistado.

Si alguien responde que su primer trabajo fue vender helados en una playa, probablemente allí haya una historia. Pregunte por ella. Si cuenta que aprendió a pilotear un avión, pregunte por qué. Si dice que no soporta el queso, pregunte qué ocurrió con el queso.

Una entrevista no debería sentirse como una encuesta. Debería sentirse como una conversación.

Conclusión

Romper el hielo no significa perder tiempo hablando de cosas sin importancia. Significa preparar el terreno.

Un invitado relajado habla más, cuenta mejores historias, responde con mayor naturalidad y, probablemente, termina revelando cosas que nunca habría mencionado si la conversación hubiera comenzado directamente con la pregunta más seria del cuestionario.

Y hay algo más. Las preguntas más sencillas muchas veces producen las respuestas más interesantes.

Por eso, la próxima vez que tenga un invitado frente al micrófono, antes de comenzar con el tema que preparó durante horas, no le pregunte: “Bueno, ¿y qué más?”.

Más bien pruebe preguntándole algo que probablemente nadie le había preguntado. Tal vez allí comience realmente la entrevista.

ACERCA DEL AUTOR
Tito López hace radio desde 1975 y ha creado formatos radiofónicos exitosos en Colombia, España, Portugal, Chile, Panamá y Costa Rica.
Es coach de talentos, intérprete de investigaciones de audiencia, productor, blogger, libretista y conductor de programas de radio.
Lo puede seguir en Facebook como Oscar.Tito.Lopez y en X como oscartitolopez.
COMPARTIR

Agrega un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here