
Uno de mis primeros contactos con celebridades de la música lo tuve a una edad temprana. Dos de mis hermanos pertenecían a Los Yetis, un grupo pionero del rock en Colombia, y un día llegaron a mi casa con unos invitados estelares: la crema y nata de la música juvenil
Sí. Mis hermanos habían sido invitados a cantar en un concierto que hacía parte de una gira de artistas de rock nacional llamada ‘Milo a Go-Go’.
Yo tendría unos 11 o 12 años, y pude ver cómo mis hermanos le presentaban a mi mamá a artistas como Óscar Golden, Harold, Los Ampex y algunos otros que eran las primeras verdaderas estrellas colombianas de la música.
Y en medio de la charla ruidosa y las carcajadas estaba un hombre bajito, de chaleco y gorra y una muy amplia sonrisa a quien todos ellos miraban como a un ídolo. Era nada menos que el gran Alfonso Lizarazo. Y yo me quedé paralizado.
Lizarazo era esa voz que yo escuchaba en mi “transistor” (así se les llamaba a esos primeros radios portátiles) cuando quería escuchar la música que estaba de moda, y lo tenía frente a mí, en mi casa, saludando a mi mamá abrazado de mis hermanos y de esa constelación de estrellas.

Sí, desde pequeño me interesé por la música y por la radio, y la voz de Lizarazo me cautivaba. Tenía un estilo muy diferente al de todos los locutores de la época. Tenía un ritmo, una vocalización y cierto ‘deje’ en su hablar que lo volvía inconfundible.
Y estoy convencido de que esa forma de presentar la música, de animar, de entrevistar a los artistas influyó en mi forma de hacer locución, algo que en mi adolescencia ni me imaginaba que terminaría haciendo 10 años después.
Con los años me di cuenta de que muchas de las cosas que terminé haciendo frente a un micrófono, probablemente las aprendí de él sin proponérmelo. Nunca fue profesor mío. Nunca conversé con él sobre programación musical. Ni siquiera sé si alguna vez supo que yo existía. De hecho, cuando visitó mi casa ni siquiera me miró (y no me importó).
Pero, como ocurre con los buenos maestros, no hacía falta conocerlo personalmente para aprender de él.
Un pequeño homenaje
Esta semana murió Alfonso Lizarazo, a los 85 años.
La mayoría de los colombianos lo recordarán como el creador del programa semanal de humor “Sábados Felices” de Caracol Televisión. Es lógico. Durante décadas entró todos los sábados a millones de hogares llevando humor y convirtiendo aquel programa en uno de los más longevos de la televisión mundial.
Pero antes de descubrir humoristas, Alfonso Lizarazo había descubierto cantantes, y antes de revolucionar la televisión, ayudó a cambiar para siempre la radio colombiana.
Y quiero hablar de eso, porque, a pesar de haber creado un movimiento musical inmenso, de haber lanzado a las primeras estrellas de rock y pop en Colombia, convirtiéndolas en verdaderos ídolos de la juventud, y de haber dirigido la primera cadena juvenil de radio en el país, pocos recuerdan esa faceta.
Todos los medios y redes sociales en Colombia han hablado de su exitosa carrera en la televisión, tanto en programas de baile -en sus inicios- como en programas de humor, pero hoy casi nadie recuerda que, cuando comenzó la década de los sesenta, prácticamente no existía una radio pensada exclusivamente para los jóvenes, y él estuvo ahí.
La programación de radio estaba dominada por radionovelas, deportes, noticieros, música para adultos y programas familiares. Los adolescentes escuchaban la misma radio que sus padres.
Hasta que apareció Radio 15.
Aunque la emisora había nacido en 1963 bajo la dirección de Carlos Pinzón, fue Alfonso Lizarazo quien terminó convirtiéndola en la gran referencia de la radio juvenil colombiana tan solo un año después.
Desde allí presentó los discos de moda, pero hizo algo mucho más importante: entendió que la radio podía fabricar estrellas y no limitarse a programarlas.
Hoy esa idea parece obvia, pero hace 62 años, en 1964, no lo era.
Algo de historia
Alfonso Lizarazo Sánchez murió el martes 4 de agosto de 2026, a los 85 años, después de enfrentar varios quebrantos de salud. Había nacido en Bucaramanga el 29 de diciembre de 1940 y llegó muy joven a Bogotá.

Su entrada a Caracol Radio no fue directamente como locutor ni como presentador. Comenzó haciendo turnos como operador de controles, gracias a la oportunidad que le dio Julio Nieto Bernal, entonces gerente de la cadena.
Don Julio era el papá de dos grandes talentos de la radio actual: Andrés y su fallecido hermano, Alejandro Nieto Molina.
Poco a poco, y gracias a su talento y su pasión, Lizarazo pasó a reemplazar locutores y terminó ocupando un lugar fundamental en la historia de la radio musical colombiana.
En 1964, Lizarazo asumió la dirección de Radio 15, una emisora de Caracol que había iniciado transmisiones en Bogotá el año anterior bajo la orientación de Carlos Pinzón.
Radio 15 rompió con buena parte de las costumbres de la radio del momento. No se apoyaba en radionovelas, radioperiódicos, transmisiones deportivas ni programas para adultos. Su propuesta era mucho más directa: música moderna para los jóvenes.
Su propio nombre indicaba claramente a quién quería dirigirse: era la radio para los quinceañeros.
En Radio 15 sonaban el rock and roll, la Nueva Ola, los conjuntos británicos y las canciones que comenzaban a transformar los gustos de los adolescentes. Allí pudieron escucharse las grabaciones de The Beatles, The Rolling Stones, Elvis Presley, Chubby Checker, The Animals y muchos de los artistas que estaban modificando la cultura juvenil en el mundo.
También se escuchaban los artistas mexicanos, español y argentinos que comenzaban a emular a esas grandes estrellas del Pop, cantantes como Enrique Guzmán, Alberto Vásquez, César Costa, Palito Ortega, Leo Dan, Sandro, Johnny Tedesco, Nicky Jones, Karina, Los Bravos, Los Brincos y tantos otros que formaban parte de la llamada ‘Nueva Ola’.
Pero el aporte más importante de Lizarazo fue entender que una emisora juvenil colombiana no podía limitarse a reproducir discos extranjeros. También tenía que encontrar, respaldar y promocionar a los jóvenes que estaban tratando de hacer esa música en el país.
Radio 15 puede considerarse como la emisora pionera absolutamente juvenil. Lizarazo realizaba allí un programa diario, informal, dedicado a presentar los discos de moda. Además de programar canciones, organizó alrededor de la emisora un semillero de cantantes y conjuntos jóvenes.
Por su programa pasaron, entre otros, Óscar Golden, Harold Orozco, Lyda Zamora, Juan Nicolás Estela, Kenny Pacheco, Los Flippers, Los Ampex, The Speakers, The Young Beats y otros nombres que formarían parte de la primera gran generación del rock y el pop colombiano.
La diferencia frente a otros disc-jockeys de la época era que Lizarazo no esperaba a que las compañías discográficas le entregaran un éxito terminado. Se involucraba en el proceso. Escuchaba a los artistas, los presentaba al público, facilitaba sus actuaciones y trataba de convertirlos en figuras reconocibles para la audiencia.
“El Show de los Frenéticos”
Uno de sus programas más recordados fue “El Show de los Frenéticos”. Se emitía los sábados por la tarde a través de la cadena básica de Caracol y permitía que el elenco juvenil de Radio 15 dejara de ser un fenómeno exclusivamente bogotano.
El programa combinaba discos, presentaciones de cantantes y actuaciones de los conjuntos que acompañaban a los solistas. Allí aparecían Óscar Golden, Harold y otros integrantes del grupo de artistas reunido alrededor de Lizarazo.
De hecho, recuerdo haber acompañado a mis hermanos cuando invitaban a Los Yetis a entrevistas y a tocar en el radioteatro de La Voz de Antioquia, cuando Caracol tenía su sede en la calle Maracaibo con El Palo, en pleno centro de Medellín.
Ese detalle permite entender la dimensión del programa. No era únicamente un espacio para anunciar canciones. Funcionaba como una especie de espectáculo juvenil permanente, con artistas, músicos, seguidores y presentaciones en vivo.
Cuando las emisoras Radio 15 comenzaron a operar en otras ciudades, algunos de los programas producidos por Lizarazo en Bogotá fueron transmitidos por la red. En Medellín, por ejemplo, la emisora local se encadenaba con Bogotá para emitir sus espacios nacionales.
En una época en la que no existían las cadenas musicales de televisión, internet ni las redes sociales, esos programas permitieron que un cantante presentado en Bogotá pudiera ser conocido poco después en Medellín, Cali, Bucaramanga, Barranquilla y otras regiones del país.
De la radio al disco
El trabajo de Lizarazo fue todavía más lejos. Junto con el disc-jockey Jaime Arturo Guerra Madrigal creó Estudio 15, un proyecto discográfico destinado a grabar a los artistas que promovían en sus programas.
La idea surgió ante la falta de apoyo que recibían muchos músicos colombianos por parte de las compañías disqueras. Estas preferían promover las grabaciones que llegaban de México, Argentina, Brasil, Estados Unidos o Europa, pues dudaban de que pudiera consolidarse una Nueva Ola propiamente colombiana.
Estudio 15 puede considerarse uno de los primeros sellos dedicados específicamente al rock y al pop juvenil nacional. Su catálogo incluyó grabaciones de Los Flippers, Los Ampex, Óscar Golden, Harold, Kenny Pacheco, Lyda Zamora, Pablus Gallinazo y otros artistas.
De hecho, el dúo Norman & Darío grabó una canción dedicada al hijo recién nacido de Alfonso Lizarazo. Se inspiraron en un tema original de Pablus Gallinazo que le había compuesto a su propio hijo, «Eneas Gallinazo». Norman & Darío le cambiaron el nombre a la canción y la llamaron “Alfonso Valentino”.
Radio Nacional calcula que el sello Estudio 15 produjo por lo menos 29 títulos en discos de diferentes formatos.
Lizarazo y Guerra Madrigal comprendieron algo que hoy se denominaría una estrategia multiplataforma. Los artistas eran presentados en Radio 15, grababan sus canciones, aparecían en televisión, ofrecían conciertos y participaban en giras promocionales. La radio no era solamente el lugar donde sonaba el disco. Era el centro desde el cual se construía toda la carrera del artista.
De la radio a la televisión
La extensión televisiva de esa experiencia fue “Juventud Moderna”, programa que se convirtió en una de las principales vitrinas para los artistas de la Nueva Ola. Lizarazo llevaba a su espacio, cada semana, a su nómina de artistas, en vivo, frente al público, y eso contribuyó a crear esa primera línea de estrellas de la música.
Y no es que antes no hubieran existido grandes talentos en Colombia. Lo que pasa es que no habían tenido ese manejo promocional multiplataforma y de mercadeo, algo en lo que Lizarazo fue un verdadero pionero.

(Foto: Edgar Serrano Gómez)
Pero no estaba solo. Por esa época también existía “El Club del Clan”, un programa de televisión que copiaba al espacio argentino del mismo nombre y que se convirtió en otro semillero de artistas juveniles.
“El Club del Clan” colombiano funcionó aproximadamente entre 1966 y 1969 y fue una adaptación del formato argentino. Reunía a jóvenes cantantes bajo una marca común y les asignaba una imagen reconocible para el público. Allí aparecieron Claudia de Colombia, Vicky, Billy Pontoni, Maryluz, Rodolfo y otros intérpretes.
Impulsado por Guillermo Hinestroza Isaza y Luis Betancur Tolosa, “El Club del Clan” convivió y terminó complementándose junto a “Juventud Moderna” de Lizarazo.
“Juventud Moderna” era una vitrina abierta para los nuevos artistas. “El Club del Clan” reunía un elenco estable que se convirtió en ídolo de miles de jóvenes. Entre los dos ayudaron a construir la primera gran generación de figuras juveniles colombianas.
¿Qué pasó con este movimiento de La Nueva Ola?
En los años 60 sucedieron muchas cosas. El mundo cambió. Llegaron la sicodelia, el hippismo, la canción de protesta y nuevas formas de hacer rock. Los grupos comenzaron a desintegrarse, muchos artistas emprendieron carreras individuales y las disqueras prefirieron apostar por solistas antes que por conjuntos.
La juventud dejó de ser un solo público para convertirse en muchos públicos diferentes.
Con el tiempo desaparecieron Radio 15, Juventud Moderna y Estudio 15, pero no su legado, porque luego Alfonso Lizarazo encontró otro escenario donde aplicar el mismo talento que había demostrado en la radio: “Sábados Felices”.
El verdadero legado radial de Lizarazo
Reducir la carrera de Alfonso Lizarazo a “Sábados Felices” sería dejar por fuera un capítulo fundamental de la historia de los medios colombianos.
Su aporte a la radio consistió en ayudar a reconocer a los jóvenes como una audiencia con gustos, lenguaje, artistas e identidad propios.
Radio 15 no era simplemente una emisora que pasaba música juvenil. Era un lugar de encuentro para una generación que comenzaba a diferenciarse de sus padres en la manera de vestirse, bailar, hablar y relacionarse con la música.
Lizarazo actuó como disc-jockey, director, promotor, productor y descubridor de talentos. Entendió que una emisora podía crear sus propias estrellas, en lugar de limitarse a esperar las que llegaban respaldadas por las grandes compañías.
También comprendió que la radio debía salir del estudio. La llevó a los teatros, los coliseos, la televisión, las giras y las compañías discográficas. Convirtió la programación juvenil en un movimiento cultural.
Y algo que muchos no se han detenido a pensar: años después aplicaría un principio parecido en “Sábados Felices”. Allí volvió a buscar talentos desconocidos, les abrió un espacio, creó personajes y transformó a humoristas aficionados en figuras nacionales.
Antes de descubrir humoristas, Alfonso Lizarazo ya había descubierto cantantes. Antes de construir el elenco de “Sábados Felices”, había formado el elenco de Radio 15. Y antes de convertirse en uno de los grandes nombres de la televisión colombiana, había contribuido a inventar la radio juvenil del país.
Conclusión
Cuando pienso en Alfonso Lizarazo no recuerdo únicamente al hombre del corbatín presentando humoristas los sábados por la noche.
Prefiero recordar al joven disc-jockey que visitó mi casa y les abrió la puerta a decenas de muchachos cuando nadie creía que en Colombia pudiera existir una verdadera música juvenil.
Y, en lo personal, también recordaré algo más. Sin saberlo, fue uno de mis primeros maestros de radio.
Muchas veces he dicho que uno termina pareciéndose a las voces que escuchó cuando era niño.
Tal vez por eso, después de más de cincuenta años frente a un micrófono, todavía encuentro en mi manera de hacer radio algo de aquel joven locutor que un día decidió hablarles a los muchachos como nadie lo había hecho antes.
Gracias, Alfonso. La radio colombiana no sería la misma sin usted. Paz en su tumba.

Tito López hace radio desde 1975 y ha creado formatos radiofónicos exitosos en Colombia, España, Portugal, Chile, Panamá y Costa Rica.
Es coach de talentos, intérprete de investigaciones de audiencia, productor, blogger, libretista y conductor de programas de radio.
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