¿Quién fue el primer locutor de radio?

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El primer locutor de radio de la historia.

El 27 de julio se celebra el Día del Locutor Hispanoamericano, una fecha acordada por unanimidad ante una propuesta de Cuba durante el Primer Encuentro Iberoamericano de Locución, en Varadero, Cuba.

Esa fecha coincide con el día en que se celebró el Primer Congreso Interamericano de Locutores en México (1952) y el día en que se creó la Cámara de Locutores Profesionales de Guatemala (1984). El 27 de julio de 2010 se celebró por primera vez.

Pero a pesar de que se pretende unificar esta celebración en nuestro continente, la verdad es que cada país celebra el Día del Locutor en una fecha diferente.

En Argentina se celebra el 3 de julio. En Chile, el 14 de abril. En Ecuador, la celebración se instauró desde el 16 de junio de 1992. En Honduras se celebra el 1 de diciembre y en Guatemala el 7 de ese mismo mes.

México lo celebra el 14 de septiembre. Paraguay el 9 de junio y Perú el 8 de diciembre. República Dominicana el 18 de abril y Venezuela lo celebra el 11 de diciembre, para reconocer a Renny Ottolina como uno de los mejores locutores en Venezuela y en diversas partes del mundo.

Colombia y Costa Rica celebran a los locutores el 24 de marzo, una fecha que recuerda que, según la tradición cristiana, fue cuando el arcángel San Gabriel anunció a La Virgen María el nacimiento de Jesús, es decir, 9 meses antes de la celebración de la navidad.

En pocas palabras, en estos dos países se sugiere que ese arcángel fue el primer locutor por haber sido el encargado de la ‘anunciación’.

Quién fue el primer locutor de radio

Si dejamos de lado el tema religioso, siempre será importante saber quién fue el primer locutor de la historia. Y ese honor, según coinciden muchos, lo merece el canadiense Reginald Aubrey Fessenden, quien fue reconocido como el primero en transmitir el sonido de la voz humana de manera inalámbrica.

Varios años antes de su primera transmisión por radio, Reginald Fessenden había perfeccionado un nuevo método para enviar código Morse de manera más efectiva que Guglielmo Marconi.

A Fessenden le corresponde el mérito de haber transmitido con éxito, por primera vez en la historia, el sonido de la voz humana entre dos torres de 15 metros en la isla Cobb, ubicada en el río Potomac, en Washington D.C., el 23 de diciembre de 1900.

Pero la primera transmisión de radio para que fuera captada por el público en general fue realizada en la víspera de Navidad de 1906, cuando compartió por las ondas hertzianas un concierto de navidad a las asombradas tripulaciones de los barcos de la United Fruit Company en el Océano Atlántico y el Mar Caribe.

En este caso, Fessenden envió su señal desde las torres de 122 metros de la cabaña de transmisión en Brant Rock, Massachusetts, en la costa atlántica de Estados Unidos.

Fessenden con sus colaboradores en Brant Rock.
(Foto: cortesía de Faculty of Science at McGill University)

Este programa comenzó a las 9 en punto haciendo el llamado ‘CQ, CQ, CQ‘, que en lenguaje Morse significa “llamada general a todas las estaciones dentro del rango de alcance”.

Luego, por el micrófono, el propio Reginald pronunció un breve discurso sobre el programa que iba a presentar. Después, uno de los operadores encendió el fonógrafo Edison que tenían en ese estudio y comenzó a escucharse una voz solista cantando el ‘Largo’ de Handel.

Y en esa primera transmisión ocurrió otro evento importante: se dio el primer caso de «miedo al micrófono» cuando el Sr. Stein, uno de los asistentes, no fue capaz de hablar porque le dio vergüenza ser escuchado.

Al ver que Stein se quedó paralizado del susto, Fessenden agarró su violín y comenzó a interpretar, sin mucho virtuosismo, la canción “Noche de paz”.

Su esposa Helen y su secretaria, la señorita Bent, iban a recitar la frase bíblica que dice «Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad«, pero, al igual que el Sr. Stein, las dos mujeres también sufrieron pánico escénico y no fueron capaces de hablar por el micrófono.

Al concluir el programa, Fessenden deseó a sus oyentes una feliz navidad.

El éxito de esta primera transmisión fue verificado por los operadores, no solo de los barcos de la United Fruit Company, sino también de los barcos de todo el Atlántico sur y norte, asombrados por la magia y el milagro de esta primera transmisión de radio inalámbrica.

Pero, ¿quién fue Reginald Aubrey Fessenden?

El canadiense fue un destacado científico, inventor e ingeniero. Nacido en Knowlton, Quebec, Reginald Fessenden fue un inventor empedernido. Trabajó con innovadores tan distinguidos como Thomas Edison (quien lo apodaba ‘Fezzie’) y George Westinghouse, inventor del freno de aire del ferrocarril y del sistema eléctrico de corriente alterna.

La gran inspiración de Fessenden fue Alexander Graham Bell. Cuando solo tenía 10 años, vio a Bell hacer su demostración del teléfono en su laboratorio en Brantford, Ontario y luego hacer la primera llamada telefónica de larga distancia en la historia, desde París a Brantford.

Cuando todavía era un veinteañero, por pura perseverancia combinada con una aguda visión de la transmisión de la corriente eléctrica, Fessenden se convirtió en el asistente de Edison en su planta principal en Nueva Jersey, en ese momento considerado como el mejor laboratorio experimental del mundo.

Fessender, en uno de los laboratorios de Edison haciendo sus transmisiones.
(Foto: cortesía Washington Post)

Ascendió hasta convertirse en el químico jefe de Edison Electrical Co. en 1890. Poco después, Westinghouse se robó a Fessenden de Edison ofreciéndole un puesto de alto nivel en la Westinghouse Electric Corporation.

Fessenden enseñó ingeniería eléctrica en la Universidad de Purdue, donde pudo realizar experimentos acerca del desarrollo de la vibración del sonido y la transmisión inalámbrica del sonido.

Dejó Purdue para dedicar todo su tiempo y energías al desarrollo de sus inventos y se instaló en Pittsburgh por invitación de George Westinghouse.

Fue nombrado presidente del departamento de ingeniería eléctrica de la Universidad de Pittsburgh donde desarrolló y patentó varios inventos, incluida la microfotografía. Su sistema telegráfico mejorado llamó la atención de la Oficina Meteorológica de los Estados Unidos, que se convertiría en su próximo empleador.

El jefe de la oficina y los funcionarios se sorprendieron cuando Fessenden transmitió su señal inalámbrica en código Morse, usando puntos y rayas, desde Cobb Island, Maryland, a una distancia de cincuenta millas.

Pero fue la transmisión del habla, no la telegráfica de puntos y rayas, lo que impulsó a Fessenden a tratar de lograr algo que nadie había hecho hasta entonces: Fessenden consiguió la primera transmisión inalámbrica de la voz humana, a pesar de que fue a una distancia corta, de solo una milla.

En la isla de Cobb, el 23 de diciembre de 1900, y por primera vez en la historia, se transmitió por las ondas electromagnéticas un mensaje de voz que se podía escuchar claramente.

Por lo tanto, el honor de dar el primer paso en el desarrollo de lo que ahora conocemos como «radio» pertenece merecidamente a Reginald Fessenden.

Convencidos de la capacidad técnica del inventor, dos millonarios de Pittsburgh acordaron formar y financiar una empresa, la National Electric Signaling Company, empleando a Fessenden con la condición de que pusiera sus inventos a nombre de la empresa.

Se construyeron dos estaciones inalámbricas en Brant Rock, Massachusetts, con torres de antena de 122 metros de altura y equipos de última generación. Como resultado de su excelente desempeño, se construyeron tres estaciones más en Nueva York, Filadelfia y Washington.

Estas instalaciones de Fessenden fueron las primeras en enviar mensajes inalámbricos en clave Morse por tierra y mar, estableciendo un récord de 6.000 millas hasta Alejandría, Egipto.

Para Fessenden, 1906 fue un año triunfal en el que logró la primera transmisión de radio transatlántica bidireccional del mundo desde Brant Rock.

Algunos hitos posteriores incluyen la invención de un propulsor turboeléctrico para acorazados y muchos otros dispositivos de sonido submarino.

Uno de ellos le mereció la Medalla de Oro de Scientific American en 1929. Se trata del fonómetro, que podía determinar la profundidad del agua debajo del casco de un barco.

También inventó el primer sonar operativo. Se trataba de un oscilador eléctrico emisor de sonidos a baja frecuencia (500 kHz) y de un receptor para captar el eco.

El sonar de Fessenden.
(Foto: cortesía del Museo Virtual de la Universidad Autónoma de Madrid)

En 1914, el sonar recibía una patente norteamericana y era probado en la bahía de Boston y por un guardacostas de la US Navy en aguas canadienses, pudiendo detectar icebergs por debajo del agua a una distancia de 3,2 km, aunque sin establecer su dirección con exactitud.

Durante la 1ª Guerra Mundial (1914-1918), ofreció su inventó al gobierno británico, que lo adaptó para localizar artillería y submarinos, siendo incorporado en diez sumergibles de la clase H construidos en Montreal en 1915.

Ese año, inventaba otra aplicación del sonar: la sonda náutica, un instrumento para conocer la distancia vertical entre el fondo marino y una parte del casco de la embarcación.

A lo largo de su vida, Fessenden obtuvo más de 500 patentes en los EE.UU., entre las que también se encuentran objetos tan diversos como bombillas eléctricas (1891), un aparato de rayos X (1900), un limpiador de armas de fuego (1909), sistemas de mejora agrícola empleando energía solar o eléctrica (1914 y 1918), un método de producir combustible con materiales pulverulentos (1916), un infusor de té (1926), una máquina para estacionar carros (1932), un cepillo dental rotatorio (1933), una báscula eléctrica para aviones (1935) y un sistema de televisión (1936).

También registró en España entre 1904 y 1914 cinco patentes, entre ellas una muy avanzada para su tiempo, concerniente a una estación generadora de energía por medio de la luz solar. También inventó la cinta aislante, que tanto usamos en nuestro trabajo.

Finalmente, tuvo más de 500 patentes, lo que refleja su prodigioso talento para la innovación.

Reginald Aubrey Fessenden, un gran canadiense que le dio tanto al mundo, y que se convirtió en el primer locutor de radio de la historia, murió en las islas Bermudas el 22 de julio de 1932.

La tumba de Fessenden
(Foto: cortesía de Paul Cassel)

En la lápida de piedra ubicada en la parte superior de las columnas estriadas de su tumba están inscritas estas palabras:

«Por su genio, tierras lejanas conversan y los hombres navegan sin miedo sobre las profundidades«.
(Foto: cortesía de Paul Cassel)

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