¿De qué hablar en Radio?

¿De qué hablar en Radio para lograr más participación? En este artículo comparto 10 temas de conversación que pueden generar llamadas, mensajes, notas de voz e interacción con los oyentes. Ideas prácticas para locutores, conductores, productores y Morning Shows, con ejemplos sobre dinero, relaciones, inteligencia artificial, trabajo, nostalgia, comida y vida cotidiana. Y algo clave: cómo formular mejor las preguntas para conseguir buenas historias al aire.

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Hay momentos en los que la mente no fluye, no se le ocurren otros temas, ¡pero aquí está la ayuda que necesita!

Este artículo también lo puede apreciar en YouTube. Solo hay que dar clic en este enlace:

Uno de los retos más grandes de quienes hacen programas de Radio, especialmente los Morning Shows y otros espacios de entretenimiento, es encontrar todos los días temas interesantes de conversación. Y no me refiero simplemente a tener algo que contar. Noticias hay de sobra. El problema es encontrar asuntos que hagan que el oyente quiera meterse en la conversación, mandar un mensaje, enviar una nota de voz, llamar o dejar un comentario en alguna de las redes de la emisora.

Recordemos que una cosa es presentar un tema interesante y otra muy diferente lograr que la gente sienta que tiene algo que decir al respecto. Usted puede hablar durante diez minutos de una noticia internacional importantísima y no recibir una sola reacción. En cambio, puede preguntar si está bien guardar un puesto de parqueadero mientras llega otra persona en el carro y descubrir que acaba de dividir a la audiencia en dos bandos.

Y es que, generalmente, la gente participa cuando el tema le resulta cercano, cuando le recuerda algo que le pasó, cuando tiene una historia que contar o cuando escucha una opinión con la que está completamente de acuerdo o, mejor todavía, completamente en desacuerdo.

Hoy tampoco tenemos que pensar únicamente en hacer sonar los teléfonos. La conversación puede llegar por WhatsApp, notas de voz, mensajes de texto, redes sociales, encuestas, comentarios en YouTube o cualquiera de las plataformas que utilice la emisora. Lo importante es encontrar buenos disparadores.

¿Y de qué se puede hablar hoy? Aquí van algunas ideas.

  1. Las pequeñas situaciones de la vida diaria

Hay temas aparentemente insignificantes que tienen una sorprendente capacidad para generar discusión. Probablemente porque todos los hemos vivido y porque, además, casi nadie considera que su posición sea equivocada.

Pregunte, por ejemplo, si una persona tiene derecho a reclinar completamente el asiento en un avión. Seguramente alguien dirá que si el asiento se reclina y pagó por él, puede usarlo como quiera. Inmediatamente aparecerá otro oyente a decir que eso es una falta de consideración con quien viaja atrás, especialmente si es alto y lleva las rodillas pegadas al respaldo.

También podría preguntar si uno tiene la obligación de devolver el carrito del supermercado al sitio donde lo recogió. Hay personas que consideran que dejarlo abandonado en el parqueadero es una muestra de mala educación, mientras otras dirán que precisamente hay empleados encargados de recogerlos.

No son grandes asuntos nacionales ni debates filosóficos. Son cosas que suceden todos los días, y justamente por eso funcionan.

Algunas posibilidades:

  • ¿Está bien guardar un puesto de parqueadero mientras llega el carro?
  • ¿Cuánto puede llegar tarde alguien antes de que usted decida irse?
  • ¿Hay que quitarse los zapatos al entrar a la casa de otra persona?
  • ¿Es de mala educación ver videos con sonido en un lugar público?
  • ¿Está bien llegar a una fiesta con alguien que no fue invitado?
  • ¿Se debe dejar pasar en una fila a quien lleva una sola cosa?

Lo divertido de estas preguntas es que muchas veces los mismos integrantes del programa terminan tomando posiciones diferentes, y eso ayuda a que los oyentes escojan bando.

  1. Dinero

El dinero siempre ha sido un buen tema de conversación porque todos tenemos que ganarlo, administrarlo, gastarlo, ahorrarlo y, en algunos casos, perderlo.

Sin embargo, no es necesario convertir el programa en una clase de economía. En lugar de preguntarle a la gente qué piensa de la inflación, algo que posiblemente produzca respuestas bastante predecibles, podría preguntarle qué producto dejó de comprar porque considera que se volvió demasiado caro.

Ese podría ser un ángulo que genere más conversación. Alguien dirá que ya no compra cierta marca, otro que dejó de ir a determinado restaurante, alguien hablará del precio de las entradas a los conciertos y seguramente aparecerá quien descubrió que estaba pagando varias plataformas de streaming que casi nunca utilizaba.

También puede preguntar si alguna vez prestaron dinero a un amigo o a un familiar y nunca se lo devolvieron. Y probablemente la historia termine siendo más interesante por lo que sucedió después entre esas dos personas que por la cantidad prestada.

Otros ejemplos:

  • ¿Cuál ha sido la compra de la que más se arrepiente?
  • ¿Qué cosa le parece absurdamente cara hoy?
  • ¿Qué suscripción paga y casi nunca utiliza?
  • ¿Cuál ha sido su peor negocio?
  • ¿Qué lujo pequeño no está dispuesto a abandonar?
  • ¿Le prestaría nuevamente dinero a alguien que ya le quedó mal?
  • ¿Cuál es la mayor cantidad de dinero que ha encontrado y qué hizo con ella?

Con el dinero casi siempre terminamos hablando de muchas otras cosas: familia, amistad, trabajo, pareja, generosidad, tacañería, orgullo o simplemente malas decisiones.

  1. Relaciones

Parejas, familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, suegros. Cuando hay dos seres humanos tratando de convivir siempre existe la posibilidad de que ocurra algo interesante.

Las relaciones siguen siendo una fuente casi inagotable de temas, solo que algunas de las situaciones han cambiado. Hace unos años, por ejemplo, difícilmente alguien habría discutido si una pareja debería conocer la contraseña del celular del otro. Hoy es una pregunta perfectamente válida.

Si la hace al aire probablemente aparecerán dos posiciones muy claras. Para algunos, si uno no tiene nada que esconder no debería existir ningún problema en compartir la contraseña. Otros dirán que tener pareja no significa renunciar al derecho a la privacidad.

También podría preguntar si coquetear por redes con otra persona, aunque nunca exista un encuentro físico, puede considerarse una infidelidad. O si está bien seguir hablando frecuentemente con una expareja. O cuánto tiempo se puede dejar a alguien “en visto” antes de que eso se convierta en una grosería.

Hay muchas posibilidades:

  • ¿Está bien revisar el teléfono de la pareja?
  • ¿Hay que borrar las fotos de una expareja en redes?
  • ¿Compartiría permanentemente su ubicación con su pareja?
  • ¿Se puede terminar una relación por WhatsApp?
  • ¿Seguiría siendo amigo de su ex?
  • ¿Está bien publicar fotos de la pareja sin preguntarle?
  • ¿Qué información de una relación debe seguir siendo privada?

Y, claro, no todo tiene que girar alrededor de las parejas. Los problemas con los hijos, padres, hermanos, amigos o vecinos también pueden producir excelentes historias.

  1. Inteligencia artificial y tecnología

La inteligencia artificial está entrando rápidamente en nuestra vida diaria. Ya no es un asunto reservado para técnicos o especialistas. La gente la usa para trabajar, estudiar, escribir, traducir, crear imágenes, organizar viajes, resolver dudas e incluso pedir consejos personales.

Sin embargo, preguntar simplemente “¿qué piensa de la inteligencia artificial?” posiblemente resulte demasiado amplio. Es mejor llevar el asunto a situaciones concretas.

Por ejemplo, podría preguntar qué tarea que antes hacía personalmente ahora le entrega a ChatGPT o a alguna otra herramienta de inteligencia artificial. O si le molestaría descubrir que la voz de un comercial que escucha todos los días no pertenece a una persona real.

También se puede jugar con situaciones hipotéticas. ¿Dejaría que una inteligencia artificial redactara un mensaje romántico para su pareja? ¿Le permitiría contestar sus mensajes de WhatsApp? ¿Confiaría en ella para escoger la música de su matrimonio?

Otros temas:

  • ¿Le parece correcto que los estudiantes utilicen inteligencia artificial para hacer tareas?
  • ¿Todavía cree que una fotografía es verdadera apenas la ve en internet?
  • ¿Usaría una copia digital de su propia voz?
  • ¿Qué trabajo nunca debería quedar en manos de una máquina?
  • ¿Ha caído alguna vez en un engaño por internet?
  • ¿Qué tarea tecnológica preferiría seguir haciendo personalmente?

El secreto está en no convertir la conversación en una discusión técnica. Hable de la forma como esas herramientas están cambiando cosas que la gente hace todos los días.

  1. Trabajo

Quien haya trabajado alguna vez seguramente tiene una historia sobre un mal jefe, un compañero insoportable, una equivocación que todavía recuerda o alguna excusa que inventó para no ir a trabajar.

Pregunte cuál ha sido el peor jefe que han tenido sus oyentes y probablemente comenzarán a llegar historias sin que tenga que explicar mucho más.

Otra posibilidad es preguntar si alguna vez fingieron estar enfermos para no ir a trabajar. Ahí seguramente aparecerán desde excusas perfectamente elaboradas hasta historias de personas que dijeron estar incapacitadas y luego cometieron el error de publicar fotografías en alguna fiesta.

El mundo laboral también ha cambiado y hoy aparecen nuevas situaciones:

  • ¿Hasta qué hora puede escribirle un jefe por WhatsApp?
  • ¿Preferiría ganar menos dinero a cambio de trabajar desde casa?
  • ¿Cuál es la costumbre más molesta de un compañero de trabajo?
  • ¿Alguna vez envió un mensaje hablando mal de alguien precisamente a esa persona?
  • ¿Cuál ha sido su peor metida de pata laboral?
  • ¿Volvería a trabajar para una empresa que lo despidió?
  • ¿Qué trabajo hizo alguna vez y nunca volvería a aceptar?

En este tema también resultan interesantes las diferencias entre generaciones, porque no todos entienden de la misma manera conceptos como horario, presencialidad, disponibilidad o equilibrio entre trabajo y vida personal.

  1. Las diferencias entre generaciones

Este puede ser un buen tema siempre y cuando se maneje con humor y no se convierta en el clásico discurso de que los jóvenes de hoy son insoportables o que las personas mayores no entienden nada.

Hay diferencias reales y algunas pueden resultar muy divertidas. Por ejemplo, mucha gente joven prácticamente no contesta llamadas telefónicas. Prefiere recibir primero un mensaje y luego decidir si vale la pena hablar. Para alguien que creció usando el teléfono precisamente para hablar, eso puede resultar difícil de entender.

También puede preguntar si una nota de voz de cinco minutos es aceptable. Seguramente encontrará oyentes que las consideran prácticas y otros que creen que, si alguien tiene tanto que contar, mejor llame.

Otros ejemplos:

  • ¿A qué edad debería tener un niño su primer celular?
  • ¿Todavía vale la pena llevar dinero en efectivo?
  • ¿Es necesario grabar medio concierto con el teléfono?
  • ¿Qué palabra usan los jóvenes que usted no entiende?
  • ¿Qué costumbre de sus padres juró que nunca repetiría y terminó haciendo?
  • ¿Qué cosa sabía hacer todo el mundo hace 30 años y hoy casi nadie sabe?
  • ¿Qué hacen los jóvenes de hoy mejor que las generaciones anteriores?

Si en el programa participan personas de edades diferentes, aproveche esas diferencias. Muchas veces el contenido puede salir de la misma conversación entre los integrantes del show.

  1. Nostalgia

La nostalgia funciona especialmente bien en emisoras dirigidas a públicos adultos porque la música, los programas de televisión, los juguetes, los automóviles, las comidas, las marcas y hasta ciertos sonidos pueden devolvernos inmediatamente a otra época.

Pero hay que procurar ir más allá de decir “¿se acuerda de esto?”. Incluso preguntar algo como “¿se acuerda del Walkman?” probablemente obtenga respuestas afirmativas y poco más, pero si usted mejor pregunta cuál fue el primer aparato que compró con su propio dinero puede producir una historia completa.

Lo mismo sucede si pregunta cuál fue el primer disco, casete o CD que compraron. Ahí pueden aparecer recuerdos de la tienda, el precio, la edad que tenían, quién les recomendó ese álbum y qué pasó con él después.

También se puede preguntar:

  • ¿Cuál fue el primer concierto al que asistió?
  • ¿Qué producto de su infancia quisiera que regresara?
  • ¿Qué programa de televisión nunca se perdía?
  • ¿Qué había en su casa cuando era niño que hoy prácticamente desapareció?
  • ¿Qué hacía mientras esperaba a alguien antes de que existiera el celular?
  • ¿Qué canción lo transporta inmediatamente a otra época?
  • ¿Cuál era su golosina favorita cuando era pequeño?

Además, en una emisora musical estos temas ofrecen una ventaja evidente: la conversación puede terminar naturalmente en una canción.

  1. Su ciudad y su entorno

Una emisora local debería aprovechar algo que difícilmente pueden ofrecer Spotify, YouTube, TikTok o cualquier otra plataforma global: conocer realmente la vida cotidiana del lugar donde viven sus oyentes.

No estoy hablando solamente de noticias locales. Hablo de esa calle que todos detestan, el restaurante que todo el mundo conoce, aquel negocio que desapareció y todavía hace falta, el lugar donde supuestamente venden la mejor hamburguesa o el parqueadero en el que nadie quiere entrar.

Pregunte cuál es el cruce más desesperante de la ciudad y verá cómo empiezan a llegar opciones. O pregunte qué restaurante tiene una fama que sus oyentes consideran inmerecida.

También puede hablar de:

  • El negocio desaparecido que todavía hace falta.
  • El lugar donde venden el mejor desayuno.
  • El sitio que todos los turistas visitan, pero los habitantes locales evitan.
  • El peor parqueadero de la ciudad.
  • El sector que más ha cambiado.
  • Una costumbre local que alguien de afuera probablemente no entendería.
  • Un lugar que merece ser mucho más conocido.

Este tipo de temas, además de generar participación, ayudan a que la emisora suene realmente conectada con su comunidad.

  1. Comida

Hablar de comida difícilmente pasa de moda. Todo el mundo come y casi todos tenemos algún plato favorito, algo que no soportamos, una receta familiar o una forma particular de preparar ciertos alimentos.

Una discusión tan sencilla como preguntar si la pizza debería llevar piña puede generar fácilmente una batalla amistosa. También puede preguntar qué combinación extraña de alimentos les encanta a sus oyentes, pero causa rechazo entre quienes los rodean.

Y si busca historias, hay muchas posibilidades:

  • ¿Cuál es la comida más extraña que ha probado?
  • ¿Qué plato cocina mejor que nadie?
  • ¿Cuál alimento odiaba de niño y ahora le encanta?
  • ¿Qué restaurante le parece sobrevalorado?
  • ¿Qué comida nunca debería faltar en su casa?
  • ¿Cuál ha sido su peor desastre cocinando?
  • ¿Qué plato solamente le queda bien a su mamá, su papá o su abuela?

Cada país y cada ciudad tienen, además, sus propias discusiones gastronómicas. Aprovecharlas ayuda a que la conversación sea todavía más cercana.

  1. Ponga a sus oyentes a resolver problemas

Otra fórmula que puede funcionar muy bien consiste en presentar un problema concreto y pedirles a los oyentes que digan qué harían.

Supongamos que alguien plantea lo siguiente: “Mi hijo tiene 27 años, regresó a vivir conmigo y no aporta nada para los gastos de la casa. ¿Debería cobrarle arriendo?”.

Ahí ya tiene una conversación.

O imagine este caso: “Un amigo me debe dinero desde hace dos años y acaba de publicar fotografías de sus vacaciones. ¿Le cobro?”.

También puede ser algo relacionado con vecinos: “El vecino pone música a todo volumen todos los domingos. ¿Hablo directamente con él o llamo a la administración?”.

La ventaja de este formato es que el oyente no tiene que inventarse nada. Usted ya le entregó una situación concreta y simplemente le está pidiendo que tome una decisión.

Incluso podría convertirse en una sección habitual del programa. Se plantea un caso, los integrantes del show toman posiciones diferentes y luego se deja que los oyentes decidan quién tiene la razón.

La forma de preguntar también importa

No basta con tener un buen tema. También hay que saber cómo presentarlo. Preguntar “¿qué piensa de la economía?” probablemente no va a generar demasiado entusiasmo, pero si usted pregunta “¿qué dejó de comprar porque se volvió demasiado caro?”, inmediatamente está llevando el asunto a la vida real.

Lo mismo sucede con las relaciones. “¿Qué piensa de la infidelidad?” puede ser demasiado general, mientras que preguntar “¿usted considera infidelidad que su pareja coquetee con alguien por redes, aunque nunca se vean personalmente?” obliga a tomar una posición. Y en lugar de decir simplemente “hablemos de los problemas en el trabajo”, puede preguntar “¿cuál ha sido el peor jefe que ha tenido?”.

Mientras más sencilla, concreta y cercana sea la pregunta, más fácil será para el oyente recordar algo que le haya ocurrido y participar.

También conviene buscar historias y no solamente opiniones. Preguntar si alguien alguna vez se quedó dormido en el trabajo probablemente produzca mejores anécdotas que preguntar si considera que la gente duerme poco. Preguntar cuál fue la peor compra que hizo seguramente resultará más entretenido que preguntar si cree que las personas gastan demasiado.

Las historias son las que terminan produciendo los mejores momentos al aire.

Cuidado con provocar por provocar

Hoy es muy fácil conseguir comentarios si uno quiere hacerlo. Basta tocar algún asunto suficientemente polémico relacionado con política, religión, fútbol, sexo o cualquier tema que divida a la gente. Las redes sociales utilizan esa fórmula permanentemente.

Pero conseguir comentarios no necesariamente significa hacer un buen programa. Si cada mañana el propósito es encontrar un nuevo asunto que enfurezca a los oyentes, seguramente habrá participación, pero también existe el riesgo de terminar produciendo un espacio agotador, predecible y lleno de peleas.

Claro, hay programas cuyo formato se basa precisamente en la confrontación y les funciona. Pero en un programa de entretenimiento probablemente resulte más interesante conseguir que los oyentes se rían, recuerden algo, cuenten una buena historia o descubran que otra persona hace exactamente la misma cosa extraña que ellos.

Conclusión

No hay que complicarse demasiado buscando temas para conversar con los oyentes. La mayoría están ahí, frente a nosotros: en el trabajo, en la casa, en el tráfico, en el supermercado, en el teléfono, en las relaciones, en las cuentas que tenemos que pagar, en las cosas que nos molestan y en aquellas que nos hacen reír.

El reto está en observar esas situaciones y encontrar la manera de convertirlas en una buena pregunta. Y, sobre todo, en saber escuchar las respuestas, porque muchas veces un oyente llama para responder algo muy concreto y termina contando una historia mucho mejor que el tema que uno había preparado.

Ahí es cuando toca dejar el libreto a un lado y aprovecharla. Al fin y al cabo, esa espontaneidad sigue siendo una de las grandes ventajas de la radio.

ACERCA DEL AUTOR
Tito López hace radio desde 1975 y ha creado formatos radiofónicos exitosos en Colombia, España, Portugal, Chile, Panamá y Costa Rica.
Es coach de talentos, intérprete de investigaciones de audiencia, productor, blogger, libretista y conductor de programas de radio.
Lo puede seguir en Facebook como Oscar.Tito.Lopez y en X como oscartitolopez.
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