Para mucha gente, la radio es la mejor compañía mientras se cocina, se maneja o se trabaja, pero para un secuestrado en la selva, cuando le permiten oírla, la radio es otra cosa: se convierte en un reloj, en una noticia, en la sensación de que el país no ha desaparecido.
Por eso, durante años, familias enteras se aferraron a una idea que parece ingenua, pero que resultó ser lo único posible: si mi ser querido alcanza a escuchar una emisora, tal vez oiga mi voz.
Y de ese impulso nació en Colombia “Voces del Secuestro”, el programa del periodista Herbin Hoyos que durante décadas leyó al aire mensajes para personas retenidas por grupos armados, con la esperanza de que, en algún punto de la manigua, una radio encendida los hiciera llegar.
Es importante conocer esto porque ayuda a entender por qué, en Colombia, la radio no fue solo “acompañamiento emocional” durante el secuestro, sino que también fue un canal real de comunicación.
Y ahí aparece una de las historias más increíbles y mejor planeadas sobre lo que puede hacer la radio cuando alguien decide usarla con inteligencia.
El problema
El dilema que enfrentaban las Fuerzas Militares de Colombia ante la guerrilla de las FARC era brutal: cómo rescatar rehenes sin provocar una reacción de los captores.
En este tipo de situaciones, el primer indicio de que se está realizando un operativo puede convertirse en tragedia, así que la pregunta era: ¿cómo avisarle a alguien vigilado, sin teléfono, sin papel, sin nada, que esté atento, que no se rinda, que algo se está tramando… sin delatarlo?
Y la respuesta no vino de una app ni de un satélite. Vino del dial.
Un poco de historia
Para entender la historia, primero hay que volver a dos rescates que marcaron época.
El primero fue la ‘Operación Jaque’, el 2 de julio de 2008. Fue un golpe de inteligencia y engaño. Se creó una ONG ficticia, se pintaron de blanco unos helicópteros y se creó una puesta en escena diseñada para convencer a los guerrilleros de que iban a trasladar a los secuestrados por una supuesta orden superior.
Ya en el aire, los soldados, disfrazados, redujeron a los captores y anunciaron la frase que quedó para la historia: “Somos el Ejército Nacional… están en libertad”.
De esta manera, salieron 15 personas sin disparar una sola bala y el país entero se regocijó en cuestión de minutos.
El segundo fue la “Operación Camaleón”, el 13 y 14 de junio de 2010. Aquí no hubo teatro. Fue una operación militar en todo el sentido de la palabra.
Unos comandos de las Fuerzas Armadas descendieron a varios kilómetros del campamento, avanzaron pegados al suelo, cruzaron un río con extrema lentitud para no ser detectados y atacaron en el momento en que los guardianes se disponían a almorzar.
Rescataron a tres secuestrados el 13 de junio; el cuarto, el coronel William Donato, se perdió en medio del combate, se escondió en la manigua y apareció al día siguiente, 14 de junio. Luego vinieron los traslados, la llegada a la base militar de CATAM en Bogotá y la atención médica.
Y aquí surgió la clave
Quince rescatados en la Operación Jaque más cuatro de la Operación Camaleón suman diecinueve. Y este número dio pie al aspecto más increíble de otro rescate masivo: la canción que liberó a más secuestrados.
En 2010 se fraguó una idea dentro de un plan de comunicaciones psicológicas del Ejército. Se habló de fabricar una canción pop que pudiera ser tocada sin problemas por las emisoras y que escondiera en su melodía un mensaje en código Morse.
Esta operación de inteligencia y comunicación psicológica fue coordinada por el coronel José Espejo y la agencia de publicidad MullenLowe SSP3.
Claro, no debería tener un código Morse obvio, con unos ‘pitos’ fáciles de descubrir, sino camuflado en el arreglo del teclado, mezclado con guitarras y batería para que a cualquier oído normal le sonara como un detalle más del tema. Sus intérpretes: Natalia Gutiérrez y Ángelo, dos artistas no muy conocidos, pero con buenas voces.
Y así se creó “Better Days” (“Mejores días”), una canción que se distribuyó a la radio de Colombia y comenzó a difundirse en diferentes emisoras como un tema optimista, como tantos que suenan y pasan sin que nadie les ponga atención especial.
El mensaje, en Morse, era directo, decía: “19 liberados. Siguen ustedes. Ánimo”.
A continuación, presento dos videos. Primero, el que contiene la canción:
El segundo muestra la parte donde se escucha el código Morse. Para ver y escuchar, dé clic en este enlace: https://www.youtube.com/shorts/z2MyN0zbWGI
Los secuestrados no sabían que algunos de sus compañeros ya habían sido rescatados, pero la información contenida en esta canción les dio la esperanza y la alerta necesaria para estar preparados para posibles intentos de escape o rescate militar.
La intención era que los secuestrados, muchos de ellos policías y militares, pudieran decodificarlo, porque el Morse es parte del entrenamiento de algunos, y porque la guerrilla no necesariamente iba a identificarlo escondido dentro de una canción comercial.
El valioso papel de la radio
En un campamento guerrillero, en medio de la selva y las montañas, una emisora no suena como se puede escuchar en la ciudad. Suena con interferencias, a ratos, con baterías a punto de agotarse.
A veces la oyen captores y secuestrados al mismo tiempo. El secuestrado no puede “reaccionar” cuando descubre algo, porque cualquier gesto raro levanta sospechas.
Y, sin embargo, la operación apostó a algo que la radio conoce perfectamente: repetición y alcance. No se trataba de que la canción sonara una vez, sino que sonara lo suficiente, en los lugares correctos, para que en algún momento cayera en algún radio escuchado por los secuestrados.
La canción fue entregada a más de 130 emisoras, principalmente locales y de zonas selváticas, y fue escuchada por miles de personas durante los dos meses siguientes. Lo importante no era el número de oyentes que tuviera una emisora, sino su cobertura efectiva en el territorio.
No he podido encontrar un listado verificable con nombres y frecuencias de esas emisoras. Se habla del número de emisoras a las que les fue entregado el disco sencillo, pero no hay cifras concretas de cuántas veces sonó ni quiénes la transmitieron.
Y es entendible: divulgar un listado detallado podría exponer a personas o identificar rutas y zonas sensibles.
Qué pasó
Al final, lo que se ha reportado es que varios de los rehenes rescatados mencionaron haber identificado el código y que el mensaje circuló entre ellos. Claro, no es que la canción los haya rescatado por sí sola, pero en condiciones de aislamiento extremo, una confirmación así puede cambiar el estado mental de un grupo, mantenerlos alerta y sostener la idea crucial de que no estaban olvidados.
Artistas y emisoras
¿Qué pasó con quienes pusieron la cara y la voz? La canción “Mejores días” se atribuye a Natalia Gutiérrez y Angelo, dos artistas de bajo perfil, lo que encaja con el objetivo del ejército: que el tema sonara como una canción más, sin llamar la atención de los medios.
Y hasta donde se sabe, no se presentaron amenazas directas a los intérpretes por participar en esta temeraria acción.
Donde sí hay referencias a riesgos y amenazas, pero en otra pieza del engranaje, es en el entorno de quienes trabajaban campañas comunicacionales contra las FARC o contra el narcotráfico.
En reportajes internacionales se ha contado que hubo personas del mundo publicitario vinculadas a campañas previas que recibieron amenazas y tomaron medidas de seguridad.
Eso ayuda a dimensionar el clima de la época, aunque no existen pruebas de amenazas específicas contra los cantantes por esta canción en particular.
¿Y las emisoras? Ocurre algo parecido: en lo que está disponible públicamente, no aparece documentado ningún caso en el que se hable de alguna estación de radio que haya recibido amenazas o que haya sido atacada por participar en el complot.
Como se sabe, la canción se puso a sonar en emisoras locales de zonas donde podía llegar a campamentos y áreas de influencia, y se buscó hacerlo a través de estaciones controladas por el gobierno o, al menos, dentro de un circuito donde el Estado podía asegurar rotación sin levantar sospechas.
Lo más probable es que muchos programadores probablemente no conocían el trasfondo completo. Para un programador, “ponga este sencillo nuevo en rotación” puede llegar como una simple gestión de promoción o una instrucción institucional.
Si el objetivo era que la canción sonara “normal”, a la operación le convenía que sonara como suena cualquier canción, sin un énfasis en particular, sin promoción ni explicaciones.
Conclusión
Aunque la canción no causó un rescate inmediato de todos, fue fundamental para la moral de los cautivos. Varios de los que finalmente recuperaron su libertad confirmaron que escucharon la canción y entendieron perfectamente el mensaje, lo que les impidió rendirse psicológicamente.
La operación de rescate se conoció internamente como “Operación Radio Bemba”. Se estima que el mensaje llegó a unos secuestrados, principalmente miembros de la Policía Nacional y el Ejército de Colombia, que estaban en un grupo específico.
Además de este grupo, la intención era alertar a la mayor cantidad posible de integrantes de las fuerzas armadas del país que estuvieran en esas duras condiciones en la selva profunda del sur de Colombia, en campamentos de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).
Y al final, hay algo importante también para la radio. En el mismo país donde muchos anuncian su “muerte”, hubo un momento en que este medio que algunos consideran arcaico fue el más útil.
Mientras todo lo demás estaba bloqueado -teléfonos, cartas, visitas, internet-, una canción en una frecuencia abierta logró decir lo único que esos secuestrados necesitaban oír para aguantar un día más: “19 liberados. Siguen ustedes. Ánimo”.

Tito López hace radio desde 1975 y ha creado formatos radiofónicos exitosos en Colombia, Portugal, Chile, Panamá y Costa Rica.
Es coach de talentos, intérprete de investigaciones de audiencia, productor, blogger, libretista y conductor de programas de radio.
Lo puede seguir en Facebook como Oscar.Tito.Lopez y en Twitter como oscartitolopez.















