Armida y La Flaka: Los locutores son el eje central de la radio

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El regreso de Armida y La Flaka a la franja vespertina de La Suavecita 107.1 FM, de 2:00 a 6:00 p. m., no es nostalgia, ni casualidad, ni “una apuesta simpática”. Es una reacción lógica y necesaria ante una industria en movimiento.

Bajo la conducción de Andrea Prado, Entravision Radio está leyendo correctamente el tablero. La decisión no gira alrededor de canciones, sino de tiempo de permanencia, conexión emocional y monetización real, tres variables que hoy pesan más que cualquier playlist perfectamente curada.

Prado lo dijo sin rodeos —aunque con diplomacia corporativa—: el regreso del talento viene acompañado de herramientas, respaldo y expectativas altas. Traducido al lenguaje de la industria: el talento vuelve a ser el eje.

Mientras tanto, otros grupos llevan años entendiendo esta lógica; hace tiempo de vender “estaciones” y comenzaron a vender voces, historias y personalidades. Entravision no está copiando el modelo; lo está adaptando a una marca como La Suavecita, históricamente más musical y menos confrontacional.

Ahí está el verdadero riesgo… y también la oportunidad.

La apuesta por Armida y La Flaka reduce la curva de arranque casi a cero: hay reconocimiento previo, memoria emocional en la audiencia y credibilidad. En un mercado como Los Ángeles —implacable con los experimentos lentos—, eso equivale a salir a jugar con ventaja.

Desde el lado del talento, el mensaje también es claro. Armida reconoce que hubo pitch, reunión y decisión ejecutiva. No fue improvisación. Fue contenido pensado, presentado y aprobado. Eso habla de algo poco común hoy en día: alineación real entre la visión corporativa y la propuesta al aire.

Y luego está el tema que casi nadie quiere discutir abiertamente: el dinero.

Los programas hablados venden mejor. Punto. Permiten integraciones, menciones orgánicas, storytelling, presencia multiplataforma y acuerdos de largo plazo. En cambio, el spot tradicional sigue perdiendo brillo frente a anunciantes que quieren conversación, no solo repetición.

Todo esto ocurre en el mercado número dos de Nielsen en Estados Unidos. Aquí no se prueban ideas “a ver qué pasa”. Aquí se validan modelos. Si funciona en Los Ángeles, se replica; si no, se corrige rápido o se retira.

La lectura final es incómoda para algunos, pero inevitable: Entravision no está compitiendo por sonar más bonito. Está compitiendo por ser relevante en un ecosistema donde Spotify no habla, los podcasts no acompañan en vivo y las redes no sostienen cuatro horas diarias de relación.

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