Todos estamos maravillados por el nuevo intento de llevar al hombre a la Luna.
Después de tantos años de no pisar su suelo, parece que próximamente podremos volver a vivir esa realidad, y así lo está demostrando la misión espacial Artemis II, que ya viene de regreso a la Tierra.
Y es interesante saber que cuando la nave Orion desapareció detrás de la Luna este lunes 6 de abril, para muchos millones de personas se trataba simplemente de un detalle más de esa misión, pero para cualquiera que haya trabajado en radio, en telecomunicaciones o en ingeniería de transmisión, ese fue, tal vez, el momento más fascinante de todo el viaje.
Durante unos 40 minutos, la comunicación con la Tierra tenía que cortarse, no porque algo estuviera fallando, sino porque la propia Luna se atravesaba en el camino de la señal. Como sabemos, si no hay línea de vista, no hay contacto radial. Y eso lo sufrimos quienes hacemos radio, especialmente en FM.
Ahora, lo interesante es que esto no es nada nuevo. Este problema no comenzó con Artemis II. En realidad, acompaña a la exploración espacial desde sus primeros días.
El 4 de octubre de 1957, cuando la Unión Soviética se convirtió en el primer país en poner en órbita un satélite -el Sputnik 1-, el planeta entero quedó impresionado con un simple “bip bip” que llegaba desde el cielo.
Sí, porque ese satélite no tenía más utilidad que demostrar que esa hazaña era posible, pero para poder hacerle seguimiento se necesitaba que enviara una señal, y para ello se recurrió a la radio.
Claro, porque una cosa era hacer que algo sonara allá arriba y otra muy distinta era mantener una comunicación útil, estable y medible con ese objeto. Y ese fue el verdadero nacimiento de la carrera espacial entre las 2 grandes potencias de la época, la Unión Soviética y los Estados Unidos.
La respuesta del país norteamericano llegó muy pronto. Solo 3 meses después, el 31 de enero de 1958 fue lanzado el Explorer 1, el primer satélite estadounidense. A diferencia del Sputnik, que sobre todo servía como demostración política y tecnológica, el Explorer 1 llevaba instrumentos científicos reales.
Por ejemplo, y gracias a los datos que transmitió por radio, el científico James Van Allen pudo identificar los cinturones de radiación que rodean la Tierra, hoy conocidos precisamente con su apellido.
Ese satélite funcionaba con transmisores diminutos, de 10 y 60 milivatios, en 108.00 y 108.03 MHz, prácticamente en la misma banda que se usa hoy en día para la radio en FM.
Pero el Explorer 1 dejó otra lección, quizá todavía más importante. No bastaba con que el satélite emitiera, sino que había que hacerle seguimiento, había que recibir sus datos cuando pasara por encima de una región del planeta y volver a encontrarlo cuando reapareciera horas después.
La NASA recuerda que, incluso antes de la creación formal de la agencia, el Jet Propulsion Laboratory había desplegado estaciones portátiles de rastreo en lugares como Nigeria, Singapur y California. Es decir, casi desde el principio quedó claro que la exploración espacial no dependía solo del cohete, sino también de una red mundial de antenas.
La evolución de esa carrera técnica tuvo episodios que hoy parecen sacados de una novela de ciencia ficción. En 1960, Estados Unidos lanzó Echo 1A, una esfera metálica inflable de 100 pies de diámetro que funcionaba como una especie de espejo.
La idea era casi infantil en su simplicidad y, al mismo tiempo, brillantísima: mandar una señal hacia el espacio, hacerla rebotar en esa pelota gigante y recogerla de nuevo en la Tierra.
Poco después, en 1962, los estadounidenses lanzaron Telstar, que ya no se limitó a reflejar, sino que recibió, amplificó y retransmitió señales de radio y televisión.
Gracias a Telstar, el mundo vio una de las primeras transmisiones de televisión en vivo entre Estados Unidos y Europa, además de llamadas telefónicas, datos y facsímiles.
Luego vino un reto mucho más serio: hablar con naves que no daban vueltas alrededor de la Tierra, sino que se dirigían a la Luna. Ahí ya no bastaba con una antena más potente. Había que orientar la nave, estabilizarla, corregir la trayectoria y hacer que sus sistemas de comunicación siguieran apuntando correctamente a la Tierra.
El programa Ranger tropezó varias veces antes de encontrar la fórmula, pero cuando Ranger 7 lo consiguió, en 1964, transmitió más de 4.300 imágenes de la Luna durante su descenso final.
Para la época, eso fue realmente revolucionario y sorprendente, casi milagroso. Ya no se trataba solo de escuchar un “bip” que demostrara que algo seguía vivo, sino de traer imágenes y conocimiento desde otro mundo.
Con el proyecto Apollo, la historia se volvió todavía más dramática y emocionante. Mucha gente recuerda la llegada del hombre a la Luna como una experiencia visual, pero antes fue una experiencia sonora, porque la voz humana siguió siendo la gran protagonista.
Apollo 8, en diciembre de 1968, transmitió desde la órbita lunar un mensaje que el astronauta Frank Borman recordaría después como el de la mayor audiencia que jamás hubiera escuchado una voz humana.
Y en Apollo 11, las redes de comunicación de la NASA fueron decisivas para que el mundo pudiera seguir la misión.
Honeysuckle Creek fue una estación terrena de seguimiento de la NASA, ubicada cerca de Canberra, en Australia, construida para apoyar las misiones Apollo a la Luna. Entró en servicio en 1967 y su antena principal era de 26 metros. Su trabajo era mantener contacto con las naves, recibir telemetría, voz y, en momentos clave, señales de televisión.
Quienes recuerdan las transmisiones de la época o han visto los videos de esa hazaña espacial probablemente no son conscientes de que las imágenes de televisión que se transmitieron al mundo realmente venían desde allí.
Honeysuckle Creek recibió y retransmitió al mundo las primeras imágenes en vivo de Neil Armstrong caminando sobre la Luna. Tuvo voz, telemetría y además suministró las primeras imágenes históricas del paseo lunar.
Y como nota curiosa, muchos de aquellos que no entienden por qué esas imágenes se ven borrosas, como fantasmales, tienen que saber que esto se debió a que la cámara que transmitía desde la Luna enviaba una señal especial, distinta al estándar de televisión comercial.
En las estaciones de seguimiento de la NASA esa señal no era la que se enviaba a la televisión, sino que llegaba a un monitor dedicado, y para poder distribuirla al mundo por la televisión normal se hizo una conversión al sistema estándar.
En ese proceso, una cámara de televisión enfocó la imagen del monitor, es decir, se volvió a “filmar” la pantalla, y por eso se perdió bastante calidad. Es decir, la señal que hemos visto es borrosa porque se trataba de una cámara enfocando a un pequeño monitor que era el que recibía la señal desde la luna.
El sistema de comunicaciones de la Apollo también unificó voz, comando, seguimiento, televisión y telemetría en una sola arquitectura, con una precisión extraordinaria para la época, algo increíble si se tiene en cuenta que la nave se encontraba a unos 402.336 kilómetros de distancia.
Por eso lo de la misión Artemis II resulta tan interesante. Porque, a pesar de todo lo que ha cambiado, el problema de fondo sigue siendo sorprendentemente parecido. La misión despegó el 1 de abril de 2026 y este lunes 6 de abril realizó su sobrevuelo lunar.
La NASA indicó que, durante ese trayecto, Orion se acercaría a unos 6.550 kilómetros de la superficie lunar y alcanzaría una distancia máxima de 406.785 kilómetros desde la Tierra. De esta manera, superó la marca anterior por unos 6.600 kilómetros de Apollo 13 y se convirtió en la nave tripulada que más se ha alejado de la tierra.
Y debido a que Artemis II tenía que dar la vuelta detrás de la luna, sufrió una pérdida de señal al quedar detrás de nuestro satélite natural.
Y la explicación de ese ‘apagón’ de señal es mucho más fácil de entender de lo que parece. Estas comunicaciones funcionan, en gran medida, por línea de vista.
Es decir, mientras la nave “ve” a la Tierra, puede hablar con ella. Cuando la Luna se mete en medio, esa ruta directa desaparece. Es lo mismo que sucede cuando la señal de una emisora de FM no puede llegar a algunos de sus oyentes porque hay una montaña en el medio.
O sea que no es que el transmisor de Artemis II se haya apagado ni que la nave haya sufrido un desperfecto. Lo que pasó fue algo mucho más simple: la señal había sido bloqueada por la misma Luna.
La NASA explicó que este apagón era esperado, que ya había ocurrido en misiones Apollo y también en Artemis I y que la señal volvería apenas Orion reapareciera por el otro lado.
Lo interesante es que sí existe una solución futura. Y es una solución que todos los que trabajamos en radio conocemos: la NASA trabaja actualmente en sistemas de relevo y navegación lunar para evitar que las futuras misiones dependan siempre de un enlace directo con la Tierra.
En pocas palabras, se trata de poner “repetidoras” alrededor de la Luna. La lógica hacia la que se está moviendo la infraestructura de comunicaciones lunares se enfoca a ubicar más nodos, a lograr más cobertura y a tener menos puntos ciegos.
Y, a pesar de todos los avances en tecnología digital, la radio no está siendo desplazada por esas nuevas tecnologías.
Artemis II también lleva un sistema óptico de comunicaciones por láser, es decir, no solo usa frecuencias de radio. La NASA ha explicado que ese sistema puede enviar más de 100 veces más datos que redes comparables de radiofrecuencia y que, antes del sobrevuelo lunar, ya había transmitido más de 100 gigabytes de información.
Pero el detalle importante es otro: el láser no llegó a enterrar a la radio, sino a complementarla. La radio sigue siendo el enlace robusto y confiable. El láser aparece como la autopista rápida para archivos pesados, video y grandes volúmenes de datos.
Algunos récords del espacio generados por la radio
La radio, como acompañante principal de estas misiones al espacio, ha batido una serie de récords y curiosidades que demuestran su vigencia e importancia. Algunos ejemplos:
- Explorer 1 fue el primer satélite estadounidense y, además, ayudó a descubrir por radio los cinturones de Van Allen.
- Telstar abrió la era de la televisión transatlántica en vivo.
- El sistema Unified S-Band de Apollo integró voz, televisión, telemetría, comando y alcance en una sola plataforma.
- Honeysuckle Creek ayudó a entregar al mundo las primeras imágenes del hombre caminando sobre la Luna.
- Artemis II acaba de fijar la nueva distancia máxima recorrida por una tripulación humana.
Conclusión
Tal vez por eso el instante más interesante de Artemis II no fue el de los aplausos que haya generado ni el nuevo récord que creó, sino el del silencio que vivió, porque ese breve apagón detrás de la Luna nos recordó algo que en la radio sabemos desde hace un siglo: la comunicación nunca ha sido solo cuestión de potencia. También depende de la ruta, de la cobertura, del punto de vista, de la infraestructura y de la paciencia para esperar que la señal vuelva.
Cambian los cohetes, cambian las pantallas, cambian las velocidades, pero en el fondo seguimos enfrentando el mismo reto de siempre: que una voz, desde muy lejos, logre llegar hasta nosotros.

Tito López hace radio desde 1975 y ha creado formatos radiofónicos exitosos en Colombia, Portugal, Chile, Panamá y Costa Rica.
Es coach de talentos, intérprete de investigaciones de audiencia, productor, blogger, libretista y conductor de programas de radio.
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