Un himno que aún no se canta

Cuarenta años después, la música le debe un himno al dolor latinoamericano

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Mientras revisaba viejos videos y archivos en redes sociales, me encontré con una canción que, para muchos, no es solo música, sino memoria colectiva: Cantaré, cantarás. Y, como era inevitable, esa imagen me llevó de inmediato a otro himno que marcó una época: We Are the World. Dos canciones, dos idiomas, un mismo propósito: demostrar que cuando las voces se unen, la música puede convertirse en ayuda, esperanza y acción.

Quienes hoy superamos los 40 años recordamos lo que significaron aquellos proyectos. En 1985, figuras como Michael Jackson, Lionel Richie, Stevie Wonder, Tina Turner, Bruce Springsteen y Ray Charles se reunieron para grabar We Are the World, una iniciativa sin precedentes que buscaba combatir la hambruna en África. Meses después, el mundo hispano respondió con la misma fuerza: Cantaré, cantarás reunió a voces como Plácido Domingo, José José, Julio Iglesias, José Feliciano, Celia Cruz, Vicky Carr y Roberto Carlos, en un gesto de solidaridad que trascendió fronteras y generaciones.

Aquellas producciones representaron algo más que una canción. Fueron una declaración cultural: la música como herramienta de unidad cuando los gobiernos no alcanzan, cuando las instituciones fallan y cuando la sociedad necesita recordarse a sí misma que todavía puede actuar en conjunto.

Han pasado cuatro décadas. Y en ese tiempo, aunque la industria musical se volvió global, inmediata y multimillonaria, no hemos visto un himno colectivo de la misma magnitud humanitaria. Existen colaboraciones constantes, estrategias comerciales brillantes y récords digitales históricos. Pero falta ese momento en el que la competencia se pausa para priorizar una causa.

Hoy el contexto no solo lo permite: lo exige.

Nunca antes el reguetón y el regional mexicano habían tenido tanto poder cultural. Artistas como Bad Bunny, Karol G, J Balvin, Rauw Alejandro, Feid, Peso Pluma, Grupo Frontera, Fuerza Regida, Carin León, Becky G, Natanael Cano, Young Miko o Manuel Turizo representan una generación con alcance global y capacidad real de movilización. La llamada “madre de las colaboraciones” ya existe en el negocio; el reto es llevarla al terreno humano.

Imaginar a estas generaciones grabando un nuevo himno solidario no es una fantasía romántica. Es una posibilidad concreta: una canción que recaude fondos para organizaciones que atienden a niños que han quedado en situación de orfandad por la violencia en distintos países de Latinoamérica. Un proyecto que combine visibilidad, impacto económico y mensaje.

Porque la música popular siempre ha sido la voz del pueblo. Y cuando esa voz se coordina, puede empujar conversaciones que la política posterga.

Todo himno necesita una batuta. Y si la música latina decidiera hacerlo, no faltan nombres capaces de dirigir una colaboración histórica. Productores como Edgar Barrera —puente natural entre regional y urbano—, Tainy —arquitecto del sonido global contemporáneo— y Gustavo Santaolalla —referente artístico y emocional de proyectos trascendentes— representan tres visiones complementarias: presente, futuro y conciencia.

También necesitaría plumas capaces de escribir para millones sin perder la intimidad. Un equipo autoral que combine sensibilidad y alcance: Edgar Barrera, Elena Rose, Rauw Alejandro, Carín León y compositores de narrativa social que entiendan que un himno no se escribe para charts; se escribe para personas.

El concepto es claro.

Nombre del proyecto:
Voces que Salvan

Nombre propuesto de la canción:
Aquí Estamos

Un título simple, colectivo, imposible de cantar en singular. Un mensaje de presencia, acompañamiento y comunidad.

La convocatoria ideal no sería por ranking, sino por simbolismo: voces femeninas y masculinas; urbano y regional; leyendas y nuevos talentos; productores de distintos países; coros infantiles; participación de figuras que representen distintas realidades de Latinoamérica. Una fotografía cultural de su tiempo.

Porque un himno no se mide por reproducciones. Se mide por el impacto que deja.

Tal vez todo comienza así: con una canción del pasado que reaparece en una pantalla y provoca una inquietud. La certeza de que aún es posible unir voces, pero ahora con una urgencia distinta.

Porque cuarenta años después, el mundo sigue necesitando himnos que no solo emocionen, sino que incomoden, convoquen y ayuden.

Tal vez el próximo gran éxito latino no sea el más escuchado. Tal vez sea el más necesario.

Y cuando la música decida volver a unirse —de verdad— no estaremos hablando de una colaboración.

Estaremos hablando de un movimiento.

Ese… todavía no se canta.

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