Con más de tres décadas dedicadas a la industria radial, Roberto Zirate ha construido una trayectoria que trasciende el micrófono para convertirse en una visión integral de la radio. Su experiencia lo ha llevado a desempeñarse en distintas áreas, desde la locución y la programación hasta la dirección de operaciones, promociones y creación de contenidos, consolidando un perfil que combina el conocimiento de la cabina con la capacidad de liderar equipos y desarrollar proyectos para distintas audiencias. Su paso por México y Estados Unidos, así como su participación en la expansión de La Poderosa hacia Laredo y el Valle de Texas, reflejan una carrera marcada por la adaptación, la estrategia y una constante búsqueda de nuevas formas de conectar con el público.
En esta conversación, Roberto comparte los aprendizajes que han definido su manera de entender y hacer radio: Desde las primeras enseñanzas recibidas de grandes figuras del medio y su experiencia frente a las audiencias hispanas en Estados Unidos, hasta los retos que implica dirigir actualmente la programación y operación de múltiples emisoras. También aborda la transformación de la radio frente a las plataformas digitales, el valor de las redes sociales y las experiencias fuera de cabina, así como la importancia de construir comunidades alrededor de una estación. Una mirada que pone sobre la mesa el presente de una industria que continúa evolucionando sin perder aquello que la ha mantenido cercana a su audiencia: La capacidad de acompañar, comunicar y generar vínculos reales.
¡Esto fue todo lo que nos contó sobre su trayectoria y visión de la radio!

Tu acercamiento a la radio comenzó prácticamente desde casa, viendo a tu padre trabajar detrás y frente al micrófono. ¿Qué fue lo primero que te atrapó de este medio y en qué momento sentiste que la radio podía convertirse realmente en tu profesión y en tu forma de vida?
Lo mío con la radio fue prácticamente un flechazo a primera vista. Podría contar una historia romántica alrededor de eso, pero la realidad es que yo tenía otros planes: quería estudiar veterinaria y ayudar a mi abuelo en el rancho. Sin embargo, entrar a aquella cabina despertó algo que no esperaba.
Me llamaba muchísimo la atención todo lo que sucedía detrás de una transmisión: acomodar los cartuchos para que entraran en el momento preciso, poner a tiempo los discos de vinilo, marcar la carta de comerciales y música y estar pendiente de cada elemento que hacía posible que el programa saliera al aire. Todo aquello tenía una dinámica que me atrapó desde el primer momento.
Bastó un fin de semana observando el movimiento de los vinilos, los carretes de cinta magnética con los comerciales y ese repiqueteo constante de la línea telefónica para entender que había encontrado un lugar en el que quería estar. El sonido de la cabina me envolvió y, de alguna manera, ahí comenzó todo. En 1992 inició un sueño que, hasta el día de hoy, todavía me hace soñar.
En tus primeros años tuviste la oportunidad de aprender directamente de figuras como tu padre, José Guadalupe Muñoz y José Luis Gazca Ramos, además de convivir con grandes voces de la radio. ¿Qué enseñanza específica de esos primeros mentores sigues aplicando hoy al momento de dirigir y formar equipos?
Cada uno de ellos dejó una enseñanza distinta en mi camino y muchas siguen presentes en la forma en que trabajo actualmente. De mi padre aprendí la responsabilidad, la puntualidad y la importancia de preparar cada programa, pero también a entender que comunicar no solamente significa hablar, sino saber escuchar. De él heredé la pasión, la entrega y el compromiso de darlo todo en cada emisión.
Don Lupe Muñoz fue quien me dio mi primera oportunidad profesional en la radio. Con él aprendí a grabar, pero, sobre todo, a perder el miedo y entender que también podemos aprender de los errores. Me acercó a la radio musical y a las ventas, y siempre me impulsaba a conocer más de música. Incluso, gracias a él, me convertí en un gran aficionado de Javier Solís. Fue un gran maestro de radio y de vida.
De mi querido José Luis Gazca Ramos, Jefiño, aprendí mucho sobre cómo funciona una estación, desde la selección musical hasta las promociones y los festivales. Siempre nos exigía, nos ponía retos y nos motivaba a conectar con nuestra gente. De los tres conservo algo fundamental: preparación, constancia, capacidad para trabajar bajo presión y, sobre todo, la importancia de formar equipos unidos, con objetivos claros y dispuestos a adaptarse a los cambios de la radio.

Has pasado por prácticamente todas las áreas de la radio: locución, programación, dirección de operaciones, promociones y creación de contenidos. ¿Cómo cambió tu manera de entender al radioescucha cuando dejaste de estar únicamente frente al micrófono y comenzaste a tomar decisiones sobre lo que una estación debía ofrecerle a su audiencia?
La percepción cambia cuando dejas de observar la radio únicamente desde el micrófono y comienzas a verla desde una posición en la que tienes que tomar decisiones que involucran a diferentes áreas. Como locutor estás muy cerca del radioescucha, pero cuando estás en dirección también tienes que sentarte con las gerencias de ventas y con los gerentes generales. Ahí descubres que existen dos mundos que necesariamente tienen que convivir.
Por un lado está lo que quiere y disfruta la audiencia; por otro, están las necesidades comerciales y los resultados que requiere la estación. Encontrar ese punto de equilibrio es uno de los grandes desafíos de la radio y, particularmente, es un reto que sigo disfrutando.
Por eso considero indispensable mantener una relación cercana con los locutores que están al aire. Lo que sucede con ellos te proporciona una retroalimentación muy valiosa. Al mismo tiempo, hay que escuchar al equipo de ventas, conocer sus inquietudes y tratar de resolverlas. Para mí también es importante no cerrarse a ningún comentario, incluso cuando no necesariamente sea algo que nos guste escuchar.
En radio siempre hay algo que aprender de los demás y muchas veces una opinión diferente puede ayudarte a observar un problema desde otra perspectiva.
En 2006 diste un salto importante al llegar a Texas y conducir programas matutinos en diferentes estaciones de La Raza, hasta conseguir el primer lugar con El Show del Enmascarado. ¿Qué descubriste sobre la audiencia hispana en Estados Unidos que después llevaste contigo de regreso a México?
Llegar a Estados Unidos era un sueño que nunca había dejado de perseguir. Antes tuve algunas invitaciones para trabajar allá, pero no se dieron bajo las condiciones que yo buscaba en aquellos años. Por eso siempre digo que los tiempos de Dios son perfectos. Cuando finalmente llegó la oportunidad adecuada, decidí tomarla sabiendo que al llegar estaría prácticamente solo y que tendría que confiar en todo lo que había aprendido durante mis primeros años en la radio.
Además, llegaba para enfrentar uno de los horarios más importantes: el Morning Show. Sabía que iba a competir con grandes locutores que ya tenían experiencia en esos espacios y que el desafío no sería sencillo.
La radio que se hace en Estados Unidos tiene dinámicas diferentes. Muchos locutores graban sus intervenciones para que todo salga perfectamente producido. Respeto profundamente el trabajo que hay detrás de eso; es simplemente una percepción personal, pero considero que la radio en vivo tiene una magia que difícilmente puede compararse.
Me tomó algunos meses, entre septiembre de 2006 y enero de 2007, adaptarme y entender cómo debía comunicarme con una audiencia mucho más diversa. No se trataba únicamente de mexicanos provenientes de diferentes regiones del país; también estaban las comunidades de Centro y Sudamérica y quienes habían nacido en Estados Unidos, pero eran hijos de mexicanos.
Creo que una de mis fortalezas fue haber hecho locución anteriormente en diferentes estados de la República Mexicana. Eso me ayudó a entender distintas maneras de hablar y de relacionarse con la radio. Poco a poco las cosas comenzaron a fluir y finalmente llegó el primer lugar. Fue un momento que disfruté muchísimo.
Esa etapa me dejó aprendizajes que posteriormente llevé de regreso a México. No solamente en la manera de hacer activaciones en la calle, sino también en el trabajo dentro de las cabinas. Estar fuera del país me enseñó, además, a ser mucho más receptivo frente a los problemas y, sobre todo, a buscar soluciones desde diferentes perspectivas.

Actualmente diriges la programación y las operaciones de casi 40 emisoras y, además, estás al frente de la internacionalización de La Poderosa hacia Laredo y el Valle de Texas. ¿Qué implica hoy construir una misma identidad de radio para una audiencia que vive a ambos lados de la frontera?
Tener la responsabilidad de tantas emisoras representa un trabajo complejo, pero también agradezco profundamente contar con un gran equipo que me respalda desde diferentes áreas. La radio se ha transformado y hoy también funciona como una generadora de contenidos que pueden aprovecharse en las plataformas digitales.
Eso nos obliga a estar constantemente atentos a qué funciona, qué interesa y qué consigue conectar con la gente. Y hay algo curioso: muchas veces los contenidos que mejor funcionan actualmente son aquellos que tienen la misma esencia de los que funcionaban hace años. Lo básico, lo orgánico y lo natural siguen teniendo una enorme capacidad para conectar con el público, especialmente cuando las personas sienten que aquello que reciben es auténtico.
Regresar a Texas desde otra responsabilidad también representa una etapa muy importante. Fueron años de planeación y esfuerzo en conjunto con la Dirección General de la empresa para conseguir que este proyecto pudiera hacerse realidad. Ahora estamos frente a un nuevo escenario de oportunidades y crecimiento que estamos asumiendo y aprovechando.
Además, escuchar a los radioescuchas de ambos lados de la frontera es una experiencia muy especial. Hay vínculos que van mucho más allá de la ubicación geográfica. Compartimos tradiciones, costumbres y, por supuesto, una música norteña que continúa siendo parte fundamental de esa conexión.
Con proyectos como Sin Filtro Morning Show, La Chivis, PowerMix y el Escuadrón Poderoso, La Poderosa está combinando radio, contenido y contacto directo con la audiencia. ¿Qué papel juegan actualmente las redes sociales y las experiencias fuera de cabina para conseguir que una estación deje de ser solamente algo que se escucha y se convierta en una comunidad?
Los proyectos continúan surgiendo, pero también contamos con programas nacionales que ya han logrado consolidarse entre el gusto de la gente. Entre ellos están Las Más Poderosas de la Semana y PowerMix, además de las activaciones que realizamos en la calle con el Escuadrón Poderoso.
Las redes sociales tienen un papel fundamental en todo esto porque permiten llevar la experiencia de la radio mucho más allá de la transmisión. Hoy podemos hablar de una radio que funciona en un esquema de 360 grados: lo que sucede en cabina, lo que hacemos en la calle y las experiencias con el público pueden convertirse también en contenido para quienes nos siguen en las plataformas digitales.
Además, las redes ayudan a reforzar las promociones y a generar mayor certeza sobre lo que estamos entregando a nuestros radioescuchas. De esta manera, la audiencia no solamente escucha un programa, sino que puede participar, observar lo que ocurre y sentirse parte de aquello que está sucediendo.
A esto se suma una aplicación interactiva, que termina de complementar la experiencia. Al final, tienes diferentes herramientas para relacionarte con la gente y, sobre todo, una comunidad que necesita ser escuchada, atendida y acompañada.

Después de 34 años en la radio, has recibido reconocimientos importantes y has ocupado posiciones que van mucho más allá del micrófono. Si hoy tuvieras que definir qué significa para ti “hacer radio” en 2026, ¿Qué tendría que conservarse de la radio tradicional y qué tendría que cambiar definitivamente?
Creo que ya no podemos entender la radio de la misma manera que hace algunos años ni pensar que su única función consiste en poner música. La radio tiene la posibilidad de ofrecer contenidos de calidad, información verificada y experiencias que permitan generar una verdadera relación con quienes están del otro lado.
También debemos mantener el respeto por nuestra audiencia y entender que cada persona busca algo diferente. Hacer radio actualmente significa construir una experiencia mucho más completa, en la que el radioescucha no solamente pueda escuchar, sino también observar, participar y decidir qué tipo de experiencia quiere vivir.
La radio tradicional conserva elementos muy valiosos, pero al mismo tiempo tiene que seguir evolucionando. Parte de su fortaleza siempre ha estado precisamente en esa capacidad de adaptarse a los cambios. Hoy esa adaptación significa entender las nuevas plataformas, generar contenidos y encontrar nuevas formas de acompañar a la audiencia sin perder la esencia que ha hecho de la radio un medio cercano.
Pregunta de oro:
Tu padre te dejó una frase muy puntual: “Utiliza el micrófono de manera responsable. No sabes cómo puedes afectar, positiva o negativamente, el día de una persona”. Después de 34 años y de haber estado tanto frente al micrófono como tomando decisiones detrás de él, ¿Hubo algún momento en tu carrera en el que entendiste realmente el peso de esas palabras y cambió tu manera de hacer radio?
Sí, y hay una experiencia que viví en La Raza de Houston que me hizo comprender realmente el peso de esas palabras. Por el ritmo de vida en Estados Unidos, muchas personas llamaban a la cabina directamente para pedir una canción, sin siquiera saludar. Yo siempre procuraba comenzar con un “buenos días” y, poco a poco, fui contagiando esa costumbre. Les recordaba que en nuestros pueblos tenemos la tradición de saludar incluso a quienes no conocemos.
Recuerdo especialmente a una señora que un día llamó y me dijo: “Buen día, soy la señora Lupita”. Le respondí: “Buenos días, señora bonita”, y ella me confesó que solamente había llamado para escuchar que alguien le dijera eso, porque en su casa casi nunca lo hacían. Esa llamada se me quedó muy presente.
Ahí entendí que detrás del micrófono hay personas con historias y circunstancias distintas, y que algo tan sencillo como un saludo puede tener un significado enorme. Por eso siempre debemos recordar que nuestro público es diverso y que la manera en que nos comunicamos puede influir, para bien o para mal, en el día de alguien.
¡Te invitamos a que lo sigas en sus redes sociales!
Instagram: @betozirate
Facebook: Roberto Zirate “El Pechereque”
TikTok: Roberto Zirate “El Pechereque”
YouTube: Roberto Zirate “El Pechereque”
Esta nota fue realizada por Alpha González, Lic. en Periodismo por la EPCS, con experiencia en la cobertura de la industria de la radio y los medios de comunicación.















