10 errores al producir audio para comerciales o producción

Una pieza de producción puede tener un gran libreto, una voz adecuada, una intención clara y una excelente estrategia, pero si técnicamente está mal producida, el resultado se debilita, pierde impacto o, en el peor de los casos, suena francamente amateur.

0
Hoy casi cualquiera tiene acceso a software potente, plugins, librerías, compresores, ecualizadores, reverbs y bancos de efectos. El problema es que no siempre se sabe cómo usarlos, o se usan sin criterio.

En agosto pasado cumplí 50 años de hacer radio. Fui locutor, presentador, productor, programador, director nacional gerente general y ahora me desempeño como consultor, pero si alguien me preguntara qué es lo que más me gusta de ella, le diría que 3 cosas:

  1. Hacer locución. Presentar canciones. Hablar con los oyentes.
  2. Manejar los equipos para que todo salga perfecto al aire.
  3. Hacer producción de audio, ya sea para montar un programa, para editar segmentos o elementos de audio y crear el ‘vestido’ (o la ‘artística’, como la llaman en otras partes) de la emisora.

Sí: me encanta sentarme con mi software de edición de audio y crear piezas que sirvan para reforzar la imagen de la emisora, para lograr que tenga un sonido único y consistente y crear así recordación de marca.

Sin embargo, y seguramente al igual que muchos que comienzan a hacer este trabajo de producción de audio, he cometido muchos errores, que he tratado de ir corrigiendo con el tiempo.

Recuerdo que en mis inicios me encantaba escuchar emisoras de otros países, ya fuera por onda corta o larga o por grabaciones que me prestaban amigos o que realizaba yo cuando viajaba, y eso me servía de inspiración para mis creaciones.

A finales de los años 70, cuando hacía mis pinitos en producción de audio, contaba con unos equipos muy básicos: un micrófono de regular calidad, una grabadora de carrete abierto y un par de audífonos.

Con el tiempo, y cuando ya recibía un salario por trabajar en radio, pude comprar, por mis propios medios, algunos accesorios que me permitían crear sonidos diferentes, porque la idea era esa: que la emisora donde trabajaba sonara distinta de las demás y fuera muy fácil de reconocer.

Llegué a comprar pedales de los que usan los músicos (delay, chorus, flanger) y hasta un vocoder, una especie de sintetizador musical que permitía mezclar la voz con las teclas del instrumento para crear sonidos robóticos.

Ya con el tiempo, y trabajando en emisoras más profesionales, aprendí a usar otros elementos gracias a la llegada de la era digital. De esta forma, a finales de los años 80 ya usaba procesadores de sonido y softwares de edición de audio que cambiaron para siempre mi forma de trabajar.

Sin embargo, había un error grande que no había advertido: me preocupaba más porque las promos, sweepers, separadores, identificaciones y demás elementos tuvieran un gran sonido, llenos de efectos, explosiones, láseres, distorsiones, stutters y otros elementos parecidos, que por el mensaje que había que transmitirle al oyente.

Y considero que, hoy en día, son muchas las emisoras que cometen el mismo error.

Acerca de ellos ya he hablado en varias ocasiones. Si quiere saber cómo evitarlo le recomiendo un par de artículos: Uno se llama “11 consejos para ‘vestir’ correctamente su emisora” y el otro “Cómo ‘vestir’ creativamente su emisora”. Solo hay que dar clic en esos enlaces para poderlos leer.

Pero en este caso, me enfocaré en la parte técnica de la producción.

Y empiezo diciendo que una pieza de producción puede tener un gran libreto, una voz adecuada, una intención clara y una excelente estrategia, pero si técnicamente está mal producida, el resultado se debilita, pierde impacto o, en el peor de los casos, suena francamente amateur.

Eso ocurre todos los días en comerciales, promos, identificaciones, cuñas institucionales y piezas de imagen de emisora. A veces el problema no está en lo que se dijo, sino en cómo quedó sonando. Y en radio, donde todo entra por el oído, un detalle técnico mal resuelto puede arruinar por completo el trabajo.

Lo curioso es que muchas de estas fallas no provienen de la falta de herramientas. Hoy casi cualquiera tiene acceso a software potente, plugins, librerías, compresores, ecualizadores, reverbs y bancos de efectos.

El problema es otro: no siempre se sabe cómo usarlos, o se usan sin criterio.

Por eso he querido mostrar diez errores técnicos muy comunes que siguen apareciendo en la producción diaria de audio para radio.

  1. Grabar mal desde el principio y creer que luego se arregla

Este es el error madre de muchos. Todavía hay quienes graban voces con mala ganancia, con ruido de fondo, con reverberación del cuarto, con mala posición frente al micrófono o con picos de señal demasiado altos, pensando que luego “en edición se arregla”.

Y eso no siempre se logra.

Sí, un audio mal grabado puede mejorarse. Se le puede limpiar ruido, corregir algo de ecualización, controlar niveles, disimular ciertos defectos. Pero si la toma original está mal, lo más probable es que la pieza nunca llegue a sonar realmente bien.

Una voz grabada con clipping, por ejemplo, queda rasgada, rota, áspera. Una voz capturada demasiado lejos del micrófono suena pobre, lejana, sin presencia. Y una voz grabada en un espacio donde el sonido rebota en las paredes termina con ese tono hueco, casero, como si estuviera dentro de un baño o un coliseo.

  1. Dejar la voz enterrada o, al contrario, demasiado por encima de todo

En una pieza de radio, la voz casi siempre es la protagonista. Pero no siempre se la trata como tal. Hay producciones en las que la música está tan alta que obliga al oído a esforzarse para entender el texto. Y hay otras donde la voz quedó tan al frente, tan a primer plano, tan seca y tan aislada, que parece pegada a la fuerza sobre una pista musical que va por otro lado.

Ninguno de los dos extremos funciona. La relación entre voz y fondo necesita equilibrio. La voz sí debe mandar, pero sin que la mezcla se vuelva rígida o antinatural. Y la música debe acompañar, empujar, dar clima, sin meterse a pelear por el centro de atención.

Cuando esa relación no está bien resuelta, el oyente tal vez no sepa explicar qué le molesta, pero lo siente, porque la pieza suena rara, incómoda, incluso forzada.

  1. Abusar de la compresión hasta aplastar la vida del audio

La compresión es una de las herramientas más útiles en producción, pero también una de las más maltratadas.

Muchos comerciales y piezas de imaging suenan excesivamente comprimidos. Todo está igual de fuerte, igual de cerca, igual de apretado. No hay respiración, no hay dinámica, no hay contraste. Todo parece empujado contra el vidrio.

¿Por qué pasa esto? Porque a muchos productores les gusta esa sensación de “presencia”, de “ponche”, de “todo al frente”. El problema es que, cuando se exagera, el audio pierde naturalidad y se vuelve fatigante.

Una voz demasiado comprimida puede sonar agresiva, artificial. Una mezcla entera sobrecomprimida se vuelve cansona. Al principio parece impactante, pero puede causar un efecto negativo que se conoce como “fatiga del oyente”.

  1. Ecualizar sin criterio, solo para que “suene brillante”

Hay productores que automáticamente recortan los bajos o sonidos graves, suben los agudos y realzan la presencia porque creen que eso hace sonar todo “más profesional”, pero no todas las voces necesitan lo mismo. No todos los micrófonos responden igual.

Una voz con demasiado brillo puede sonar delgada, chillona o agresiva. Una con demasiados medios mal manejados puede sonar nasal o encerrada. Y si se le quita demasiado cuerpo, pierde autoridad.

La ecualización no debería usarse para maquillar por costumbre, sino para corregir y mejorar lo que realmente hace falta. A veces la mejor ecualización es la que casi no se nota.

  1. Usar reverberación o delay sin medida

Durante años, en radio hubo una especie de fascinación por ponerle reverberación a todo. Recuerdo el uso de grabadoras de carrete abierto para generar eco. Eso era muy común, no solo en la producción de audio, sino en las transmisiones deportivas.

Y aunque esa moda ha bajado, todavía aparecen piezas donde la voz parece grabada dentro de un baño, de una iglesia o de un túnel.

La reverberación puede ayudar a dar tamaño, atmósfera o dramatismo. El delay puede aportar textura, movimiento o énfasis, pero cuando se usan sin control, la voz puede volverse difícil de entender y el mensaje puede perder claridad.

En comerciales eso puede ser gravísimo, porque lo que se está diciendo tiene que entenderse fácilmente, y en el vestido de la emisora, si cada elemento lleva su propia cola de efectos, la mezcla termina embarrada, sin definición.

  1. No limpiar ruidos, respiraciones, clics o golpes de boca

Respiraciones exageradas al tomar aire, clics de saliva, golpes de boca, ‘popeos’ por mala pronunciación frente al micrófono, ruidos de sillas, roce de papeles, ventiladores, aire acondicionado, zumbidos eléctricos. Nada de eso debería quedarse en una producción final, salvo que se busque de manera intencional un efecto muy particular.

El problema es que muchos se acostumbran tanto a oír sus propias sesiones de grabación que dejan pasar esos defectos, pero cuando la pieza sale al aire, esos ruidos se vuelven más evidentes de lo que parecía en edición.

No se trata de dejar la voz artificial ni que suene ‘muerta’. Incluso, plugins que permitan hacer ‘supresión de ruido’ pueden ser muy útiles para limpiar esos sonidos de fondo sin perjudicar la voz original.

  1. Editar mal los cortes y dejar un audio “remendado”

Este error aparece muchísimo cuando se arma una locución a partir de varias tomas. Frases pegadas sin continuidad natural, cambios bruscos de tono, diferencias de distancia al micrófono, respiraciones que desaparecen de golpe, silencios extraños, palabras unidas a la fuerza. Todo eso produce una sensación de audio remendado, como si la pieza hubiera sido ‘cosida’ a última hora.

Una buena edición no debería notarse. El oyente no tendría por qué percibir dónde hubo corte, reemplazo o corrección. Incluso, cuando sí lo percibe, se rompe la ilusión de fluidez. La voz deja de sonar orgánica y empieza a sonar armada.

Eso exige oído, paciencia y criterio. No basta con cuadrar visualmente las formas de onda. Hay que escuchar cómo respira la frase, cómo cae el acento, cómo se conecta una intención con la otra.

  1. No cuidar la consistencia de volumen y ecualización de las voces

Este es un problema muy común en emisoras donde distintas personas producen materiales diferentes, o donde se mezcla material nuevo con piezas antiguas, agencias o locutores externos.

Usted oye la voz del primer locutor con bajos y brillos reforzados, pero la siguiente voz -que probablemente fue enviada desde otro estudio- llega frágil o con un volumen o ecualización diferente.

Usted podría tratar de arreglarlo con compresión, limitación o incluso nivelación del audio, pero el problema no solo no siempre queda bien, sino que podría empeorarlo. Además, ese salto permanente de niveles da sensación de desorden y mala terminación.

  1. Saturar la mezcla con demasiadas capas

El hecho de que hoy sea fácil poner muchas pistas no significa que haya que usarlas todas. En especial en comerciales y artística moderna, se ve mucho la tentación de llenar la sesión con dobles voces, efectos, fondos, impactos, transiciones, texturas, percusiones, subidas, elementos estéreos y detalles decorativos que en teoría hacen sonar la pieza “más grande”.

Pero a veces la vuelven más confusa.

Cuando hay demasiadas capas compitiendo, desaparece la jerarquía. El oído no sabe qué atender primero. Se pierde el foco. La mezcla se vuelve una masa y en medio de tantos efectos y sonidos, el mensaje termina perdiendo relevancia.

Una producción bien construida no es la que más elementos tiene, sino la que mejor organiza los que realmente necesita. El buen productor no solo sabe qué poner, sino también sabe qué eliminar.

  1. No escuchar la pieza en condiciones reales de consumo

Este es uno de los errores técnicos más subestimados. Hay piezas que se producen enteramente con audífonos de estudio o con monitores en una cabina con buena acústica y aislamiento sonoro, y se aprueban ahí mismo sin probar cómo se comportan en el mundo real.

Luego salen al aire, o se escuchan en un carro, en un celular, en un parlante pequeño o en un televisor y aparecen los problemas.

La voz ya no se entiende igual, los sonidos graves (bajos) no se sienten, la música de fondo tiene demasiado volumen y termina tapando la locución. Un detalle que en estudio parecía finísimo, afuera ni se percibe, o incluso podría ser molesto para el oyente.

La radio se consume en ambientes imperfectos. Por eso conviene oír la pieza en varios sistemas antes de darla por terminada: audífonos normales, un parlante pequeño, el carro, incluso el celular.

Conclusión

Muchas fallas técnicas solo se revelan cuando el audio sale de la sala de producción y se enfrenta a la realidad.

La técnica no sustituye la idea, pero sí puede salvarla o arruinarla

Un mal balance, una mala edición, una compresión excesiva o una grabación deficiente no son simples detalles: son obstáculos entre la pieza y el oído del oyente.

Por eso producir bien no consiste solamente en tener buen gusto o buen software. Consiste en dominar una serie de decisiones pequeñas que, sumadas, definen si una pieza suena profesional, clara, poderosa y confiable.

ACERCA DEL AUTOR
Tito López hace radio desde 1975 y ha creado formatos radiofónicos exitosos en Colombia, Portugal, Chile, Panamá y Costa Rica.
Es coach de talentos, intérprete de investigaciones de audiencia, productor, blogger, libretista y conductor de programas de radio.
Lo puede seguir en Facebook como Oscar.Tito.Lopez y en Twitter como oscartitolopez.
COMPARTIR

Agrega un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here