A lo largo de una carrera profesional, pocas figuras tienen tanto impacto como los mentores. No siempre aparecen de manera oficial ni con ese título, pero su influencia suele ser decisiva para tomar mejores decisiones, evitar errores y entender el rumbo que se está siguiendo. Más que enseñar técnicas, los mentores transmiten criterio, visión y valores que se quedan para siempre.
Un mentor no solo comparte conocimiento, también abre puertas, escucha dudas incómodas y ofrece retroalimentación honesta cuando más se necesita. En muchos casos, llegan en momentos clave: al inicio de la carrera, durante una crisis profesional o cuando surge la oportunidad de dar el siguiente paso. Cada uno deja una huella distinta y cumple una función específica en el crecimiento personal y laboral.
Entre los aprendizajes más comunes que se obtienen de un mentor están:
- La importancia de la disciplina y la constancia.
- Cómo enfrentar errores sin que definan una carrera.
- La necesidad de adaptarse a los cambios del entorno.
- El valor de formar a otros una vez que se ha avanzado.
Con el tiempo, la relación con los mentores también evoluciona. Algunos se convierten en colegas, otros en referentes a distancia, y algunos más dejan enseñanzas que siguen vigentes incluso cuando ya no están presentes. Reconocer su impacto es también una forma de entender el propio camino recorrido.
Al final, una carrera no se construye en solitario, sino a partir de las personas que influyen, aconsejan y creen en el talento ajeno, pero ¿Somos conscientes de cuántos mentores han marcado realmente nuestro camino profesional?
Esta nota fue realizada con base en una idea sacada de un artículo publicado por Jacobs Media, con contenido de Alpha González.















