8 anécdotas insólitas que no conocías acerca de la radio

Un radio que funcionaba con gas. Una licencia para escuchar radio. Una aplicación de radio para dar 'me gusta' antes de la llegada de las redes sociales. Curiosidades que, probablemente, no conocías...

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Algunas historias curiosas acerca de la radio.

Al igual que en otras industrias, la radio tiene historias simpáticas y curiosas que vale la pena conocer. Por ejemplo, en un artículo llamado “Qué hacen los oyentes por ganar un premio” recordaba algunos de los concursos más extraños y grotescos realizados por algunas emisoras.

Esos concursos iban desde ganarse un bebé, ser acreedor a un funeral o tener la posibilidad de realizar su boda completamente desnudo. Y uno de los más polémicos fue el de ofrecer boletos para un concierto a cambio de que el participante bebiera la orina del locutor.

Estas situaciones son extrañas, pero tienen una motivación principal: llamar la atención de los oyentes, crear polémica, marcar presencia en los medios de comunicación y producir videos virales para crear recordación de marca y fidelización de la audiencia.

Sin embargo, hay otros datos curiosos e insólitos que nos cuesta creer que sucedieron, y no tienen que ver con concursos ni promociones, sino que hacen parte de la historia y la evolución de la radio.

En mi artículo de hoy resumo algunas de las historias más divertidas.

  1. Licencias para poder escuchar radio

Esto les va a parecer extraño, pero la gente que quería tener un radio y escuchar su programación en el Reino Unido tenía que obtener una licencia, similar a la de conducción de autos. El costo de la licencia era de 10 chelines al año, es decir, menos de un dólar actual.

Todavía no se sabe por qué a alguien se le ocurrió esta ley; sin embargo, esta práctica estuvo vigente entre los años 1922 y 1971. El dinero recogido iba a parar a las arcas del Estado. Hoy en día, la gente aún se pregunta cómo comenzó a aplicarse esta ley y por qué desapareció.

De hecho, en la Gran Bretaña todavía la gente tiene que pagar un impuesto anual a la televisión, que tiene un costo anual de £147, unos 175 dólares actuales.

Se ofrece un descuento a hogares que solo tengan televisores en blanco y negro. También hay una rebaja del 50% del impuesto a personas que se registren como total o parcialmente invidentes, y la licencia es gratis para personas mayores de 75 años.

  • Radio por teléfono

Si usted cree que escuchar radio a través del teléfono celular es un invento reciente, le tengo noticias: en los años 30 del siglo pasado surgió una nueva tecnología, que podría considerarse precursora de la hoy llamada “banda ancha”.

El sistema se llamaba Drahtfunk (radio por cable), y permitía escuchar radio a través del teléfono. El sistema fue desarrollado en Noruega y Suiza, países montañosos donde la recepción de radio era difícil.

Aunque no lo crean, los primeros intentos se hicieron a través de las líneas eléctricas. Es decir, la radio viajaba por cables de alta tensión y llegaba a los radios conectados a la red. Pero en los años 30, con la llegada del teléfono, comenzaron a usar las líneas telefónicas para transmitir la señal de radio.

Para poder escucharla simplemente se llamaba a un número y la señal llegaba al auricular.

Una de sus grandes ventajas era que la Drahtfunk no podía ser bloqueada, ya que venía por líneas terrestres a cada hogar. Con el fin de que sus transmisiones no fueran interceptadas por los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, los alemanes comenzaron a usarla.

Era particularmente útil durante los bombardeos aéreos, cuando los transmisores de radio convencionales tenían que apagarse para evitar que fueran usados por el enemigo para encontrar su ubicación.

También era una manera más segura de alertar a la gente de los bombardeos que las sirenas y fue lo que más hizo que la gente se fuera a los refugios. Se comunicaba en detalle la cercanía y progreso de los aviones enemigos.

Los berlineses se reunían con mapas del área local e iban siguiendo el curso de los bombarderos a medida que el presentador leía las coordenadas. Drahtfunk siguió usándose hasta los años 50 en el sector estadounidense de Berlín, aunque para ese entonces las transmisiones eran más alegres.

  • Marconi y el Titanic

Nadie hubiera sobrevivido al naufragio del Titanic si no fuera porque ese transatlántico estaba equipado con un transmisor vendido por Guillermo Marconi. Por tratarse del barco más moderno de la época, contaba con lo último en tecnología, una verdadera novedad que las demás embarcaciones no usaban.

Gracias a esa transmisión inalámbrica, un barco que pasaba por allí cerca llamado Carpati pudo llegar al lugar del naufragio y ayudar a rescatar a los 705 pasajeros que se salvaron de morir en las frías aguas del Atlántico.

Guillermo Marconi y su estudio de radio
Foto: Irish Media Man

Marconi, que casualmente estaba en Nueva York en ese momento, fue uno de los primeros testigos invitados a comparecer ante el Senado para hablar acerca del desastre. Allí aprovechó para sugerir que todos los buques estuvieran obligados a usar equipos inalámbricos de comunicaciones las 24 horas del día, lo que fue aprobado por el Comité.

  • Radio-voto: precursor de los «me gusta» de Facebook

Este fue un invento que permitía a los oyentes votar por diferentes temas transmitidos al aire por las emisoras de radio. Se trataba de una caja que se le adjuntaba al radio y funcionaba como un aparato para hacer encuestas instantáneas.

Tenía tres botones: ‘Conectado’, ‘No’ y ‘Sí’. Mediante estos botones la gente podía opinar acerca de lo que estaba escuchando. La idea inicial era que la gente votara, usando esta tecnología, por sus canciones favoritas. Es decir, cada vez que sonaba un tema, la gente votaba ‘Sí’ o ‘No’, similar a como hoy en día usamos ‘dedo arriba’ o ‘dedo abajo’ en las redes.

La idea era novedosa, y muy pronto los radiodifusores le encontraron otras posibilidades, especialmente para que la gente participara en encuestas de opinión acerca de los diferentes tópicos que hablaban en sus programas.

Un comentarista predijo que «el presidente de Estados Unidos puede pararse frente a un micrófono, hacer una pregunta sobre política pública y recibir la respuesta inmediata de millones».

Pero había un pequeño problema: cuando el oyente apretaba el botón, la señal se demoraba siete horas en llegar a la estación de monitoreo…

  • Radios que catapultaron una cultura musical

Es probable que, sin las radiograbadoras de los años 70, el Hip-Hop no hubiera alcanzado el éxito que tiene hoy en día, convirtiéndose en el género musical más escuchado en los Estados Unidos, según datos de enero de este año, y en la fuente de inspiración para los sonidos Urbanos de hoy.

Y el impulso se dio gracias a los gigantescos ‘cajones de sonido’ o ‘boomboxes’, unas radiograbadoras de grandes dimensiones que tanto Hispanos como Afroamericanos comenzaron a cargar sobre sus hombros para llevar la música a todo volumen por todas partes.

Las ‘boomboxes’ fueron lanzadas al Mercado estadounidense a mediados de los años 70, y las marcas pioneras fueron Panasonic, Sony, Marantz y General Electric.

La creación de estas potentes ‘cajas de música’ ayudaron a propagar la cultura del Hip-Hop.

La comunidad urbana adolescente de los Estados Unidos adoptó estos equipos de sonido portátiles, especialmente en las áreas metropolitanas de Nueva York, Los Ángeles y Washington D.C.

Al principio se usaban para escuchar radio, pero poco a poco se les fueron involucrando otras tecnologías, entre ellas la posibilidad de grabar y reproducir casetes, parlantes separados para brillos y bajos, ecualizadores, entradas y salidas de audio y de micrófono y muchas opciones más.

Gracias a que se fueron volviendo más grandes y pesadas, esas ‘cajas de sonido’ podían reproducir los bajos de una manera más fuerte y profunda, lo que fue aprovechado por los productores de Hip-Hop para darles un sonido característico a sus producciones.

La popularización de estos aparatos trajo también un rechazo a su sonido y a la cultura que representaba por algunos sectores de la población. De esta forma, quienes atacaban la cultura del Hip-Hop comenzaron a llamarlos «ghetto blasters«.

Las autoridades de algunas ciudades comenzaron a prohibir el uso de las ‘boomboxes’ en lugares públicos y cada vez más el público comenzó a rechazarlas en las calles de las ciudades.

Algunos modelos como el JVC RC-M90 y el Sharp GF-777 fueron conocidos como las reinas de las ‘boomboxes’, las cuales eran usadas en las famosas batallas musicales callejeras de donde salió, entre otras tendencias, el baile del Breakdance.

  • Radio a gas

Aunque el uso masivo del gas es relativamente reciente en nuestro continente, ya desde los años 30 del siglo pasado comenzó a promoverse en los países más avanzados. La idea era que la gente dejara de usar energía eléctrica para pasarse al gas.

Por esos días la radio había despertado un gran interés entre el público, tal como lo tienen hoy los teléfonos inteligentes. Estaba de moda y todo el mundo quería tener un radio en su casa. Y como no se habían inventado aún los radios portátiles de pilas, todos los radios estaban conectados a la red eléctrica.

Fue allí cuando surgió la idea de crear un radio que funcionara a gas. La idea era que, si la gente quería escuchar a la BBC, en lugar de usar la electricidad podrían utilizar este nuevo recurso.

El primer radio de este tipo, con el cual pensaban inundar el mercado y desplazar los ya tradicionales radios eléctricos, medía casi un metro de alto, con el radio mismo arriba y un quemador de gas debajo metido en un gabinete forrado con asbestos. La ventaja es que, además, ayudaba a calentar un poco la habitación.

En lugar de electricidad, este radio funcionaba con gas.

Después produjeron máquinas de lavar, gramófonos y aspiradoras a gas, pero desafortunadamente nada se vendió bien.

Esos aparatos se valían del efecto termoeléctrico: la corriente se obtiene explotando la diferencia en temperatura entre el aparato y su entorno. En Rusia eso se usó para desarrollar un radio que funcionaba con kerosene, que se usaba en áreas rurales en las que no había electricidad: para lograr que la temperatura ambiente estuviera lo suficientemente fría, uno tenía que escuchar radio con todas las ventanas abiertas.

  • La radio no tiene futuro

William Thomson, más conocido como Lord Kelvin, fue un físico escocés, ingeniero e inventor, quien inventó la teoría del ‘cero absoluto’, que habla de la ausencia teórica de toda energía térmica.

En 1895, Lord Kelvin, que además era el presidente de la Real Sociedad de Londres, predijo que la radio no tendría futuro. Sin embargo, 5 años después de este anuncio, comenzó a operar la primera fábrica de receptores de radio.

Y este no fue el único error de Lord Kelvin. Aseguró que las máquinas voladoras que fueran más pesadas que el aire tampoco podrían funcionar nunca, y en 1900 dijo que los rayos X eran un engaño.

Hoy existen más de mil millones de aparatos receptores de radio, sin hablar de los miles de millones de teléfonos celulares que pueden recibir su señal. Además, existen más de 35 mil emisoras de radio alrededor del mundo.

Y, como todos sabemos, los vuelos comerciales son más populares que nunca y la medicina no tendría sus grandes logros, en parte, de no ser por los rayos X.

  • Jugar dardos por radio

Al principio, la radio simplemente transmitía noticias y programas de radioteatro, pero poco a poco se le fueron añadiendo programas de entretenimiento y humor.

Y una consecuencia lógica de su evolución fueron los concursos. Fue así cómo, también en los años 30, apareció un juego muy novedoso en el Reino Unido. En 1938, el campeón F.H. Wallis retó a toda la audiencia radial a un juego de dardos llamado ‘301’.

Desde el pub Alexander Arms en Eastbourne, tiraba sus tres dardos y se anunciaba cuántos puntos había logrado. Luego había una pausa para que los radioescuchas tiraran sus tres dardos, donde fuera que estuvieran.

No se ofreció ningún premio: los radioescuchas que le ganaran a Wallis podían «darse una palmada en la espalda y contárselo a sus colegas de trabajo al día siguiente«. Bueno, al menos era menos polémico que poner a los oyentes a beber los orines del locutor…

Conclusión

La radio nos ofrece un mundo maravilloso, lleno de situaciones inesperadas. Eso es lo que hace que trabajar en ella sea tan divertido.

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