¿Qué pasaría si los monstruos de la radio regresaran más armados que nunca?

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Imagen generada con Gemini.

Hace unos días escribí en RadioNotas sobre el regreso de Don Francisco a la televisión hispana en Estados Unidos, después de que Sábado Gigante terminara en 2015. Mientras escribía aquella reflexión, pensé en algo que quizá solamente se le ocurre a alguien que lleva demasiados años metido en esto de la radio: ¿qué pasaría si algunos de aquellos grandes nombres de la radio hispana de los años 90 y 2000 regresaran hoy?

Y no hablo de regresar al pasado ni de repetir las mismas fórmulas. Hablo de regresar con todo aquello que entonces no existía.

En mis momentos de alucín radiofónico me imaginé a personalidades como Humberto Luna, El Cucuy de la Mañana, Jaime Piña, Pepe Barreto, Martha Shalhoub, Juan Carlos Hidalgo y El Peladillo utilizando video, redes sociales, podcasts, streaming, WhatsApp, inteligencia artificial, analítica de audiencias y equipos de producción digital.

Y aquí es donde la imaginación se encuentra con la historia, porque aquellos personajes no fueron solamente nombres que quedaron en la memoria de quienes escuchábamos radio. Tuvieron resultados que se pueden medir. En 1992, Jaime Piña llegó al tercer lugar del morning drive de Los Ángeles, solamente detrás de dos de las principales duplas de la radio anglosajona; Pepe Barreto se mantuvo durante años entre los primeros lugares del mercado y Martha Shalhoub llegó a ocupar el segundo lugar entre las personalidades de radio de Los Ángeles.

En 1992, además de

KLAX 97.9, La X, se convirtió en un fenómeno en Los Ángeles al impulsar la tecnobanda y la música regional mexicana, y con ella llegaron Juan Carlos Hidalgo y El Peladillo. Un año después, la dupla registraba 6.5% de audiencia en el morning drive, por encima del 6.3% de Howard Stern.

Pero la historia no termina en los ratings. Humberto Luna fue reconocido con una estrella en el Hollywood Walk of Fame y, a principios de los años 90, la propia industria hablaba de cómo las estaciones en español estaban construyendo personalidades de morning show capaces de competir con las grandes figuras de la radio en inglés.

El Cucuy, por su parte, llegó a convertirse en una de las figuras más reconocidas de la radio hispana de Los Ángeles; publicaciones de la época reportaron que su programa había ocupado el primer lugar del mercado durante varios años.

Eso es lo que me parece fascinante: aquellos comunicadores no tenían TikTok, YouTube, Instagram, podcasts ni las herramientas de distribución que hoy tenemos. Su principal herramienta era su personalidad y la relación que habían construido con la audiencia.

Y aun así lograban competir por la atención del mismo público que también podía escuchar a Howard Stern, Rick Dees o las grandes personalidades anglosajonas.

Ahora imaginemos el escenario actual. ¿Qué pasaría si a esa personalidad le agregáramos un ecosistema completo de comunicación? El locutor seguiría siendo el centro de atención, pero no tendría que hacerlo todo solo.

Podría estar acompañado por influencers que ya tienen decenas o cientos de miles de seguidores, especialistas en temas específicos y creadores que aportan comunidades propias. El lunes podría hablar de belleza con una influencer que domina ese tema; el martes, de deportes con un creador deportivo; el miércoles, de finanzas, comida, relaciones o cualquier otro asunto.

La personalidad de radio sería quien conduce, provoca, pregunta, entretiene y conecta todas esas comunidades. Y mientras la conversación sucede al aire, también se convierte en video, clips para redes, podcast, streaming y contenido para WhatsApp.

Ahí es donde una personalidad que ya sabe conectar con la gente podría sumar comunidades que antes estaban fuera de su alcance. Claro, también tendría que aceptar algo fundamental: no bastaría con repetir las fórmulas de hace 25 años.

Tendría que escuchar a productores, estrategas, especialistas digitales y, sobre todo, a una audiencia que hoy consume contenido de una manera completamente diferente.

Y aclaro algo porque me parece importante: esto no pretende demeritar a las generaciones actuales que han construido sus propias historias y representan otras etapas de la radio hispana. Mi reflexión nace de algo muy personal: después de casi 25 años dentro de este negocio y de haber tenido contacto directo con varios de aquellos comunicadores, he podido ver de cerca lo que significaba aquella conexión con la audiencia.

No era solamente escuchar a un locutor; era querer verlo, conocerlo, seguirlo y formar parte de lo que hacía. Quizá por eso me pregunto qué sucedería si alguien con esa experiencia y ese nivel de identificación pública regresara hoy, pero acompañado por todo lo que la tecnología y las nuevas comunidades digitales pueden ofrecer.

No sería volver al pasado. Sería volver con todo lo que antes no tenían. Personalidad, experiencia, calle y conexión con la gente, pero ahora acompañadas de video, datos, redes, podcasts, streaming, influencers, especialistas, inteligencia artificial y equipos capaces de convertir una idea de cabina en contenido para millones.

¿Te imaginas qué desmadre harían en la radio? Yo sí. Y quizá la pregunta que deberíamos hacernos no es si necesitamos volver a aquellos locutores, sino si necesitamos volver a apostar en serio por construir personalidades capaces de generar ese nivel de conexión.

Disclaimer: Lo que acaba de leer es producto de mi imaginación y de uno de esos momentos de “alucín radiofónico” que a veces nos dan a quienes llevamos muchos años en este negocio.

No pretende representar una estrategia, recomendación o fórmula que deban implementar las estaciones de radio actuales. Simplemente fue una idea que se me ocurrió: imaginar qué pasaría si algunas de aquellas grandes personalidades regresaran hoy, pero ahora con todas las herramientas que antes no tenían. Y, pues… se vale imaginar, ¿no?

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