
A mediados de 1991, la cantante mexicana Gloria Trevi salió de gira promocional por países como Argentina, Puerto Rico, Panamá y Venezuela, y también visitó Colombia, donde creó conmoción.
Ella llegaba a promocionar su disco «Tu ángel de la guarda», publicado en mayo de ese año, y recuerdo que llegó a los estudios de Radioactiva en horas de la mañana, cuando yo conducía el programa “La Locomotora”.
Ella parecía un terremoto. Apareció con su ropa estrafalaria, su pelo completamente desordenado, una risa y alegría contagiosas y un acercamiento cordial y efusivo hacia nosotros.
Ella, en medio de su locura, y mientras la estábamos entrevistando al aire, decidió subirse a la mesa y comenzó a bailar efusivamente, sin importarle que tenía una micro minifalda y que se movía justo al frente de 4 o 5 desordenados disc-jockeys veinteañeros que disfrutaban de su explosiva alegría y especialmente del paisaje que ella ofrecía.
Nosotros no éramos periodistas ni habíamos tenido muchas oportunidades de entrevistar celebridades, aunque un poco tiempo antes ya nos había visitado Alejandra Guzmán, que también armó tremendo alboroto con su visita.
De hecho, uno de los integrantes del programa se propasó con ella y le cacheteó una nalga, un verdadero irrespeto que molestó muchísimo a la cantante, pero que quedó como una simple anécdota, afortunadamente para él y la emisora.
Hoy, una situación similar no solo le hubiera causado al locutor una demanda judicial, sino la condena del público, especialmente en las redes sociales.
Y traigo estas dos anécdotas solo para contar que, desde el principio, y a pesar de que la mayoría de los artistas que nos visitaban venían en plan promocional, nosotros procurábamos convertir cada entrevista en un verdadero espectáculo, en una celebración, en una disculpa para divertir a la audiencia.
Claro, se trataba de una emisora orientada al público juvenil, en una época en que se empezaba a hacer una apertura hacia contenidos más ‘lanzados’, más abiertos, más arriesgados.
Lo que no se debe hacer
No estoy recomendando imitar ese tipo de acciones frente a los artistas y celebridades que visitan la emisora. Incluso hoy, cuando la gente busca ese tipo de contenidos en redes sociales, es posible pasarse de la raya y meterse en problemas.
Pero eso es mejor que irse al otro extremo: no atreverse a ser diferente.
La llegada de una celebridad a una emisora suele alterar por completo la rutina. Aparecen empleados que nunca entran al estudio, comienzan las fotografías, alguien pide un saludo para su esposa, otro quiere grabar un video para sus redes y, mientras tanto, el representante del artista recuerda que solo hay diez minutos disponibles.
Finalmente, se enciende el micrófono y el locutor comienza: “¿Cómo se siente de estar aquí?”, y la respuesta suele ser tan previsible como la pregunta: “Estoy muy contento de estar aquí. Gracias por la invitación. Siempre es un placer regresar a este país”.
Después vendrán otras preguntas igualmente conocidas: cómo comenzó su carrera, qué significa su nuevo álbum, cómo se prepara antes de salir al escenario y qué mensaje quiere enviarles a sus seguidores.
Luego, la celebridad abandona la emisora. Todos quedan felices con sus fotografías, pero al revisar la grabación queda la sensación de que allí no sucedió nada interesante.
Cómo sacar provecho de una entrevista
Tener a una figura reconocida frente al micrófono no garantiza una buena entrevista. El nombre del invitado puede atraer la atención inicial, pero es el entrevistador quien debe convertir ese acceso privilegiado en contenido.
Una mala entrevista puede hacer que una estrella internacional parezca aburrida. Una buena entrevista, en cambio, puede conseguir que un artista del que creíamos saberlo todo revele una historia que nunca había contado.
A lo largo de los años he visto entrevistas memorables y también muchas oportunidades desperdiciadas. Por eso quiero presentar a continuación algunos de los errores más frecuentes que cometen los locutores cuando tienen una celebridad frente al micrófono.
- Creer que la fama del invitado hará todo el trabajo
El primer error ocurre antes de comenzar la entrevista: pensar que basta con anunciar el nombre del artista. Comenzar con: “Hoy tenemos con nosotros a…”.
Ese nombre puede despertar curiosidad, pero no sostendrá por sí solo diez, veinte o treinta minutos de conversación. Es cierto: el hecho de que el oyente escuche el nombre del invitado le llamará la atención, pero el contenido dependerá del entrevistador.
Algunos locutores se relajan porque sienten que el personaje es suficientemente importante. Suponen que cualquier cosa que diga será interesante y terminan formulando preguntas generales, sin rumbo ni intención.
Pero las celebridades también se cansan, se distraen, ofrecen respuestas automáticas y repiten los discursos preparados por sus equipos de promoción. Si el entrevistador no tiene una estrategia, la conversación se convierte rápidamente en una rueda de prensa más.
Por eso, antes de sentarse frente al invitado, conviene hacerse una pregunta muy sencilla: ¿qué podrá escuchar mi audiencia aquí que no encontrará en las otras veinte entrevistas que esta persona concederá durante su visita?
- Llegar con una investigación superficial
Leer la biografía oficial, revisar Wikipedia, pedirle información a ChatGPT y escuchar las tres canciones más conocidas no constituye una investigación suficiente. Eso apenas sirve para no llegar completamente perdido.
Una buena preparación consiste en buscar entrevistas anteriores, observar cuáles preguntas ha respondido demasiadas veces, revisar declaraciones recientes, conocer el contexto del proyecto que está promocionando y encontrar detalles que puedan abrir caminos inesperados.
También es necesario comprobar nombres, fechas, lugares, títulos de discos y pronunciaciones. Una pregunta basada en un dato equivocado puede romper la confianza en los primeros segundos.
Ahora, investigar no significa aprenderse la vida del artista de memoria para demostrarle cuánto sabemos. La investigación debe servir para formular mejores preguntas, no para convertir la entrevista en un examen.
El objetivo no es impresionar al invitado. Es crear las condiciones para que entregue una respuesta interesante.
- Formular las mismas preguntas que todos los demás
Las celebridades que están promocionando una película, una gira, un libro o un álbum pueden conceder decenas de entrevistas en una sola semana. Por eso desarrollan respuestas automáticas.
Cuando escuchan “¿cómo nació este proyecto?”, ya saben exactamente qué decir. Probablemente han repetido la misma historia desde el desayuno.
El problema no es que esa pregunta sea necesariamente mala. El problema es hacerla de la misma manera que todos los demás.
En lugar de preguntar cómo nació una canción, podría preguntarse cuál fue el momento en que el artista sintió que la canción finalmente estaba terminada. En vez de preguntar qué significa un álbum, se puede buscar cuál de sus canciones le costó más terminar, cuál estuvo a punto de quedar por fuera o cuál cambió más desde la primera maqueta.
La diferencia está en buscar decisiones, conflictos, dudas, accidentes y momentos concretos, porque las respuestas interesantes casi nunca aparecen cuando se pregunta por conceptos generales, sino cuando se pide una historia.
- Convertir la entrevista en un homenaje
Es natural admirar a una persona famosa. Muchos locutores crecieron escuchando sus canciones, viendo sus películas o siguiendo su carrera. El problema comienza cuando esa admiración se apodera de la entrevista.
Entonces aparecen frases como: “Usted es el artista más grande de todos los tiempos”, “Todas sus canciones son maravillosas”, “Para mí es un sueño tenerlo aquí”.
Una muestra breve de admiración puede romper el hielo, pero diez minutos de elogios incomodan al invitado, empobrecen la conversación y colocan al entrevistador en una posición inferior.
Además, la audiencia no necesita escuchar al locutor demostrar que es un gran admirador. Eso incluso puede sonar chocante. Lo que el oyente desea es conocer mejor al personaje.
La entrevista no debe convertirse en un homenaje, salvo que ese sea precisamente el propósito de su presencia en el programa. La función del entrevistador no es rendirse ante la celebridad, sino acompañarla hacia terrenos que produzcan buenas historias.
- Hablar más que el entrevistado
Algunos locutores hacen preguntas tan largas que, cuando finalmente terminan, ya han contado la historia, ofrecido su opinión y sugerido la respuesta. El invitado solo puede decir: “Sí, exactamente”.
Esto suele ocurrir cuando el entrevistador quiere demostrar que conoce el tema y comienza hablando del álbum anterior, recuerda una actuación, menciona una anécdota, explica cómo se sintieron los seguidores y termina preguntando si el artista está de acuerdo.
Una pregunta no necesita ser una conferencia. Cuanto más sencilla y precisa sea, más espacio tendrá el invitado para responder.
Esto no significa que todas las preguntas deban tener solo cinco palabras. Algunas necesitan contexto, pero ese contexto debe ayudar al oyente y al entrevistado, no servir como exhibición personal del locutor.
- Hacer varias preguntas al mismo tiempo
“¿Cómo fue la grabación, qué sintió cuando escuchó el resultado, cómo reaccionó su familia y qué espera que suceda con la canción?”.
Esa no es una pregunta. Son cuatro, y el entrevistado escogerá la más fácil, generalmente la última, y dejará las demás sin responder. Luego el locutor sentirá que el invitado evadió el tema, cuando fue él mismo quien llenó la mesa de opciones.
Las preguntas deben avanzar de una en una. Además, una respuesta puede cambiar el rumbo de la entrevista. Tal vez el artista mencione un conflicto durante la grabación y resulte más interesante profundizar en ese punto que seguir preguntando por la reacción de su familia.
- Estar más pendiente de la lista que de la respuesta
La preparación es fundamental, pero también puede convertirse en una trampa. Hay locutores que llevan quince preguntas impresas y sienten la obligación de hacerlas todas. Mientras el invitado responde, estos locutores no escuchan realmente, sino que están buscando con la mirada la siguiente pregunta.
El artista puede acabar de entregar una revelación extraordinaria y el entrevistador, por estar pendiente de su cuestionario, responde: “Ah, ya. Muy interesante. Ahora cuéntenos acerca de su próxima gira”, y así es como se pueden perder los mejores momentos.
Las preguntas preparadas deben funcionar como una red de seguridad, no como una camisa de fuerza. Sirven para evitar silencios y garantizar que los temas esenciales sean tratados. Pero una buena entrevista exige escuchar cada respuesta y decidir si allí hay algo que merece una repregunta.
- No hacer preguntas de seguimiento
Una de las habilidades más importantes de un buen entrevistador es reconocer cuándo una respuesta contiene una puerta entreabierta. Por ejemplo, el invitado puede decir: “Ese fue un momento muy difícil para el grupo”.
El entrevistador inexperto continúa con el cuestionario, pero un buen entrevistador pregunta: “¿Qué fue exactamente lo que pasó?”.
Las preguntas de seguimiento suelen ser muy sencillas:
- “¿Por qué?”
- “¿Qué hizo usted en ese momento?”
- “¿Quién se opuso?”
- “¿Qué cambió después de eso?”
- “¿Puede darme un ejemplo?”
No tienen que sonar brillantes. Su valor está en demostrar que el entrevistador escuchó y que quiere llegar más allá de la primera respuesta.
Las celebridades están acostumbradas a entregar versiones resumidas y cuidadosamente ensayadas de sus historias. La repregunta es la herramienta que permite encontrar detalles, contradicciones y emociones reales.
- Aceptar respuestas promocionales sin profundizar
Muchas entrevistas con celebridades forman parte de una campaña de promoción. El artista está allí porque quiere vender entradas, anunciar un lanzamiento, presentar una película o impulsar una causa. Y eso es perfectamente válido.
El error consiste en permitir que toda la entrevista se convierta en un comunicado de prensa leído con entusiasmo.
Cuando usted vea que el entrevistado responde: “Este es un proyecto maravilloso, hecho con mucho amor, para todo el público, con muchas sorpresas”, profundice sin enfrentarse al invitado:
- “¿Qué tiene este proyecto que no tenían los anteriores?”
- “¿Cuál fue la decisión más arriesgada?”
- “¿Qué parte no salió como esperaba?”
- “¿Qué tuvo que cambiar durante el proceso?”
La celebridad seguirá promocionando su asunto, pero estará envuelta en una conversación que también resulte valiosa para la audiencia.
- Buscar la polémica únicamente para conseguir un titular
En el extremo contrario están quienes creen que entrevistar bien consiste en incomodar al invitado.
Preparan preguntas sobre divorcios, peleas, adicciones, problemas legales o conflictos familiares, no porque sean necesarias para entender la historia, sino porque esperan obtener un fragmento viral.
Hay temas difíciles que deben preguntarse. Una entrevista no tiene que ser complaciente. Pero existe una diferencia entre abordar un asunto incómodo con contexto y lanzar una acusación para provocar una reacción.
La pregunta sensible necesita una razón periodística. También requiere una transición adecuada, porque no es lo mismo preguntar por un conflicto que afectó una gira, provocó la separación de una banda o cambió la carrera del artista, que mencionarlo simplemente para ver cómo reacciona o generar un titular que se vuelva viral.
Una entrevista agresiva puede generar atención durante unas horas, pero una entrevista bien conducida puede generar confianza y conseguir una respuesta que nadie más obtuvo.
- Olvidarse del oyente
En medio de la emoción de tener una celebridad en el estudio, el locutor puede terminar conversando exclusivamente con ella.
Aparecen referencias internas, saludos a personas que el público no conoce, movimientos que solo se entienden viendo el video y conversaciones sobre situaciones ocurridas antes de encender el micrófono.
Evite decir frases como: “Como hablábamos antes de salir al aire…”. El oyente no estaba allí en ese momento y no sabe de qué estaban hablando.
En radio, todo debe tener contexto. Si el entrevistado muestra una fotografía, señala una prenda, hace un gesto o se refiere a alguien que está dentro del estudio, el locutor debe describir lo necesario para que la audiencia pueda seguir la conversación.
También debe recordar para quién está haciendo la entrevista. No se pregunta lo mismo en una emisora juvenil que en una estación de noticias, una radio de música popular o un formato dirigido a adultos.
El invitado es importante, pero la audiencia sigue siendo el verdadero destinatario.
- Permitir que el representante controle toda la conversación
Los artistas suelen llegar acompañados de representantes, relacionistas públicos, personal de la disquera, asistentes y encargados de la gira.
En algunos casos entregan instrucciones claras: no preguntar por determinada relación, no mencionar un proceso judicial, no hablar de un antiguo integrante de la banda o limitarse exclusivamente al nuevo lanzamiento.
El entrevistador debe conocer esas condiciones antes de salir al aire y decidir si son aceptables. Lo que no conviene es descubrirlas durante la entrevista, cuando alguien comienza a hacer señales detrás del vidrio o interrumpe para indicar que hay que cambiar de tema.
Tampoco se trata de pelear con el representante para demostrar independencia. El objetivo es negociar con claridad. Si las restricciones eliminan cualquier posibilidad de hacer una entrevista interesante, quizá sea mejor no hacerla o reducirla a una breve presentación promocional.
Lo que no debería ocurrir es anunciar una gran entrevista y entregar un espacio completamente controlado por la oficina de prensa.
- Administrar mal el tiempo
Las entrevistas promocionales suelen tener horarios muy ajustados. A veces hay quince minutos. Otras veces, apenas cinco, y un locutor puede desperdiciar la mitad de ese tiempo leyendo una biografía extensa, recordando todos los premios del artista o contando cómo consiguió la entrevista, y cuando finalmente formula la primera pregunta importante, el representante avisa que queda un minuto.
Yo mismo cometí ese error un par de veces y desperdicié así, no solo la invitación que me hizo la disquera, sino la oportunidad de entregar algo realmente interesante o llamativo para la audiencia de la emisora.
Antes de comenzar hay que saber cuánto tiempo está realmente disponible. Con base en eso se deben establecer prioridades. Hágase siempre estas tres preguntas:
- ¿Cuál es el tema que no puede quedar por fuera?
- ¿Qué pregunta tiene mayor posibilidad de generar una buena historia?
- ¿Qué información puede ofrecerse en la presentación para evitar preguntas innecesarias?
También conviene observar las respuestas. Si el invitado habla durante tres minutos sin decir nada que valga la pena, será necesario intervenir con respeto. Conducir una entrevista también significa cuidar el ritmo.
- Descuidar los detalles técnicos y básicos
Nunca olvidaré la vez que nos colamos al Radio City Music Hall de Nueva York cuando los artistas estaban haciendo el sound-check de sus presentaciones.
Habíamos entrado a pagar los derechos en una oficina que estaba en un sótano del recinto, y cuando nos íbamos a ir teníamos que pasar por el auditorio, así que nos fuimos metiendo allí disimuladamente.
Madonna estaba sentada solo 2 filas adelante esperando su turno. En el escenario estaba Billy Joel practicando su show, y, de repente, vemos que sube por uno de los pasillos Bruce Springsteen.
Le dije a Andrés Nieto, que estaba sentado en ese lado del recinto, que aprovechara para sacar una pequeña entrevista, tratando de no llamar mucho la atención por temor a que los guardias de seguridad se dieran cuenta de que estábamos allí sin permiso.
Andrés, en medio de su nerviosismo, se paró en el pasillo, le pidió a “The Boss” que le diera unas palabras, este aceptó, pero nuestro compañero, en medio de su nerviosismo, trató de desenredar los cables de su micrófono y audífonos que tenía pegados a la grabadora portátil.
Mientras lidiaba con esa maraña de cables, Springsteen lo miraba sonriendo.
Al final, Andrés consiguió unas palabras y un saludo para la emisora, pero claramente ninguno de nosotros estaba preparado para ello.
Antes de recibir al invitado hay que revisar micrófonos, audífonos, niveles, grabación de respaldo y conectividad. Si la entrevista es remota, se debe comprobar la plataforma y procurar que el artista tenga un lugar razonablemente silencioso.
Siempre hay que tener todo listo, probado y chequeado. No hay investigación ni estrategia que salve una grabación saturada, un micrófono apagado o una conexión que se cae constantemente.
También es indispensable confirmar la pronunciación de su nombre. Pronunciar mal el nombre de una celebridad durante toda la entrevista no solo es incómodo. Revela falta de preparación.
Otro detalle importante es explicar antes de comenzar si la conversación será en vivo, grabada, transmitida en video o utilizada posteriormente en redes sociales. Lo que parece obvio para la emisora puede no serlo para el invitado.
La producción técnica no es un asunto separado del contenido. Cuando falla, termina afectando la confianza, el ritmo y la calidad de las respuestas.
- Terminar con una pregunta débil y desperdiciar el material
Después de una conversación interesante, muchos locutores cierran de la misma manera: “Envíeles un mensaje a todos nuestros oyentes”. El artista agradece el apoyo, invita a escuchar su nuevo trabajo y la entrevista termina igual que miles de entrevistas anteriores.
Eso es desaprovechar una buena oportunidad. El cierre merece tanta preparación como la apertura. Puede preguntarse qué le gustaría que el público entendiera mejor sobre él, qué cambió en su manera de trabajar, qué consejo se daría a sí mismo al comienzo de su carrera o cuál es la pregunta que nadie le ha hecho durante la promoción.
No existe una fórmula única, pero el cierre debería dejar una última idea, una historia o una emoción.
Además, hoy una entrevista no termina cuando se apaga el micrófono. De allí pueden salir fragmentos para redes, titulares para el sitio web, un video breve, una versión extendida para pódcast o material promocional para la emisora.
Eso exige pensar desde el principio cuáles momentos podrían funcionar fuera de la transmisión original, sin convertir toda la conversación en una búsqueda desesperada de frases virales.
Conclusión
Una entrevista con una celebridad no debería sentirse como un interrogatorio ni como una ceremonia de admiración. Tampoco como una lista de preguntas promocionales aprobadas por un representante.
Más bien, debe sentirse como una conversación que tiene dirección. Al final, una buena entrevista no se mide por el número de fotografías que el equipo logró tomarse con la celebridad ni por la cantidad de veces que el artista mencionó el nombre de la emisora.
Una buena entrevista realmente se mide por algo mucho más sencillo: que el oyente haya conocido una historia, una idea o una faceta del personaje que no esperaba encontrar.
La celebridad puede atraer al público hacia el contenido, pero es el entrevistador quien decide si valió la pena quedarse. O no regresar, porque uno de los locutores le dio una palmada en la nalga…

Tito López hace radio desde 1975 y ha creado formatos radiofónicos exitosos en Colombia, Portugal, Chile, Panamá y Costa Rica.
Es coach de talentos, intérprete de investigaciones de audiencia, productor, blogger, libretista y conductor de programas de radio.
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