Alguna vez te has preguntado ¿cuánto vale realmente un locutor para una emisora? Y no, no estoy hablando sobre sus capacidades para conducir un programa, improvisar frente a un micrófono o hacer una buena entrevista, sino al valor que día con día se está generando para el negocio. Muchos ejecutivos dirán que es trabajo de los comunicadores dar buenos números, sin embargo, la excelencia debería ser incentivada.
Pensemos particularmente en los locutores que día con día proponen temas que salen de lo convencional, y además, logran que las personas escuchen su programa y comiencen a participar a través de distintos medios como WhatsApp o redes sociales. ¿Ese locutor debería obtener el mismo salario que uno que prácticamente sólo se dedica a leer datos curiosos y presentar canciones?
Si un locutor es popular, y con base en esto la emisora comienza a vender más publicidad en ese turno específico, ¿no se debería reconocer económicamente ese valor que al final ya se está monetizando?
También hay argumentos en contra, como: La audiencia no crece exclusivamente por el locutor, ya que, detrás de una frecuencia hay programadores, anunciantes, productores, y una estructura compleja que hace que un turno al aire funcione.
Si la audiencia es uno de los activos más importantes de una estación, ¿qué valor debería tener el talento que logra atraerla, mantenerla y generar una relación constante con ella? Tal vez sea momento de preguntarnos si esa aportación también debería reflejarse en la remuneración del locutor.
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