Construir una voz con identidad propia no es solo un asunto de técnica vocal, sino un proceso que combina autoconocimiento, constancia y hábitos bien definidos. En un entorno saturado de estímulos y mensajes, diferenciarse se vuelve una necesidad para quienes buscan comunicar con autenticidad y dejar huella en su audiencia.
Uno de los primeros hábitos esenciales es la escucha activa. Prestar atención a otras voces, estilos y narrativas permite identificar qué resuena contigo y qué no, para así construir un estilo propio sin caer en la imitación. A la par, la lectura constante amplía el vocabulario, fortalece la estructura del discurso y enriquece la manera de expresar ideas, elementos clave para lograr una comunicación clara y atractiva.
La práctica diaria también resulta fundamental. Hablar en voz alta, grabarse, analizar los errores y corregirlos ayuda a ganar seguridad, mejorar la dicción y encontrar un ritmo natural. Este ejercicio, además, permite reconocer matices emocionales y aprender a utilizarlos de forma estratégica para conectar con quien escucha.
Otro hábito clave es el cuidado de la voz. Mantener una buena hidratación, descansar lo suficiente y evitar esfuerzos innecesarios contribuye a preservar la salud vocal, indispensable para sostener un desempeño constante y de calidad. Sumado a esto, trabajar la respiración y la postura corporal favorece una emisión más estable y potente.
Finalmente, el autoconocimiento es la base de todo. Entender quién eres, qué quieres comunicar y desde dónde lo haces, permite que tu voz refleje tu esencia y valores, creando un vínculo auténtico con la audiencia.
En un mundo donde todos hablan, ¿Qué estás haciendo hoy para que tu voz sea verdaderamente única?
Esta nota fue realizada por Alpha González, Lic. en Periodismo por la EPCS, con experiencia en la cobertura de la industria de la radio y los medios de comunicación.















