Si entiendes al oyente triunfas en radio

No somos tan especiales como creemos. La gente puede vivir sin radio. Nosotros no podemos vivir sin ellos.

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Ellos no trabajan en radio como nosotros. Solo la disfrutan.

Uno, como radiodifusor, enciende el radio en su receptor, en su celular, en su computadora portátil. No importa cuál emisora sintonice: inmediatamente sale a flote nuestro instinto radiofónico.

¿Están programando buena música? ¿El locutor habla demasiado? ¿Por qué hicieron un ‘bache’ entre dos canciones? ¿El break de comerciales estaba demasiado largo? ¿Le hacen falta más bajos al sonido? ¿A la gente le habrá gustado la broma que acaban de hacerle a un oyente? ¿Está muy bajita la señal y se escuchará bien la emisora en toda la ciudad?

Son muchas las preguntas que aparecen de repente en nuestras mentes educadas para escuchar radio de manera crítica.

Sin embargo, ¿cómo escucha radio un oyente normal?

Hagamos el siguiente ejercicio: Cuando alguien entra a su habitación y está oscura, se dirige al interruptor y enciende la luz. No se necesita ser muy inteligente para hacerlo. De hecho, lo hace de manera automática y no se da cuenta. Es algo inconsciente.

Ahora pensemos en una persona que trabaja en una empresa de iluminación de espacios quien llega a su habitación oscura y la luz está apagada. Seguramente tratará de activar el interruptor, pero es posible que en ese momento piense: “No está bien ubicado. A lo mejor debería estar en la otra pared, junto a la puerta”.

También es posible que se dé cuenta de que la intensidad de la luz no es la mejor. “Debería poner una bombilla de 60 watts para iluminar mejor el rincón donde está la mesa de noche”.

Por ser una luz fluorescente se da cuenta de que parpadea un poco y comienza a preguntarse si será que el tubo ya está a punto de fundirse o si es un problema del balasto o del ignitor.

Podría seguir extendiéndome en este ejemplo, pero a esta altura ya espero haber explicado mi punto.

La gente, la mayor parte del tiempo, no es consciente de que está escuchando radio. Ellos no piensan en radio todo el tiempo, como nosotros.

Regresando al primer ejemplo, la persona que entra a su habitación es posible que además de encender la luz luego tome el control remoto y encienda el televisor, o en lugar de ello encienda su radio.

Pero no se queda ahí, sino que abre su maletín, saca su laptop, lo enciende y empieza a trabajar en su proyecto para el día siguiente.

La música comienza a sonar, entonces le baja un poco el volumen al radio y se desentiende de él, pues está concentrado en su trabajo.

Con todo lo anterior sólo quiero decirles que la gente no escucha radio como nosotros. A ellos no les importa. No es una prioridad. No están pendientes de lo que hacemos. Es un ‘ruido de fondo’ que acompaña y llena el ambiente. Y, sí: es un hábito. Muchas veces prendemos el radio y ni nos damos cuenta.

Obvio, hay emisoras de noticias y de temas polémicos y de opinión. Allí la gente sí está atenta. Igual sucede con los programas de humor. Pero con las emisoras musicales, el comportamiento del público es diferente.

Por lo anterior, es importante que aterricemos. Que no nos debemos molestar si alguien llama a la emisora a pedir la canción que sonó hace sólo 10 minutos, o que quiere saber cómo participar en un concurso que ya pasó, o a quejarse porque a esta hora no están pasando un programa de complacencias, o porque nos confundió con otra emisora.

Pero lo más importante: ¿qué podemos aprender de todo esto?

  1. Tenemos que definir qué queremos que la gente espere de nuestra estación. ¿Es una emisora ‘ambiental’, para escuchar de fondo? ¿Es una emisora de contenidos interesantes, que requieren atención? ¿Es una emisora participativa, con gran interacción con el público?
  2. ¿Qué estamos haciendo para llamar la atención? Recordemos que la mayoría de mediciones de radio en la actualidad dependen de la recordación, y si somos demasiado pasivos, no nos van a reportar en la encuesta. Esto no significa ‘marcar’ o ‘pisar’ cada canción 5 veces, sino producir contenidos relevantes.
  3. ¿Estamos mostrando la marca adecuadamente? ¿Nos estamos concentrando en una sola idea en cuanto a promoción, o estamos entregando demasiados mensajes que pueden acabar de confundir al oyente?
  4. ¿Nos estamos cansando demasiado pronto de la música que tocamos? Claro, estamos todo el día en la emisora, y cuando salimos la seguimos escuchando. Somos gente de radio y nos cansamos muy pronto de las canciones. Pero el oyente sólo nos escucha por un rato, y cambia de emisoras, así que no se cansa tan rápido de las canciones que repetimos.
  5. ¿Estamos abusando de efectos, ruidos y otros elementos de producción en el ‘vestido’ de la emisora? El oyente no está pendiente de si nuestra producción usa reverberación, explosiones, delays, láseres, etc. Sólo quiere escuchar buenos contenidos, sin cosas que lo molesten. Lo que a nosotros nos parece una “buena producción” puede ser molesta para el oyente. Esos detalles pasan inadvertidos para un oyente.
  6. ¿Nadie llama? ¿Nadie interactúa en redes? Creemos que porque trabajamos en radio, nuestro público está pendiente de participar. Pues no es así: si usted está en una oficina, en la universidad, en el transporte o en la calle, mire a su alrededor. ¿Acaso ve a alguien llamando a una emisora? Claro que no. Bueno, es que la gente tiene una vida.
  7. ¿Llamamos la atención del oyente acerca de lo que viene más adelante? ¿Nos aseguramos de que se den cuenta de que lo que viene es entretenido, relevante, importante?
  8. ¿Somos capaces de romper la rutina del oyente con contenidos llamativos? ¿Podemos crear en ellos la sensación de que si no nos escuchan con atención se pueden perder de algo importante?
  9. ¿Cada que lanzamos una canción, nos aseguramos de recordarle al oyente quién la interpreta y cómo se llama? ¿Estamos recordándoles que nosotros fuimos los primeros en pasar esa canción?
  10. ¿Se molesta porque confunden su nombre con el de un locutor de otra emisora? ¿Saca una llamada al aire y la gente menciona el nombre de su competidor? ¿Le piden canciones que no están en programación? Debemos asegurarnos de identificar la emisora, los locutores y las canciones tanto como sea posible.
  11. ¿Estamos rotando la música correctamente? ¿Los éxitos se repiten lo suficiente? ¿Nos aseguramos de que las canciones más viejitas no suenen todos los días a la misma hora? Muchas veces la gente se queja de que repetimos mucho las mismas canciones, y el problema puede estar en que suenan siempre en la misma franja horaria.

Conclusiones:

Lo normal es que les echemos la culpa a los oyentes. Decimos que son brutos, tontos. Nos molesta que nos confundan con otros y que no entiendan todo lo que hacemos en nuestra emisora.

Pero ellos no tienen la culpa. Ellos no trabajan en radio como nosotros. No les importa nuestro trabajo, así como nosotros nunca nos preocupamos por la forma como hacen el suyo los contadores, los plomeros o los arquitectos.

No somos tan especiales como creemos. La gente puede vivir sin radio. Nosotros no podemos vivir sin ellos.

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