¿Alguna vez te has preguntado sobre la trascendencia de tu trabajo en la vida de las personas? Particularmente, todos los que de alguna u otra forma nos hemos forjado en la industria de la radio tenemos en mente la voz particular de algún locutor que nos acompañó en los trayectos a la escuela cuando éramos niños, o de aquellos que simplemente decían frases que lograban conectar con nuestra alma y conseguir algo que todos anhelamos: causar una emoción.
Particularmente, de mi niñez recuerdo dos voces de la radio de la Ciudad de México: Adolfo Fernández Zepeda, porque era uno de los locutores que mi padre escuchaba, y Sofía Sánchez Navarro, porque me encantaba la forma en la que se dirigía al público joven. ¿A qué locutores recuerdas de tu infancia o adolescencia?
Tengamos en mente que la radio se vuelve parte cotidiana de las personas, por lo que, dependiendo del momento del día en que estés al aire y del contenido que ofrezcas, será indispensable que logres pasar de ser un presentador genérico de canciones a un locutor que ha sabido construir un legado a través de mensajes contundentes e importantes.
Construir un legado en la mente de una generación, en ocasiones, ni siquiera tiene que ver con los ratings, sino con la forma en la que hiciste sentir acompañada a una persona cuando tuvo un día difícil, cuando se sentía sola o cuando recibió una muy buena noticia que le cambió el día.
El punto esencial al que quiero llegar es hacerte reflexionar sobre que, detrás de cada voz que sale al aire, existe la posibilidad de formar parte de la historia personal de alguien más. Ser locutor es desnudar el alma al micrófono. En la medida en que logres hacer esto de manera auténtica y con mensajes poderosos, empezarás a quedarte en la mente de los oyentes.
¿Qué estás dispuesto a cambiar de tu forma de locutar con tal de convertirte en la voz de una generación?
















