Opinión
El martes pasado en la Ciudad de México, específicamente en el Palacio de los Deportes, se llevó a cabo el concierto de la llamada ‘Voz de la Generación’, es decir, la cantante Christina Aguilera. Ese mismo día por la noche las redes sociales explotaban por la polémica de todo lo que significó ese show y lo decepcionados que quedaron algunos fanáticos.
Tuve la oportunidad de presenciar el show y realmente dejó mucho que desear, empezando con el inicio una hora tarde del mismo. A eso se le suma que el espectáculo sólo duro una hora exacta, el escenario estaba cubierto por unas bolsas plásticas transparentes que daban muy mala impresión, la artista cantaba canciones incompletas y muchas de las partes prefería dejárselas a sus coristas, entre muchas otras desavenencias. Es importante señalar que los precios para el evento rondaban los 6,000 y los 1,200 pesos mexicanos, es decir, entre 340 y 70 dólares.
¿Quién protege al público mexicano ante este tipo de cosas?
Es importante contextualizar que actualmente la mayoría de los artistas, brindan shows que van entre la hora cincuenta minutos, hasta las tres horas. ¿Es válido quejarse en este contexto?
También, quienes conocemos la industria del entretenimiento, sabemos que la empresa que trajo a la artista firmó un contrato, en el que, de antemano se especificaron tanto la duración del show, como toda la producción que se instalaría, y aún con esto, se aceptó el acuerdo. ¿Hasta qué punto las empresas de entretenimiento están dispuestas a dejar de lado su afán de obtener dinero a costa de lo que sea? ¿Hasta qué punto el público está dispuesto a seguir pagándoles un boleto a estas empresas que realizan acciones abusivas contra los fanáticos?
A veces considero que estas compañías de entretenimiento están ‘sentadas en sus laureles’, pensando que la gente les va a seguir consumiendo al precio y costo que sea. Realmente creo que, aunque hay una avidez de entretenimiento en vivo, los consumidores no son tontos, y nunca se les debería tratar como tal. Puede que, por ahora, el negocio parezca que va en viento en popa, pero las personas también se cansan de obtener precios altos, venues sin mantenimiento, y conciertos que no valen lo que cuestan.
Justo el miércoles por la mañana que estaba toda esta polémica en redes, me pregunté: ¿hasta que punto estas empresas necesitan que el gobierno las regule más para que se deje de violentar a los consumidores? Cabe señalar que el entretenimiento en México no tiene regulaciones tan estrictas, sin embargo, las circunstancias están haciendo que las autoridades se metan en este tipo de negocios.
Por ahora, en redes sociales ya se leen quejas buscando la intervención de la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), ya que, en la página de la boletera decía que la duración del evento sería de aproximadamente 120 minutos.
¿Consideras que debería haber regulaciones más estrictas en todo lo que respecta a entretenimiento en vivo, al menos en México? Opino que sí, es momento de que paren las prácticas abusivas contra los consumidores.
















