¡Conviértete en el mejor contador de historias de tu emisora!

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La gran satisfacción de hacer un buen turno no se compara con nada...

Debes comenzar con la forma en que cuentas la historia, tu entrega, y lo más importante, que sepas a dónde vas cuando comienzas a narrar la trama. Se trata de utilizar palabras descriptivas, del ritmo con el que se cuenta la historia y de que tú, como narrador, entiendas el mensaje en su esencia. Se trata de mucho más que la simple lectura de letras en una página.

Toma en cuenta que las historias, cuando se cuentan con fuerza y de forma descriptiva, son más cautivadoras, memorables y fáciles de compartir con los demás al repetirlas y las mejores son las que se pueden visualizar.

Recuerda que si vas a contar una historia con guión, empieza por entender las palabras de la página:

  •  No leas en voz alta las letras de una página. 
  • Lee las palabras y piensa en ellas antes de encender el micrófono. 
  • Piensa en la historia y en lo que significa y luego cuenta esa historia.

Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí. Piensa que el propósito de este ejercicio es enganchar a tu oyente y mantenerlo durante toda la historia.

A las personas les fascina que les narren una buena historia, así que contarlas es algo que casi todos hacemos de forma natural, desde una edad muy temprana. Pero hay una diferencia entre una buena narración y una gran narración. No se trata del número de palabras. Se trata de la entrega y la elección de las palabras utilizadas.

Contar historias es la clave de la comunicación en los medios de comunicación. Ya sea en el aire, en un podcast, durante un noticiario, un programa deportivo, un vídeo de YouTube, sea cual sea la plataforma y esté donde esté.

Cuando cuentes una historia sé eficiente, no breve. Piensa en ello como una plática con un amigo, simplemente comunícate como lo harías si te cruzaras con alguien en la oficina o la calle. 

El tono y el ritmo con el que se cuenta una historia son importantes para que el público la escuche:

  • Más rápido para la emoción. 
  • Más lento para acentuar la tensión. Pausa para llamar la atención.
  •  Adapta tu discurso a la emoción que quieres evocar en el público.

Las grandes historias tienen una estructura y un propósito claros. ¿Cuál es la emoción que quieres que sienta el oyente al escuchar tu historia? ¿Por qué tienes que contar esta historia en particular? ¿Qué es lo que sientes dentro de tu alma y de lo que se alimenta tu historia? ¿A qué propósito mayor sirve la historia? ¿Qué lección enseña? ¿Cómo quieres que se sienta el oyente?

Las grandes historias apelan a nuestras emociones más profundas: ira, asco, miedo, alegría, tristeza y sorpresa; también, son sorprendentes e inesperadas. Lo que hace que una historia sea convincente es que nuestras percepciones de nuestra realidad sean desafiadas y nos obliguen a cuestionarnos a nosotros mismos y a nuestra perspectiva. Por otra parte, son sencillas y centradas. 

Esta nota fue realizada con base en un artículo publicado por Mike McVay a través de Radio Ink.

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