Vidas en la radio: Raúl David Vázquez “Rulo”

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Fue también ahí que descubrí mi amor por la radio, porque más allá de una forma de ganarme la vida —la verdad no me pagaban lo suficiente— era algo que hacía por amor.”

Raúl David Vázquez, mejor conocido como “Rulo”, ha sido conductor de radio, columnista, editor y crítico musical. Conocido sobre todo por su ciclo al frente del programa El fin del mundo II en Reactor 105.7, dice que no lamenta su decisión de haber renunciado a la célebre emisión porque ahora tiene más tiempo para sacar a su perro. Además, “la gente se está yendo a otras partes a buscar música”, comenta. “Claro, la radio no va a desaparecer como no desapareció el teatro, ni lo hizo la radio cuando llegó la televisión; simplemente me parece que ahora hay muchísimas personas que van a llegar a la música por otros canales que no son la radio, y ya lo estamos viendo. El crecimiento en el número de usuarios de Spotify en México es impresionante”.

Entrevistador de grandes personalidades, él mismo se muestra impaciente y gruñón con la entrevista (“la verdad es que tengo muy mala memoria”), da la contra, respira hondo para hacer acopio de paciencia y se agita cuando habla de los temas que, sin embargo, lo hicieron conocido en su programa. “No me interesan los charts (… ) no me interesa el virtuosismo (. .. ) no veo ninguna tendencia en la música ) no tengo la menor idea de por qué me corrieron de WFM”, refunfuña el ex locutor cuya principal ocupación ahora es la edición de Frente, un quincenario donde ha reunido a un buen número de colaboradores y donde se desglosa la oferta cultura de la ciudad más grande del mundo.

Juguetes radioactivos

Raúl nació en el Distrito Federal en 1973. “De chico crecí en Tlalpan, luego en la colonia Contreras y finalmente en la Condesa. Creo que me empezó a gustar la radio como a los diez años. Oía a grupos como Van Halen y Quiet Riot, era lo que escuchábamos la gente de nuestra edad». Sin embargo su entrada a los medios no fue por la radio, sino a través de la escritura. Comenzó a trabajar en 1991 en Eres, una revista de espectáculos, moda y música, a la edad de 18 años. Un año después se convirtió en el editor de la sección de música. “Aprendí sobre la marcha, trabajando, desde cómo redactar un texto hasta cómo lidiar con disqueras, managers y artistas. Fue una gran escuela”.

La radio llegaría un poco más tarde. Se dirigía a hacer una entrevista cuando en el trayecto se encontró a José Enrique Fernández, el director de programación de una nueva estaciÓn dirigida a los jóvenes, llamada Radioactivo. Radioactivo había iniciado operaciones en 1993 para llenar el vacío creado por la salida de González Iñárritu y su equipo de la WFM. “Yo creo que le parecí simpático”, ironiza, “y me dijo que iba a empezar un nuevo programa que se llamaría El mañanero, y que si queria entrarle. Pensé que me estaba choreando, pero le dije que sí. Así empecé. Entré a Radioactivo en 1994. Al principio la alineación original éramos José Enrique Fernández, Jaime Camil y yo. En 1999 fui director de programación. Fue una estación muy importante y llegó a estar en el tercer lugar del D.F., lo cual es heroico; un proyecto alternativo contracultural que sin embargo tuvo mucho éxito. Tuvo voces emblemáticas como Lalo Rubio, Fernanda Tapia, Jordi Soler, Sopitas. Programábamos música alternativa, electrónica, hip hop y rock que difícilmente sonaba en otras estaciones”.

A pesar de contar con una sólida base de seguidores y de haberse ganado un sitio como una de las mejores estaciones de rock de la capital mexicana —por sus instalaciones circularon artistas como Metallica, Oasis, Red Hot Chilli Peppers e incluso los Stones— , Radioactivo terminó su ciclo nueve años después de su fundación, precipitada cuando el grupo empresarial Ángeles compró el Grupo Imagen. Sus decepcionados radioescuchas, se cuenta, marcharon en señal de protesta del Auditorio a la estación para protestar. “Radioactivo cerró porque cambió de dueño”, explica Rulo. “Después de un año el grupo Ángeles cerró la estación para poner una de noticias porque iba más de acuerdo con sus intereses políticos. Estuve seis meses trabajando en otras cosas y después me buscó el IMER, a mí y a un par (de locutores) que estábamos en Radioactivo para ver si nos interesaba hacer una nueva emisora en el 105.7 FM, el espacio que históricamente había ocupado Órbita”.

“Órbita estaba en decadencia, tenía muchos años sin recuperar su antiguo éxito y decidieron renovarla; para eso nos llamaron, para hacer Reactor en la misma sintonía”. Ésta comenzó sus transmisiones el 12 de noviembre de 2004 con una selección que incluía rock, reggae, hip hop y heavy metal. En las similitudes entre esta última y Radioactivo —desde el nombre, hasta la programación y el equipo de locutores— muchos quisieron ver una continuación. Sin embargo, trabajar en el sector público fue, en opinión de Vázquez, una experiencia distinta que al final le dejó un amargo sabor de boca. Era algo completamente diferente. Te tienes que adaptar a que eres un servidor público y eres responsable de cómo se usan los recursos, en qué usas la frecuencia; las responsabilidades en ese sentido aumentan notablemente. Fue también ahí que descubrí mi amor por la radio, porque más allá de una forma de ganarme la vida — la verdad no me pagan lo suficiente —, era algo que hacía por amor. También encontré a gente muy capaz”.

El fin del mundo

En el IMER, escribe Perla Guzmán en el Diario de México, “Vázquez (…) logró, en el tiempo que estuvo al frente del programa matutino ‘El Fin del Mundo’ y ‘Antisocial’ que las artes visuales, escénicas, la cultura y la contracultura convergieran a través de los productores y creadores de dichos rubros, además de dar un rostro nuevo al rock producido en México”. “Yo llegué y empecé a hacer un programa de cuatro horas en la mañana”, interviene Raúl, “de siete a once, que se llamaba Antisocial. Después de unos tres años hubo un reacomodo y el programa que quedó en la mañana se llamaba El Fin del mundo, y yo me junté con otro locutor que se llamaba Paella. No tuvo mucho éxito, regresé a la mañana con Julio y decidimos ponerle El fin del mundo II. Luego se fue Julio y me quedé yo solo. Era un programa al que podían ir muchas personas a charlar con nosotros. Cuando no había invitados y nada que decir, dejábamos que la música hablara. Un día iba Juan Villoro, otro día Noel Gallagher, Jorge Ramos, muchos escritores, artistas visuales, cocineros, grupos de rock de México y grupos internacionales. Tenía una sección con Mary Campos de periodismo, una de letras con Diego Rabasa, una de cine con Edith Quezada, es decir, se juntaban muchas expresiones culturales con el rock, no como estilo musical sino como una actitud que te hace imaginar otras posibilidades”.

A finales de 2013, Vázquez anunció su salida del programa El fin del mundo y del IMER. “Me aburrí, la estación se quedó sin gerente y quedó la incertidumbre de quién iba a llegar. A mí no me interesaba trabajar en un barco sin dirección. Se veía venir un cambio de estilo, de políticas. Estuve como un año después de que nombraron al director del IMER y nunca se dio una vuelta por las estaciones. Yo tenía el programa más escuchado, El fin del mundo, y nunca fue para saludarnos o recibimos, para preguntarnos si íbamos bien, mal, o cuando para decirnos que éramos unos idiotas. Es decir, hubo una indiferencia e indolencia absolutas. Trabajar en esas condiciones me dejó de interesar. Luego mi jefe consiguió un trabajo como director artístico en Warner Music y no querían nombrar a nadie. Al final acabaron trayendo una persona sin ninguna experiencia. Ya intuía que venía algo medio pinche, y tuve razón”, decreta Raúl David a quien, por cierto, la revista Playboy, invitó a hablar durante una entrevista de su fama de “huraño y prepotente”. Él dice que sólo lo consume la timidez. “Soy tímido, no mamón. No sé qué responder”.

Su último trabajo en el medio fue en el noticiero Así las cosas, en W Radio, que comenzó en agosto de 2014, con Martín Hernández y Francisco Alanís “Sopitas”, y concluyó en mayo de 2015. “Estaba produciendo el noticiero de la mañana”, rezonga Rulo, “pero no les gustó a mis jefes y me despidieron”.

Periódico Frente

Por lo pronto, tiene sus ojos bien puestos en la dirección de “Frente”, un periódico dirigido a los amantes del cine, la música, la literatura y las artes visuales que comenzó como semanario. En la actualidad, ofrece cada quince días sus páginas a una población ávida de conocer la oferta cultural de su ciudad. Vázquez explica que, mientras estuvo en la radio, nunca dejó de interesarse en el mundo editorial. Después de la revista Eres escribió una columna para Récord, colaboró en La mosca, en El Universal y en Código, entre otras, además de que como editor se hizo cargo durante varios años de una revista llamada RIR. Sobre su nuevo proyecto, dice: “A mí me hacía falta un periódico como Frente, es decir una guía como las que existen en otras ciudades del mundo de manera gratuita; (una publicación) que me ayudara a navegar entre la oferta cultural y del entretenimiento. Con esa premisa nace Frente, que lleva más de cuatro años y ahí va. Pertenezco a los dos mundos (a la radio y a la industria editorial), no sé cómo medir qué soy más o qué soy menos. La radio por un lado te da unas recompensas inmediatas, que pueden resultar engañosas”.

Sobre la situación actual de la radio, uno de los locutores más conocidos de rock de la capital mexicana tiene una visión entre cínica, realista y protestona. Casi pudiera formarse una colección de citas de quien bien pudiera ser el Dr. House de la radio. “Salvo Zoé y unos cuantos, el rock no existe para la radio comercial, no es algo que le interese a las disqueras”, comienza. “Las prioridades de la radio no son los grupos de rock, son Lady Gagas o Kate Perry o Paulina Rubio: jamás, jamás un grupo de rock”. Pero a pesar de embanderarse en el género considera que los grandes hitos de la música mexicana en las últimas décadas son el álbum Recuerdos II de Juan Gabriel y Romance de Luis Miguel. Aún más, sobre el hecho de que las jóvenes bandas de rock le llevaran discos a Reactor para que los escuchara, con la esperanza de que los tocara, repone: “Ni modo de que (un programador) oiga todos los discos que le lleguen y los vaya poniendo el orden, eso no le ayudaría a nadie. No hay de otra, ni pedo”. Le entusiasma Café Tacuba, al que considera “de calle” el más completo grupo de rock de México, aunque la banda se haya deleitado en casi cada surco de sus álbums a jugar con el ska, el hip hop, la regional mexicana y el bolero. Le gusta mucho el primer álbum de La Maldita Vecindad, y considera que su primer disco es el mejor álbum de rock de México, porque, declara el enamorado confeso del D.F., “es un disco de mi ciudad, de mis calles. Desafortunadamente”, acota, “La Maldita sólo tiene un gran disco. o uno

y medio. Finalmente, me parece que Botellita de Jerez también es fundamental; todo lo vino después tiene una gran deuda con esa banda”

Raúl, que alguna vez musicalizó como DJ aficionado lugares como Nicole, el Galaxy y El Imperial, “para oír las cosas que a mí me gustaba escuchar”, tiene un último deseo, y es que el hip hop, un género que admira, tuviera más reflejo en la radio mexicana. “Siento que es el lenguaje de los jóvenes en el mundo, no sólo la parte de la música, sino la forma de expresarse, de vestirse. Lo ves en la publicidad, lo ves en la NBA; sin embargo, en México ha tenido problemas para entrar. Lo hizo en su versión tropical, que es el reggetón, y me gustan algunas cosas, se me hacen interesantes, pero me gustaría que hubiera otros caminos para que los raperos nacionales pudieran tener canales exitosos en México”. Tal vez suceda. Pero quizá algún programador aventado deba escuchar los demos que lleguen a su cabina.