Vidas en la radio: Gabriel Roa

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Escuché un anuncio que decía que si querías ser locutor, fueras a hacer un casting. Me fui por cierto con mi traje de primera comunión.

De niño, Gabriel Roa aprendió a ganarse la vida dándole cosas frías a la gente, sin chistar ni un segundo. Pero no porque uno de los locutores más populares de la capital mexicana tenga un corazón duro, sino porque su primer trabajo consistió en ayudar a su papá a vender helados y paletas. Afortunadamente, aprendió a  hacer la otra parte, y por supuesto lleva más años en ello: entregar lo más cálido de sí. El actual director artístico de «La Z» —con su Roa Show en el nivel de rating más alto de la radio nacional — comenzó a trabajar vendiendo helados en el negocio familiar. Pero como conductor de su propio show matutino de siete horas, ha sabido ganarse el cariño de sus seguidores, gracias a su disposición de estar siempre ayudando. «La radio es mi gran pasión desde chico. Yo me acuerdo que cuando era radioescucha, quería que la gente que estaba del otro lado de la bocina me complaciera con canciones, atendiera mis solicitudes, que sintiera mis necesidades, Por eso, el compromiso moral, espiritual Y laboral que tengo conmigo mismo, es atender al público: ayudarles y tocar lo que ellos quieran, que sus locutores sean entretenidos y que cuando haya una necesidad, se atienda de inmediato».

Gabriel nació en 1975 en Almoloya de Alquisiras, en el sur del estado de México, en aquel entonces un poblado de menos de diez mil habitantes, pero que a lo largo de su historia dio varios héroes a la Guerra de Independencia —incluyendo a dos primos de Miguel Hidalgo— y muchos combatientes por la Revolución Mexicana. En su natal Almoloya, la familia Roa era trabajadora y sencilla. Desde chico Gabriel

Comenzó a ayudar a sus papás en el negocio de la familia. «Yo era un niño muy feliz muy

Jilguetón, mi entretención era jugar todas las tardes con mis amigos y con mis primos, Pero a los once comencé a ayudarle a mi papá a vender helados y paletas», recuerda.

Padre e hijo se iban en una camioneta a las comunidades y municipios vecinos, y fue de hecho ahí donde tuvo su primer contacto con el micrófono, anunciando los congelados productos. «Tenía claro que debía ayudar a mis padres», comentó en una entrevista de 2012, «y no pensaba en lo que los demás dijeran de mí; sabía de las carencias en casa y que vendiendo las paletas hacía equipo con ellos».

La segunda es la vencida

Desde muy pronto la radio tuvo impacto en su vida. «Mi primer radio era una radio grabadora que tienen mis padres. Ahí escuchaba las series de Porfirio Cadena, el Ojo de Vidrio. Era un radio de color gris con una sola bocina y su casetera, que estaba en la cocina de mi mamá. Cuando despertaba ya estaba Porfirio Cadena, antes de ir a la escuela. Recuerdo que me emocionaba cómo narraban los locutores, los efectos que hacían con las manos, con la boca; ahora ya los entiendo, pero entonces lo que encerraba esa caja de efectos era algo mágico».

 En Almoloya de Alquisiras, Roa estudió hasta la preparatoria, y al terminar a los 17 años, empezó a trabajar. La primera estación donde encontró una oportunidad estaba en Ixtapa de la Sal, una localidad a una hora de camino de su pueblo. La estación se llamaba «La I de Ixtapan», en el 1400 AM. «Escuché un anuncio que decía que si querías ser locutor, fueras a hacer un casting. Me fui por cierto con mi traje de primera comunión. No me quisieron a la primera; cruelmente, me dijeron que debería dedicarme, justamente, a vender paletas, no a la radio; sin embargo, al segundo intento —ya sin traje— me aceptaron. En aquella emisora hacía de todo, pero como era menor de edad no podía trabajar formalmente, así que estuve haciendo prácticas durante un año. Posteriormente, en 1995, me fui a Radio Lobo 790 AM en la ciudad de Toluca, donde comencé a trabajar a los 18 años. Empecé cubriendo vacaciones y ausencias de otros locutores; era una etapa de muchos nervios, emoción y adrenalina, siempre con el objetivo de entretener al público , de presentar canciones , de ponerse en un pedestal para que la gente escuchara a un locutor diferente».

En Toluca coincidió con su amigo Julio César Ramírez, actual director de Las 40 Principales. «Julio César estaba en la estación El y Ella y yo en Radio Lobo, y cuando él se fue a la Ciudad de México, me hizo el favor de jalarme a la Ke Buena y presentarme con Gabriel Hernández Toledano, el gerente de la emisora. El director era Gabriel Escamilla. Los dos me dieron el visto bueno y empecé mi época en la Ke Buena», explica. A dicha estación de radio, Gabriel llegó de locutor con el horario de diez de la mañana a una de la tarde, y de cuatro a nueve de la noche. Después de un año, tras haber alcanzado excelentes resultados en su estancia, supo que se había cumplido un ciclo. «La dejé en un primer lugar muy fuerte, con Gabriel Escamilla, con Antonio Zambrano, y un rating histórico». De ahí pasó a «La Z» de Radio Centro, en febrero de 1997, como locutor, y un año más tarde como director de programación. Ahí fue

donde conoció a su esposa. «Su oficina estaba como a tres de la mía», platicó Gabriel al reportero Poncho Lizárraga poco después de su enlace. «Ella era recién egresada de la Anáhuac de Ciencias de la Comunicación; pasé por ahí, se le cayeron unas velas que tenía en su escritorio, las recogí, la vi, me impactó, dije: ‘De aquí soy’”.

La Z: la casa de Gabriel Roa

Gahriel inició su carrera en «La Z» 107.3 FM en la Ciudad de México y llegó a la gerencia en 2012. Además de «La Descarga», un evento musical masivo, sin duda la parte más exitosa de su trayectoria —no sólo en Grupo Radio Centro, sino en su carrera— ha sido la creación y conducción del Roa Show, una revista matutina que cubre diversos temas y formatos, empezando con las serenatas —quizá el segmento más popular— de seis a ocho de la mañana, en el que las personas llaman para dedicar temas a sus seres queridos. «El proyecto nació porque en la mañana no existía ninguna Oferta radiofónica para que las personas expresaran sus sentimientos y sus emociones», comentó Roa en 2014. «Pensando en que la gente iba al trabajo, la idea fue hacerles más ameno el trayecto, y que escuchando las historias pudieran ponerle el alto un poquito a sus vidas y reflexionar que podemos ser mejores seres humanos. Y a fin de cuentas se logró: el programa está muy bien posicionado y es justo como vives esa parte de las emociones; no importa si estás en el microbús, en la combi o en el auto; el programa te hace reflexionar sobre qué caminos tomar».

El Roa Show incluye también una sección deportiva, los sonidos del ayer, información cultural y desde luego la parte musical. «El show nació en diciembre de 2012», recuerda Gabriel. «Estaba de vacaciones y Francisco Aguirre Gómez, que es el presidente de Grupo Radio Centro, me llamó para pedirme que preparara una emisión, que hiciéramos un morning show diferente de siete horas, que él ya había creado en Estéreo Joya con Mariano Osorio y en Alpha con Antonio Esquinca. Sin embargo, en el género regional mexicano no existía, en ninguna parte, un programa de esa duración.

Yo estaba renovando mi contrato y me pareció una magnífica idea: siete horas diarias los siete días de la semana, para que la emisora creciera tanto en popularidad como en ventas. Fue una acertada idea de Francisco. Antes traíamos entre 13 y 14 puntos de rating; ocasionalmente , en alguna rara ocasión, habíamos llegado a 15. Después del Roa Show, éste se disparó hasta 19 puntos, de acuerdo a Nielsen, y las ventas se triplicaron o cuadruplicaron. Fue una cosa

La radio socialmente comprometida

Una de las cosas que Gabriel disfruta más de su programa, según sus propias palabras, es la oportunidad de ayudar a las personas, sobre todo por medio de acciones de beneficencia, no sólo en la capital del país. Gracias a la emisión, por ejemplo, han realizado cien mil mastografías para mujeres de escasos recursos, tratamientos gratuitos de esclerosis múltiple, iniciaron una campaña para donar pelucas —de pelo natural— a personas que sufren cáncer y animado a los radioescuchas a donar su pelo para la causa. Sin embargo, no piensa que la radio socialmente responsable, activista, sea una novedad. «La radio siempre ha ayudado a la gente», opina. El locutor de «La Z» también recuerda con orgullo las veces en las que ha logrado influir en la reconciliación de muchas familias. «Entre mis mejores momentos al aire recuerdo haber reunido matrimonios que estaban a punto del divorcio, parejas que al paso de los años me llaman y me recuerdan que siguen juntos gracias a alguna canción o alguna palabra que yo les dije:Úna cosa muy emotiva que sucedió durante el programa de las mañanitas, fue cuando me llamó una persona para pedir serenata para su papá. Lo había querido hacer en vida, pero el señor ya había muerto; de hecho lo estaban velando en ese preciso instante. Su papá estaba tendido y ella le dedicó una canción al aire. Son cosas que me han dejado impactado».

 En 2014 fue incluido entre los 300 líderes más influyentes de México por la revista Líderes Mexicanos, en la categoría de Espectáculos. «Roa ha desarrollado un estilo especial de interactuar con sus seguidores diariamente», señaló la publicación, «apuntalado en la frescura, la alegría y el entusiasmo que deja fluir a través del micrófono, dirigiéndose al núcleo de la familia mexicana. El respeto y la honestidad a su audiencia, y una programación apegada a lo que el público quiere escuchar, 10 hace ser el número uno». 6 Hoy, con una audiencia cercana a las ocho millones de personas, seguramente entre las más amplias del mundo para un programa radiofónico, es consciente de que si algo caracteriza a la radio, es el cambio constante. ¿Cuál ha sido el más importante de los últimos veinte años? Roa piensa que es el relevo generacional. «Actualmente, la radio la manejamos los jóvenes, ése es el gran cambio. El público exigió ese relevo, que se ha presentado con mayor contenido». En cuanto a la parte musical, tiene también en claro que las tendencias las fijarán los propios radioescuchas, «(Aunque) la radio siempre ha sido la que crea los artistas, porque un artista sin radio no trasciende, el público será el que tenga la razón», afirma. «Sabemos que hay música para todos los sectores, para todos los gustos; hay grupos muy buenos en la música pop, (pero) el regional mexicano ha crecido muchísimo, con productos de calidad como La Arrolladora Banda Limón. En un momento lo hizo con mujeres, encabezadas por Jeni Rivera. El regional mexicano tiene nuevas bandas, nuevos éxitos, nuevos ídolos juveniles; sus artistas sacan un éxito y luego uno tras otro y otro. El pop pasó por una buena etapa, pero por el momento hay un gran abismo en las preferencias».

Una tercera tendencia que observa es la consolidación en grandes grupos o conglomerados radiofónicos, un fenómeno que, por cierto, indica la entrada a la madurez de una industria y que, muchas veces, abre las puertas a una mayor innovaciÓn• «Se han hecho algunas cadenas muy grandes, como MVS, Radio Centro, Televisa Radio, que en algunos programas se enlazan a nivel nacional, como es el caso de la Z». Con todo, «para mí lo más importante», dice Gabriel, «es que la estación esté muy bien publicitada, que nuestros anunciantes estén contentos al invertir. Tengo un gran equipo que ha puesto la estación con un rating de 19 puntos que jamás había tenido la Z, contra un segundo lugar de 9 puntos. Son diez puntos de diferencia; representan una cantidad inmensa de personas. Para eso tenemos que seguir trabajando. Siempre me he despertado a las cuatro de la mañana para iniciar el Roa Show a tiempo; mi día termina a las siete, o más tarde si hay juntas. Es un gran sacrificio, pero vale la pena», concluye.  «Como cuando era niño, me gusta complacer al que está del otro lado de la bocina, atender a la gente y darle al público lo que el público demande. Los radioescuchas siempre tendrán la razón».

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