Vidas en la radio: Julio César Ramírez

0
Julio César Ramírez

«Esta gente que hace la radio, hace magia.”

La fascinación con el número cuarenta está perdida en los orígenes de la historia. Muchos reyes de Israel tuvieron el poder durante cuarenta años. Uno de los requisitos en el judaísmo para poder estudiar la cábala era haber cumplido 40 años. Hoy se repite, con un poco de ilusión y escepticismo, que la vida comienza a esa edad, y el número de marras es, curiosamente, el más alto hasta el que alguna vez se contó en Plaza Sésamo. El interés por el cuatro y el cero, en nuestra cultura contemporánea, quizá sea más fuerte en la industria de la música. Que una canción ingrese al Top 40, es decir, a la lista de las más escuchadas y populares, significa la diferencia entre trascender y ser invisible.

Como formato, el Top 40 entró a Estados Unidos en 1951 , y en España Las 40 Principales apareció en 1966. «En 2016 la marca cumple cincuenta años» , comenta Julio César Ramírez, el director de la estación homónima en México. Al país, la franquicia llegó en 2004 y hoy está extendida por toda América Latina. «Cuando llegó a México, teníamos el compromiso de hacerlo bien, porque ellos siempre han sido líderes. Había que enamorarse de la marca, había que echarle muchas ganas, y sabemos que esa batalla nunca está ganada. Hoy, gracias al trabajo de mucha gente, gracias a la dirección que tenemos, la emisora lleva por lo menos siete años como líder en su género. Buscamos la actualidad, tener una buena oferta de entretenimiento para los jóvenes. Generamos contenidos divertidos para la gente joven, porque ya sabemos cómo estamos en este país; ya hay suficientes emisoras enfocadas en eso: las (malas) noticias. Nosotros queremos cuidar esa otra parte. El México que no debemos dejar morir. El México que es fiesta, en el que somos divertidos».

“Ellos saben algo que yo no…»

Julio César Ramírez es un joven reconocido por su entusiasmo detrás del micrófono, pero de carácter apacible cuando habla de su vida. Nació en una localidad llamada Tasquillo, en el estado de Hidalgo, y vivió con sus padrinos de bautizo hasta los quince años. “Somos una familia grande, tengo ocho hermanos. A pesar de tener a mi familia toda la primera parte de mi infancia, termine viviendo con ellos. Eso tuvo que ver, de alguna manera, con mi gusto por la radio; cuando yo tenía siete años mi padrino me regaló una radio. En esa casa había que pedir permiso para ver la televisión; era una familia con horarios estrictos, donde se desayunaba a las siete, se comía a la una y se cenaba a las siete; no era como hoy en muchas familias, que comes cuando te da  hambre. Veíamos televisión, pero también teníamos un horario. Fuera de ella, y con todas esas restricciones de horarios, aquel radiecito fue mi conexión con el mundo. A diferentes horas de la noche, con estática y todo, llegaba ese sonido maravilloso de la AM, y empezaba a imaginarme qué habría más allá de los cerros de mi pueblo».

Sobre los picos y valles que separaban la Ciudad de México de Tasquillo, donde no había ni una estación de radio, cruzaban las ondas de Radio Pantera hasta el pequeño radio que era como un tesoro para Julio César. Mucho antes de eso, comenta cómo su padre («una persona muy trabajadora, que ya murió») despertaba a la familia, en las primeras horas de la madrugada, con La T Grande de Monterrey. En su localidad natal estudió la primera y la secundaria, pero siempre con un oído pegado a la música que salía de su valiosa posesión. «Yo pensaba: Esta gente que hace radio sabe algo que yo no sé. ¿Cómo le atinan a la música? ¿Cómo saben que el fin de semana estoy contento? ¿Y cómo saben que en la noche el mundo es diferente? Seguramente es magia’. Era como si la radio supiera cuál era mi estado de ánimo. Con el tiempo entendí que se hacen estudios, que hay música que debe ir en diferentes partes del día, pero cuando era chico y no lo sabía, creía que era magia. Es más, lo sigo creyendo».

Primera estación

«El locutor tiene que ser un poco doctor, un poco payaso, un poco de esto y un poco de Io otro», explicaba al adolescente Julio César el locutor de la estación más cercana, a media hora de su pueblo. «Como locutor, le hablas a tanta gente que tienes que saber un poquito de todo» , remató. Esa manera de describir el trabajo a aquel joven con cara de sorpresa hizo que le llamara aún más la atención. Había acudido con su hermano Rubén, dos años menor que él, a ver la emisora. «Y claro» , seguía diciendo admonitoriamente el locutor que estaba a cargo en ese momento», no puedes abrir el micrófono y decir sandeces». Julio César recuerda el momento: «Obviamente no me dieron trabajo ahí, pero insistí en otra estación que se llama Radio Mezquital. Lo curioso es que en esa estación (la transmisión) era mitad en otomí y mitad en español, por la zona de Valle del Mezquital. El gerente , Pedro Norberto Téllez, en algún momento me dio la oportunidad de empezar a operar cuando alguno de los regulares se enfermaba. Ahí conocí a un personaje llamado Roberto Bravo, que venía de Pachuca, una persona experimentada, una voz tremenda, un talento enorme, y él es quien me empezó a enseñar sobre la radio. Él daba las noticias por la mañana y empezó a dejar que yo le operara; después me dio la oportunidad de dar la hora, luego los horóscopos, y después cosas más institucionales de su noticiero».

«Ahí estuve un tiempo, mientras terminaba la preparatoria. Cuando la concluí, me invitó a comer a una marisquería que estaba frente a la radio, y delante de los comensales. . . ¡Me despidió! Me dijo que no podía volver a pisar la estación. Íbamos bien, estábamos contentos, yo vivía feliz… y me corre de fea manera. Al final de la comida, yo con lágrimas en los ojos, me dijo:

— ¿Quieres saber por qué no puedes regresar a la radio?

—Por supuesto.

—Porque llegaste sin saber nada, y hoy eres la mejor voz que tenemos. Tú no naciste para quedarte aquí. Tienes que seguirte preparando, y a menos de que me traigas un comprobante de que sigues estudiando una carrera, no podrás poner un pie en la estación.

«Eso es algo que le voy a agradecer eternamente», reconoce Julio César Ramírez. «Así que me fui a estudiar al CREN, el Centro Regional de Educación Normalista en Pachuca, porque la mayoría de mis hermanos son maestros. Presenté el examen, afortunadamente lo pasé, pero sólo estudié seis meses en esa escuela, hasta que un día que llegué al cuartito que rentaba con una familia maravillosa, y escuché:

Corporación Pachuca te invita.

¿Te gustaría ser locutor en nuestras emisoras? Audiciones, próximo sábado.

«iAhí voy! Fui a hacer la audición; fui el número 113 y nos dividieron en dos bloques. Afortunadamente», dice con un guiño, «fui, vi y vencí”.

‘ 

En la casa embrujada

«Corporación Mexicana de Radio fue siempre una gran compañía. En ese momento habían abierto una estación FM de actualidad que se llamaba El y ella, en español e inglés, como muy fresa para su momento. Ahí conocí a un par de personajes maravillosos: Juan Manuel Larrieta, que había sido voz de 97.7, una voz  por cierto. Cuando me acerqué para decirle que había ganado la audición, pero que quería seguir estudiando, me dio un gran consejo: ‘César, yo soy contador, pero la radio me ha dado grandes satisfacciones, más de las que seguramente hubiera tenido como contador. No seas tonto; pide un permiso de seis meses en la escuela, prueba; si no te va bien aquí, pues sigues estudiando». César consultó con su papá, pidió el permiso en la escuela y se puso a trabajar de tiempo completo en la Corporación Mexicana de Radio, donde conoció a Raúl Audiffred Pinedo, su director. «El veía que yo quería sacar mi cabina siempre», recuerda; «tenía 18 años y me inventaba historias; un día terminó regalándome un libro sobre viajes espaciales».

«Viví dos años increíbles trabajando en esa ciudad. Aprendí muchísimo; la regué como todo mundo. Hay algunas historias divertidas. Recuerdo, por ejemplo, que una vez me invitaron a un evento; eran los primeros enlaces que iba a hacer. La inexperiencia me hizo tomar el micrófono (principal) del lugar donde se estaba llevando a cabo la presentación de una importante revista; había grandes personalidades. Entonces agarré el micrófono del recinto y no el de la estación y me puse a hacer mi enlace. ¡Todo se estaba oyendo en aquella discoteca! Aparte, fue en la mitad de la presentación, cuando estaban los socios, los dueños de la revista en el escenario, y feliz, parloteando. Todo el mundo se me quedó viendo. Casi me cuesta la chamba. Lo importantes es que viví dos años de aprendizaje muy interesante, escuché grandes voces,aprendí del cuidado de la producción, del vestido, la música, todo lo que va conformando una gran estación de radio, porque Él y Ella lo eran. Ahí estuve dos años y después me fui a Toluca. Primero llegué a vivir a un hotel y luego, a una casa embrujada donde me espantaron varias noches. Al principio no entendía por qué rentaban esa casa a tan bajo precio. Era bonita, espaciosa y grande, y solamente vivía una viejita. Tenía a tan alfombra de primera, muebles de primera, en fin. Las primeras noches no entendía  qué no dormía como muy cómodo, hasta que un día me jugaron con las luces, con P ventanas, hubo ruidos extraños. Subí corriendo a buscar a la viejita, que vivía en un cuartito del segundo piso, para decirle que me estaban espantando. Yo pensé que iba a decir que estaba loco, pero me dijo: ‘Bueno, enciérrame en esa habitación de ahí enfrente y atranca la puerta. Hay un Cristo en la pared. Ponte a rezar y luego te duermes”.

Un sueño hecho realidad

“En Toluca me casé, conocí a mi mujer, aprendí, pero yo todavía quería comerme al mundo y, como todos, tenía el sueño de llegar al DF. Afortunadamente, un día Juan Manuel Arrieta, un amigo que había conocido en Pachuca, me hizo una invitación. En México estaban buscando una voz para una estación que en ese momento se llamaba Estéreo 102. El director era Gabriel Hernández. Lo que hice le gustó y me incluyó como locutor de su emisora, donde estuve dos años. Después me fui a cumplir uno de mis grandes sueños: formar parte de Stereo 97.7 con Arturo Flores, uno de los personajes más importantes en mi carrera, porque además de ser un gran señor que me dio grandes oportunidades, es una fina persona».

Julio César trabajó durante seis años en lo que él describe como una de las etapas más maravillosas de su vida, y no es difícil entender por qué. «Cuando yo vivía en Tasquillo y estudiaba la preparatoria, tenía un amigo —hasta la fecha lo es— que, de todos nosotros, era el único que tenía dinero, porque los fines de semana se iba a trabajar como despachador de gasolina a México. Entre semana regresaba al pueblo y seguía estudiando. Él tuvo la posibilidad de comprarse un estéreo con LEDs, de esos que te hipnotizan, y de los cuales no había en mi pueblo. Vivía en una comunidad que se llama Candelaria. Para llegar había que cruzar el Río Tula en un puente colgante, y yo iba encantado los fines de semana porque ahí había una cosa maravillosa: en lo alto de esa comunidad entraba la señal de Estéreo 102 y de 97.7, ondas que ciertamente no entraban a mi pueblo. Y por eso yo me llevaba mis cassettes; de un lado grababa 102 y del otro lado grababa 97.7 , y eso era lo que oía en mi última etapa de la prepa. Hacía las tareas y oía a esos grandes locutores. Por eso, cuando tuve la oportunidad de trabajar ahí —de convertirme en la voz de 97.7— , fue como un sueño».

Las 40 principales

Tras cumplir un ciclo de seis años, César recibió una invitación de Ignacio Reglero —actual director de Televisa Radio— para lanzar Los 40 Principales en México. Doce años después de trabajar con la marca, Reglero le ofreció también ser director de las estaciones musicales de Televisa Radio. «Los 40 Principales fue un tema, una transición dura. Cuando cambiamos el nombre, la emisora se llamaba Box, un nombre cortito Y pegajoso. Los 40 Principales no tenía mucho sentido para México. En España era Originalmente un programa de fin de semana, un conteo, pero se volvió tan importante,

Y lo hicieron tan bien , que llegó a ser el nombre de la estación. Aquí también numeramos las canciones cada fin de semana, y todo el tiempo estamos pendientes de Io que pasa afuera. Ahora hay muchos más indicadores para saber qué es lo que le gusta a la gente. antes era nada más lo que pedían por teléfono; ahora además del Twitter y Facebook hay grandes compañías como monitorLATINO que hacen mas difícil que te equivoques, Si no tienes una programación contundente, es porque de verdad no quieres; porque indicadores los hay cada vez más»

Como otros en la industria, Ramírez encuentra preocupante la relativa crisis de talento y de nuevas figuras que además de ser los motores de la corriente musical marquen décadas o incluso épocas. «El otro día me decía un amigo de una Compañía disquera, que si agarras una lista de lo más vendido de hoy, y comparas con una lista de hace 15 años, te vas a sorprender la cantidad de artistas que coinciden. Es decir, nos encontremos a los mismos nombres: Shakira, Gloria Trevi, Luis Miguel, Cristian Castro. Hay pocos nuevos que hayan figurado, como Zoe o Camila; no los suficientes. Yo creo que el principal problema de hoy para la música en español para jóvenes, es que no hay tantas propuestas, o que no son lo suficientemente agresivas como para hacerle frente a la música en inglés. Y hoy es fácil que nuestro público tenga acceso a esa música, porque la descubren en las redes. Hoy son los jóvenes quienes nos influencian a las estaciones. La cosa cambió. Antes era de aquí para allá; ahora es de allá para acá. Por eso yo creo que hay que sacar la antena y escuchar, escuchar y escuchar. Pero el problema grave, insisto, es el de los talentos en español».

Ante la pregunta expresa, Julio César reconoce que la radio ha tenido que responder a esa situación con mejores contenidos, desarrollando mejores instintos y sobre todo, poniendo un esfuerzo específico en los contenidos. «El contenido bien hecho, bien estructurado, bien armado, funciona muy bien; ésa es una de las cosas por las que va a ser muy difícil que desaparezca la radio, porque la gente necesita quién le hable y que le cuente cosas. Prender la radio es un acto personal», dice con visible entusiasmo; «es un acto casi íntimo. Empieza por tomar una decisión, por buscar una estación; después un programa, la música que te hace feliz, la que quieras que te acompañe. Cuando era chico pensaba: s Esta gente que hace la radio, hace magia. ¿Cómo saben lo que quiero oír?’. De eso se trata precisamente. Con el tiempo reafirmé mi idea original de que una buena estación de radio es aquélla que logra que su contenido vaya a la par de lo que la gente esté haciendo, de lo que la gente sienta». En otras palabras, se trata de hacer magia.

Agrega un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here