Vidas en la radio: Juan Carlos Hidalgo

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A number ofyears ago (. . .) youfelt like the disc jockey was yourfriend.

Gary Stone

En 1981 el director José Luis Garci estrenó su película Volver a empezar, y aunque fue devorado por la crítica en su país, al año siguiente ganó el primer Oscar para una película hablada en español. Cuatro décadas antes, Gabriela Mistral había recibido el primer Nobel de Literatura para América Latina. Y si nos gustan los saltos en el tiempo, podemos insertar aquí que casi dos milenios atrás, Trajano se convirtió en el primer emperador romano en hablar «el latín nativo» de Hispania. El español, el idioma de las erres y las vocales abiertas, con el cariño y el riego necesario es como la proverbial semilla de mostaza: llega para quedarse.

El logro del muchacho delgado y sonriente de Michoacán, salido de los campos de fresas —no los oníricos de Lennon, sino los reales y arduos de Oxnard, California—, fue mucho más modesto. El escenario también. Y más que logro, lo suyo fue más parecido al acto de un surfista que reconoce el momento adecuado para subirse a la ola y convertirse en el rey de la playa. «NO dormí esa noche», recuerda Hidalgo. «Sabía la importancia que tenía Los Ángeles, a quién me estaba enfrentando, quiénes eran los locutores, y me preocupaba lo que la gente iba a pensar de nuestra locución tan sencilla»

—Bueeeenos díiiiiiiiiiias, Los Ánnnngelessssss. —Fueron las primeras palabras de Juan Carlos el primer día de «La X», la pequeña emisora a punto de hacer historia—. Ésta es a La Equis, la primera estación de música mexicana en Los Ángeles, y a partir de hoy voy a ser su amigo y compañero en las mañanas.

«El edificio de la radio era muy chico, una esquinita junto al freeway 101 en un barrio de Hollywood, llenos de vagabundos. Tenias que entrar por la parte de atrás. La cabina era muy pequeñita y todavía había cartuchos de ocho pistas». La 97.9 FM, una estación a punto de desaparecer, acababa de cambiar sus siglas a KLAX y también su formato para transmitir música de banda en el mercado radial más grande de Estados Unidos; sus voces representativas eran las de Juan Carlos Hidalgo y su sidekick El Peladillo. Tres meses después estaban en el número uno Carlos de acuerdo a Arbitron. Pero no era cualquier número uno. Era como el número uno de los Beatles en 1964, o el del glam rock en 1974, o el heavy metal en 1984, señalaba el inicio de una nueva era. Se trataba de la primera estación FM con música popular en español —la industria veía esto con un gesto adusto desde las alturas del mercado anglosajón— en ocupar, desafiante, el primer.

Por todas partes se levantaron muchas cejas, no sólo en California, sino en todo el país. «¿Fue chiripa?», preguntó Los Angeles Times sobre el que llamaba nada menos que un «hecho sociológico»: «El ascenso de la KLAX no tiene precedentes y tiene pasmada a la industria», publicó. Howard Stern, que esperaba ganar ese sitio, opinó ultrajado que era un error de la empresa de medición. No era el único que así pensaba. «¿Qué es esta pendejada?», le preguntó Rod Stewart al CEO de Arbitron —que iba acompañado de Raíl Alarcon Jr., dueño de KLAX— en un restaurant de Los Ángeles . Al otro lado del país, el respetable New York Times advertía: «Quizá sea número uno en ratings (la KLAX), pero no esperen que sea número uno en ingresos». En general, la empresa Arbitron sufrió algo parecido a una rechifla e innumerables cuestionamientos en torno a la veracidad de sus datos.

Pero el español, en este caso, también había llegado para quedarse. Lo mismo que la banda, ese género musical mexicano en 3/4 con influencias caribeñas y hasta alemanas. Aunque en otras ciudades algunas estaciones en español ya se habían colado al número uno en sus respectivas plazas, el caso de Los Ángeles —la ciudad con más hispanoparlantes en América del Norte después de la Ciudad de México— representaba mejor una tendencia que venía en ascenso; era un señalamiento del perfil que tomaría la radio americana en el siglo XXI. Junto a la música regional mexicana, que estaba viviendo un renacimiento, se hallaba el equipo de locutores sencillos, parte esencial de la fórmula ganadora. Entre ellos los «comiquísimos conductores» que los periódicos y la gente celebraban —Juan Carlos y El Peladillo—, también tenían conciencia social. Hidalgo pronto se dio cuenta del poder que le daba el micrófono y de las multitudes que se reunían en los eventos al aire libre de la estación. Y se usó para transmitir valores, integrar a la población y, de ser posible, cambiar conductas de pandillerismo y violencia que plagaban las comunidades hispanas. No en balde, algunos como Jack McVeigh, gerente de ventas de las emisoras, llamaron al fenómeno de La «X» una auténtica revolución social.

campos de fresas, pero no para siempre

Numerosos libros han recogido lo que sucedió en 1992, sin olvidar mencionar que el mismo Hidalgo había cruzado la frontera con México en las mismas condiciones que muchos de sus radioescuchas: sin documentos y con apenas la suficiente comida para un día. Juan Carlos nació en 1965 en San Antonio Tariácuri, Michoacán, un apacible y colorido poblado de apenas 600 habitantes. Su padre, Miguel Hidalgo —igual que el iniciador del movimiento de Independencia de México—, tenía un modesto cine en el pueblo. Por las tardes tocaba música en un tocadiscos y se anunciaba la función de dos películas de estreno. Pero cada año, al acercarse la primavera, el señor Hidalgo emigraba a Estados Unidos para trabajar. «Entonces mi madre hacía lo que podía para darnos de comer», recuerda Juan Carlos. «Básicamente tortillas de harina con frijol fresco y xoconostles; de vez en cuando alcanzaba para un pedazo de carne. Ver cuánto esfuerzo hacía a mi madre para conseguir unos centavos, y lo mucho que sufría por la ausencia de mi padre, me sirvió de motivación para buscar trabajo en lo que fuera. No quería ser una carga, al contrario, me sentía con una gran responsabilidad para ayudarla a sacarnos adelante.

En Tariácuri fui cargador de bultos, ayudante de Albañil y vendía naranjas en el campo de fútbol los domingos por la tarde. Además, cuando mi papá no estaba tenía que hacerme cargo de la sala de cine; tendría unos doce años cuando me encargaba de los rollos de las películas para la función de esa noche. Alguien tenía que anunciar la función de la tarde, tomar el micrófono y avisarle a la gente que por ningún motivo, se perdieran las dos películas de estreno; en aquella época las más populares eran las de los hermanos Almada. Temblando, tomé el micrófono, soplé y dije: s ¿Bueno, bueno? Hoy es noche de estreno en el cine Hidalgo, presentaremos una película de acción y emoción sin límites’. Con el tiempo fui tomándole confianza al micrófono. Un día me armé de valor para pedir trabajo en la XEZI, una de las dos emisoras más populares de Zacapu, Michoacán. El gerente de la emisora se rio de mí, pero con mucha cordialidad me dijo: “Primero estudia, te vas a la ciudad de México y consigues una licencia de locutor».

No sería así, porque un día el joven se dio cuenta de que la vida en San Antonio Tariácuri no iba a llenarlo. Trabajando en la pizca del maíz, reunió suficiente dinero para un Pasaje, y tomó un autobús Tres Estrellas de Oro rumbo a Tijuana. En 1984 cruzó la frontera con Estados Unidos oculto en la cajuela de un auto. «Hacía tanto calor que no Podía respirar, éramos cinco o seis en esa cajuela a la que se le metía el smog; parecía que nunca saldríamos de ahí y nos empujábamos unos a los otros por la desesperación. Para resistir trataba de concentrarme en imaginar lo que me esperaba al llegar, las maravillas que conocía sólo en las películas». A su llegada se alojó con una familia de Oxnard, una localidad a 35 millas de Los Ángeles. De inmediato comenzó a trabajar en la pizca de la fresa. «Era un trabajo tan pesado que al llegar por la tarde a la casa no podía ni sentarme en la taza del baño», recuerda. Ahí en el campo se encontraría un tesoro que cambiaría su vida para siempre: un radio portátil. «Una señora que trabajaba junto, en el campo estaba oyendo música en su radio y me lo presto al ver mi interés por escuchar. Se convirtió en mi compañero esencial. Me gustaba mucho escuchar la KXOR”.

La Mexicana y a don Marco Antonio del Castillo, uno de los legendarios locutores de Oxnard: tenía una gran voz y transmitía un programa que se llamaba El mercadito, a donde la gente llamaba para vender su tiliches; la otra estación en español se llamaba Radio Tiro; sus locutores y artistas eran los de moda, ahí escuchábamos a Los Bukis. Joan Sebastian Y Los Yonic’s».

«Juan Carlos se volvió loco»

Un día escuchó un anuncio de la escuela de locutores en donde invitaban a la gente a inscribirse. Eran las voces de Pepe Reyes y Pepe Barreto, locutores muy famosos de Los Ángeles, y el spot decía: y Tú puedes ser locutor, no necesitas más que ganas de querer ser locutor, inscríbete hoy! «Esa misma tarde fui hasta el pequeño edificio de la Calle en la bolsa llevaba un cheque de trescientos dólares, justamente lo que había cobrado esa semana en la pizca de fresa. Curiosamente ése era el costo de la inscripción. Al llegar a casa esa noche le platiqué a mis hermanos y a unos amigos que me inscribiría y se burlaron de mí. ‘¿Estás loco? crees que porque anunciabas las películas en Tariacuri ya vas a ser locutor?’. Fue tanta la burla que por varios meses estuve pensando si realmente tenía vocación, y un día, sin decirle a nadie, fui y me registré, aunque me quede sin un centavo en la bolsa: ya era estudiante y me sentía el hombre más feliz del mundo. Elio Gómez, el director y dueño de la escuela, confió tanto en mí que me permitió tener una llave para que entrara y practicara el tiempo que yo quisiera. Había una cabina, ponía un cassette, hacía un programa como si estuviera en vivo, lo escuchaba e iba corrigiendo. Los martes había clases de teoría, donde enseñaban dicción. Mis maestros eran locutores que ya estaban trabajando en algunas estaciones de radio; uno de ellos Sergio Ríos. Cuando me sentí con más confianza hice un demo. Grabé unos comerciales y presente algunas de canciones. Un día vino uno de mis amigos a buscarme a casa.

—Oye, ¿estás bien?

—Sí, ¿por qué?

—Pos es que te perdiste, ya van como tres meses que nadie te ve —me dijo alarmado. Pero no me veían porque yo salía a las seis de la mañana para ir al trabajo,y en seguida me iba a la escuela. — ¿De verdad estás bien?

—Sí, estoy bien, Toño, ¿por qué?

—Es que hay muchos rumores de que a lo mejor andas en malos pasos.

—No como en malos pasos, estoy bien de verdad.

 —Después supe que decían que me estaba volviendo loco porque hablaba solo, y es que aprovechaba oportunidad en que estaba solo y me ponía a practicar, a anunciar, a hacer voces, y la gente me escuchaba y decían que estaba mal de la cabeza; hasta querían avisarle a mis papás.

Hidalgo comenzó su carrera en la radio en 1988 en KTRO «Radio Tiro la 1520 AM, donde conoció Antonio García «El Buki», hoy su amigo y socio, Antonio le presentó al legendario Alberto Vera, Brown Bear, quien le dio un consejo, casi apostólico, de dejar todo y dedicarse completamente a su vocación, aunque eso significara vivi en su coche. Y así fue. Su primer intervención fue un domingo de junio de 1988. Eran las dos de la mañana y presentó por primera vez una canción en vivo, Tu cárcel de Los Bukis. Después de varios meses, el locutor de las mañanas y su maestro en la escuela de locutores se fueron de vacaciones y Brown Bear le pidió que cubriera su horario.

«Recuerdo que le pregunté qué quería que hiciera en el programa y me respondió que hiciera lo que me diera la gana. Así que, con muy poca experiencia, preparé unos efectos y pistas, armé algunos libretos e hice un programa para las mañanas. Seguramente no escuchó hasta dos días antes del regreso de Sergio Ríos, y llegó gritándome:  

—¿Quién te dijo que tú eres locutor?

—Usted, Bown Bear. —Se salió y más tarde me llamó a su oficina pgra informarme que me quedaría por las mañanas y que Sergio mi maestro se iría a noches— . Yo no le puedo hacer eso a Sergio, Brown —le dije.

    —Pues si no quieres te vas.   

En diciembre de 1991 llegó James Gabbert, el propietario de una etnisota  San Francisco, a contratar a Brown Bear. Éste le dijo que él no se quería mudar, espero favor llévate a Juan Carlos, él hará un buen trabajo’. Confundido, acepté el puesto, aunque tenía un mes de conocer a una maravillosa mujer y no quería perderla. Así que le Norma que se casara conmigo y milagrosamente aceptó, aunque la boda sería seis después. Eso significaba que tendría que viajar constantemente poder verla. Medio año después nos casamos, y desde entonces ha sido mi compañera, ha estado a mi lado en las buenas y en los momentos más difíciles de mi vida. Soy muy afortunado”.
Como programador de Radio KOFY, Hidalgo logró en seis meses el primer puesto de rating en el área de la Bahía. “Yo no tenía experiencia de programación”, reconoce “En Oxnard le ayudaba un poco a Brown Bear y así esposa Sahara del Sol, pero la verdad era un novato. James Gabbert, el dueño de KOFY, me preguntó qué necesitaba para reestructurar la emisora. Le pedí dinero para comprar discos. Me dio tres mil dólares, fui a Discolandia de la calle Mission y volví con una caja de Cds. Me puse a escucharlos uno por uno, marcando por la parte de atrás las canciones que me parecieran buenas. Lo mío era banda y lo grupero: Vicente Fernández, Joan Sebastian, Antonio Aguilar, Los Bukis, los Temerarios, Bronco, Vaquero Musical y la Banda Machos, que recién salía con su más grande éxito Un indio quiere llorar. Un día se reunieron los gerentes y el dueño de la KOFY y me dijeron muy molestos que aquello no era Radio Ranchito, y que aquél no era un formato para el mercado de San Francisco». Yo no podía entender cómo me decían eso si la estación tenía los mejores ratings de su historia. Eso me preocupo mucho pues apenas unas semanas antes me había casado y quizás me iba a quedar sin trabajo. Afortunadamente, ese mismo día Hidalgo recibió una llamada de Alfredo Rodríguez, un programador y locutor nacido en Hermosillo que hasta entonces había estado a cargo de la KWKW. Se comunicaba para invitarlo a una nueva estación que iba a arrancar en Los Ángeles el 2 de agosto de 1992. Rápidamente aceptó la oferta y renunció a Radio KOFY. «Al Peladillo, que era mi compañero en el show, le dije: Aguántate unos días aquí chato, deja voy a Los Ángeles a ver qué se logra’. Mi esposa y yo recogimos las pocas cosas que teníamos, una mesita, cuatro sillitas, mi televisión y un colchón; las puse en una pick up que me prestaron y nos mudamos a la casa de mi hermana en Los Ángeles».

Revolución se escribe con X

«SBS estaba en serios problemas económicos», recuerda Hidalgo. Raúl Alarcón Jr., entonces de 37 años, había comprado la estación apenas cinco años antes por 15 millones de dólares. «Los rating eran horribles», comentó Alarcón. «Habíamos intentado todo. Poníamos a los mejores artistas hispanos, Julio Iglesias, Roberto Carlos, Ana Gabriel, y Sencillamente no levantaba. Yo seguía preguntándome qué estábamos pasando por alto». El viernes 2 de agosto de 1992, la estación hizo el cambio a regional mexicano. La primera Canción en transmitirse, a las doce de la noche, fue Como México no hay dos de Vicente Fernández. El sábado Y domingo no hubo locución, pero todos salimos a las calles y nos dimos cuentas que la gente ya estaba escuchando La «X» 97.9. Aquello se regó como Pólvora» El equipo estaba conformado por Alfredo Rodríguez (gerente), Fidel Fausto, Elio Gómez, Antonio Covarrubias, Marcelo Estrada, Edgar Rodríguez, Salvador Prieto, Juan carlos Hidalgo Y Jesús García «El Peladillo. El lunes, Hidalgo entró a las cinco de la mañana. «Realmente estaba muy nervioso. El primero que iba a abrir el micrófono iba a ser yo. Bueeeenos díaaaaaas, Los Ángelessss. Recuerdo que el teléfono dc la cabina era uno de esos aparatos grandes; las líneas estaban todas apagadas, estaba muerto, y eso preocupaba. Entonces como a las diez llegó el ingeniero y dijo: ‘Ya tenemos numero de teléfono: el número de La X es 520-0979’. En cuanto lo dijimos al aire, se encendieron  las 30 líneas. Las luces no se apagaron por cuatro años, ni siquiera de madrugada. Había gente que pasaba horas tratando de comunicarse. No teníamos ni idea del impacto que había causado La X».

«Lo que hicimos básicamente fue ponerle un énfasis muy juvenil a la estación, con un estilo popular, pero moderno», le comentó Alarcón a Claudia Puig de Los Ángeles Times. «Tomó un formato que ya se consideraba poco dinámico y lo revitalizó». Durante el día la KLAX ofrecía una combinación de música y noticias, una parte estelar en las mañanas era el un programa con «formato zoológico» El Show de Juan Carlos y El Peladillo, un programa caracterizado por la excentricidad y extravagancia de estos dos locutores, además de payasadas, bromas y efectos de sonido provistos por ellos mismos. Por ejemplo, en La X era normal que uno de ellos anunciara con voz seria: «KLAX, la estación favorita de la Casa Blanca, o que El Peladillo se pusiera a cantar a gritos, notablemente desafinado.

Juan Carlos: iAy, pero qué feo cantas!

    Peladillo: ¿Y tú, qué? ¿Apoco cantas como Frank Sinatra?     

¿Por qué te burlas de cómo canto?

Juan Carlos: No, si no me burlo.

    Pero no la riegue, sólo de escucharlo dan ganas de llorar.     

«Nos gustaba hablar de las costumbres de México y hacer que la gente se sintiera orgullosa de su cultura y experimentara la cercanía con sus pueblos a través de nuestros comentarios», dice Hidalgo. «La gente que emigra a Estados Unidos añora estar en México; la radio de alguna manera orgánica ayuda a conectarse con lo suyo, se loga una estrecha relación entre el oyente y la estación. A mí me pasó; cuando llegué a Estados Unidos para mí era muy importante escuchar música en español, y de hecho sentí que allá los mexicanos consumían más música que en México. Eso fue también parte de nuestro éxito y de muchas otras estaciones. Peladillo y yo decíamos cosas como: Hoy es día de la Candelaria, ¿te acuerdas Peladillo? Hoy toca hacer tamales si te tocó el monito de la Rosca de Reyes. ¡Cómo me acuerdo de los tamalitos que hacía mi abuelita Rosa! Los ponía en un horno de leña porque no había estufa de gas, y ahí junto al horno nos esperábams todos los nietos a que salieran los tamalitos de elote. La gente nos decía que se les hacia agua la boca por la manera en que describíamos los antojitos mexicanos. Hablábamos de las fiestas tradicionales, de los desfiles, de cómo se vive en cada región. Claro que era difícil conocer cada rincón de la república o Centroamérica; teníamos mucho oyentes salvadoreños, guatemaltecos y hondureños, y yo quería que cada persona se sintiera conectada con sus raíces. Tenía un truquito que me funcionaba muy bien. Cuando tomaba una llamada, primero platicábamos fuera del aire:

—Hola, ¿de dónde eres?

—De Aguascalientes.

—¿De veras? ¿Por dónde vives?

—En el barrio del Encino.

—¿Y qué hay ahí en Aguascalientes? ¿Qué haces el domingo?

—El domingo vamos al parque.

—¿Cómo se llama el parque?

—Parque Hidalgo.

—¿Y a dónde van a comer cuando sales con tu familia? —A las tortas del mercado Terán.

—¿Y cuándo es la fiesta de ahí de Aguascalientes?

—La romería de la Asunción.

‘Cuando los tenía al aire, ya había anotado los datos y decía algo así: Tengo en la línea a José Romo de Aguascalientes. ¿Cómo estás, Pepe? ¿Apoco no te acuerdas de las tortas del mercado Terán? Y de la gente de allá del barrio del Encino, cuando se va  a la romería. ¡Y aquellas idas al parque Hidalgo, con la familia! Y la gente pensaba que yo conocía todo México. Lo importante era que se sintieran importantes, tanto Jos  llamaban pero sobre todo quienes nos oían. Anotaba todo en tarjetas y hablábamos de cómo era la vida en Jalisco, Nayarit, Sinaloa y por supuesto en Michoacán, Lo peor de es que, por falta de experiencia, no supimos capitalizar eso como se hace hoy. Ahora a cualquier locutor que tiene tres o cuatro puntos de rating se les paga un millón de dólares. Lo más que llegué a ganar con Alfredo fueron 60 mil dólares, pero no nos movía el dinero. Éramos idealistas».

Creando comunidad y conciencia

Cuando en enero de 1993 KLAX apareció en el número uno, Howard Stern, cuyo programa transmitía la KLSX, se quejó de que su éxito se lo habían atribuido a «no se qué estación rrwxicana», Otros dijeron, en broma, que la KLAX era un servicio del aeropuerto de Los Ángeles, que comparte casi las mismas siglas, «El nombre fue estratégico», comenta Juan Carlos. «Cuando Alfredo Rodríguez estaba buscando un nombre para la estación, pensó: ‘México…. México…. México sc escribe con equis’, y luego se acordó del aeropuerto, que era LAX, y junto con Chencho García hicieron el famoso jingle La X, La X, 97,9. La idea era hacerlo con la tonadita dc La cucaracha. Así salió el nombre de la Equis. El logo original era muy sencillo, como la estación y sus locutores».

Más allá dc las «silly antics» de Juan Carlos y El Peladillo, lo que llamó la   de los medios de comunicación, y posteriormente de la academia, es la forma en que el par creó una movilización social que repercutió en aspectos no sólo musicales Y económicos, sino políticos e incluso en la moda. «En ese momento todo el mundo   escuchaba; niños, jóvenes, sus padres e incluso los abuelos. Como estrategia, no Erábamos ninguna canción lenta o triste; toda la música era alegre y bailable. Antes de la llegada de La X, los jóvenes latinos sólo escuchaban la radio en inglés. De pronto llamó la atención la contagiosa música de banda y empezaron a poner atención. Los Padres sc sentían orgullosos de que sus hijos escucharan radio en español, El movimiento  una moda: antes vestían con pantalones flojos estilo cholo; ahora se vestían con Pans más apretados y su pañuelo en la bolsa trasera del pantalón que decía Michoacán. o Jalisco; ahora los jóvenes usaban sombrero, y para sus padres eso era un gran orgullo».

‘También nos llamó la atención que los jóvenes empezaron a hacer clubs con nombres de canciones, Estaba el club Un indio quiere llorar y el de La casimira. Debió de haber más de 150 clubs, cada uno con un promedio de veinte miembros. Había de niños y de jóvenes, hacían fiestas, rentaban salones y nos invitaban. Los fines de semana íbamos de fiesta con fiesta, saludando y agradeciendo. Llegábamos, con cargamento de regalos entre playeras, CDS de sus artistas favoritos o los de colección de éxitos de La X 97.9. Se ordenaban tirajes de hasta medio millón para regalar, y por lo tanto las cajuelas de nuestros coches estaban llenas de discos. A cualquier persona que nos saludara le teníamos un CD de la emisora. Esos CDS los reprodujeron los piratas y se convirtieron en los más vendidos en los tianguis». En su libro Banda, Mexican Musical Life Across Borders, la etnomusicóloga suiza Helena Simonett explica cómo «unas de las acciones de la KLAX para infundir el orgullo cultural fue fomentar la creación de clubs de baile. Una dc las funciones más importantes de los locutores era patrocinar dichos clubs. Cientos de Personas se inscriben y les pedían a los populares conductores que fueran sus padrinos».  Y añade que “tras el terremoto de 1994, el equipo (de locutores) organizó una masiva campaña de repartición de alimentos y otros bienes para las comunidades que habían sido mayormente afectadas; impulsan la transtensión de barrios afectados, y estuvieron presentes con música y donativos en los eventos comunitarios, pintaban paredes que tenían graffiti en las festividades escolares y en campañas antidrogas”. 

Ambos locutores descubrieron pronto su influencia entre la gente y comenzaron introducir tenias sociales y políticos en su programa. «Queremos que nuestra gente se sienta de nuestra declaración Hidalgo en 1993. «Así que algún consejo que nos una como latinos luchando por nuestro Sentimos una responsabilidad de hacer lo correcto. Nos dan mucha tristeza las pandillas y que la gente se agrava con anillas de fuego. Nosotros hablarnos de la importancia de tener una buena educación. No haeemcxs bmtiias que ofendan a nadie, Yo no quietn decirle a la gente qué podemos hacer juntos como comunidad, Aunque mi tmbajo es enttvtener y divettir, liem hablamc\s de todo: temas de inmigración, discriminación, del gobernador racista que no reconoce el trabajo y la contribución de los latinos».

Cuando Pete Wilson, el gobernador de California, se conflicto en uno de los principales pmmototvss de la Iniciativa 187, que habría prohibido el acceso a los servicios «básicos de salud y de educación a los residentes indocumentados, Juan Carlos — mismo había llegado sin documentos al país— y El Peladillo lo convittietoti a él en blanco de sus ataques. «Wilson están usando el tema de la integración como campaña política para hacerse publicidad y logró la televisión «, contestó Hidalgo. «¿Cómo el gobernador habla así de esta gente cuando son ellos quienes ponen la comida en su mesa? Son humildes, contribuyen a la economía del estado y pagan impuestos cotilo todos los demás».

Hidalgo y El Peladillo lanzaron su propia campaña de btotna cotilo gobernador, pam invitar a la gente a votar. «Cuando llegó la propuesta de ley 187 que impulsa el gobernador Pete Wilson, siendo la estación líder, teníamos que trptv•sentar a la continuidad, y empezamos a hacer tantas juntas , a juntarnos con líderes políticos,  entrevista altisonantes a los conservadores, los invitábamos a los programas para (lite justifican la propuesta de ley. Hicimos muchos eventos; constantinos un de Wilson, y salía El Peladillo en un burto amistrando en el a Wilson. Apoyamos  mucho esa causa, al principio estábamos totalmente en contra de la ley, pero no qué hacer para detenerla, hasta que se acercó a nosotros un maestro de la UCI.’\ y nos dijo que la única forma de cambiar las cosas en que la gente se registra para votar: que los residentes se convirtieran en ciudadanos y pudieran participar en las elecciones, Entonces hicimos una cardiopatía enorme diciéndole a la gente que tenía que obtener la ciudadanía Y votar. Después ya no fuimos sólo nosotros, porque le hablamos a las estaciones de y otras ciudades de California para que se unieran a la causa; se involucró la unión campesinos y, bueno, ya era un movimiento estatal».

La X se desdibuja

“De repente todo el mundo perdió el piso y nos entró la amnesia. el quien se dio el lujo de decir: listo sí y esto no, y no’, Ya no tocaban los sitios gente quería escuchar, ya no se programaba la radio a conciencia ni había el del principio. A ello hay que sumar que llegaron otras estaciones a competir con el formato. Hubo cambios en la dirección, y por los resultados se afectó la relación de Alfredo con Raúl Alarcón. Raúl ya había tomado la decisión. Unas semanas después trajeron a otra persona a programar La “X”, pero esa persona tenía problemas y vicios. A los 15 días de su llegada, como no tenía coche tomó una camioneta Van de promociones de la radio y se desapareció por cuatro días, hará que un radioescucha nos llamó para decirnos que estaba afuera de un table un vehículo de la emisora desde hace varios días. Llamaron a una grúa; a él lo despidieron y en 1995 me quedé como responsable de la estación. Con el tiempo hubo muchos cambios. Llegaron otras personas, no había estabilidad en los ratings.
Una de las personas que trajeron le cambió el nombre a La Ley. Heftel se apropió ratings sobre la  X: vieron que nunca se había registrado el nombre y lo solicitaron. Yo la   de iniciar mi propia empresa de asesoría de programación. Un par de años después, Pío Ferro y Bill Tanner me llamaron y me dijeron: Juan carlos, queremos Ingreses’. Yo les dije que no estaba interesado, pues me estaba yendo muy bien como asesor Pero…y presidente era La X dey me gustó el reto de recuperar el éxito de KLAX. Al regresar me preguntaron:

—¿Qué te parece La Ley?

—Yo prefiero que regrese a La X 97.9

—Pero ese nombre ya está registrado. No lo podemos usar.

«Entonces empezamos a ver nombres y me acordé de una estación de Hermosillo que se llamaba «La Raza», y empecé a jugar con la tonada del jingle original y sí daba; así que cambiamos las reglas de programación; ahora el formato se enfocaría en bandas, norteñas y cero corridos; contratamos a un par de locutores, entre ellos El Mandril, y rescatamos la emisora. Ya no tuvo el mismo impacto que en 1992. Pero hay que recordar que ya no era la única estación en el género regional mexicano en Los Angeles. Años después tuvimos la fortuna de lanzar una estación diseñada exclusivamente para La Raza de San Francisco, en donde junto con Jesse Portillo, se formó un equipo de locutores que ahora son las nuevas estrellas de la radio en Los Ángeles, entre ellos Alonso Romero «El Raton» y Sylvia del Valle «La Bronca». Entre ellos se diputan el primer lugar de popularidad, pero en un momento compartieron la cabina y las enseñanzas de Jesse».

Mass Radio Inc.

En 1998 Hidalgo inició su empresa de consultoría Mass Radio, una plataforma para asesorar diversas estaciones en Estados Unidos, pero además para dar inicio a varios proyectos, entre ellos Radio Notas, un portal electrónico inspirado en la legendaria revista Antenna, fundada por Brown Bear. Actualmente Radio Notas es una de las publicaciones más influyentes y confiables en lo que se refiere a información sobre la industria discográfica y la radiofonía.

En 2010 fue honrado con una estrella en el Paseo de las Estrellas en Las Vegas, donde se encuentran los nombres más importantes de la radio, la televisión, la música y los deportes. «Juan Carlos es una personalidad que ha hecho mucho por difundir el talento de nuestra gente», comentó Pablo Castro Zavala, vicepresidente del Paseo y presidente de Las Vegas International Press Association. «Es una persona que ha logrado tener un impacto positivo en la comunidad artística de Estados Unidos. Nos sentimos muy honrados de ser quienes reconozcamos la carrera de esta personalidad que durante varios años ha sido pieza fundamental en el desarrollo de muchas agrupaciones musicales que ahora se escuchan por todo el mundo».

monitorLATINO

Con los años, Hidalgo ha pasado de presentar los números uno de la música en español de una modesta cabina en Oxnard a otra forma más institucional y, por mucho, que genera más atención. monitorLATINO, la empresa que concibió y fundó al iniciar el nuevo siglo, no sólo determina los primeros lugares de popularidad en la música latina, también perfila tendencias en la industria de la música a nivel continental. La firma es hoy el Ñfetvnte Obligado donde están los ojos de los artistas y productores, como en otro tiempo Billboard en Estados Unidos o el New Musical Express en el Reino Unido. Lo utilizan no sólo las agencias informativas, sino también los editores y libros como los Fact Books Paulina Rubio, Ricardo Arjona y las oficinas de prensa de las bandas. Cuando monitorLATINO habla, los artistas de la música en español escuchan. A pesar de su alcance e influencia creciente, monitorLATINO nació durante un período en que Hidalgo buscaba una dirección a su vida; irónicamente, no pensando en los grandes mercados, sino en las «En el tiempo que dejé la radio para iniciar mi empresa, conseguí trabajo asesoría en algunas estaciones que necesitaban mejorar su programación. Eran de pueblos muy pequeños y por 10 tanto tenían muy poca atención de pane de las y de las disqueras. Los promotores nunca iban a visitarlos ni a llevarles discos, menos algún artista. En alguna ocasión yo les había preguntado a otros servicios de monitoreo, entre ellos BDS y Billboard, por qué solamente se enfocaban en las de los mercados principales. En ese tiempo monitoreaban alrededor de 50  cuando había cerca de 300 en español en Estados Unidos. Necesitábamos unos charts  confiables, un servicio que pudiera representar más fielmente al mercado de la música hispana. Me quedé con esa inquietud. Les compartí mi idea a mis amigos Antonio Garcy Juan Carlos Ortiz. Estaba consciente de que podía ser algo muy costoso en todos los sentidos, pero ellos me animaron. Yo la verdad no tenía idea de dónde empezar».

Durante un vuelo a San Francisco llegaría la respuesta. En el aire, Hidalgo comenzó a platicar con su vecino de asiento, un desarrollador de software que trabajaba para en un proyecto de la RIAA detectando las descargas ilegales de música en Internet y quiénes las hacían, creando una especie de huellas digitales. «Le pregunté si esto podría funcionar para monitorear una estación de radio. Me dijo que sí, y nos reunimos con el resto del equipo en San José, California. Hicimos un acuerdo y comenzamos a desarrollar juntos la aplicación. Pasé un año y medio trabajando por las noches, madrugadas y los fines de semana en el proyecto de monitoreo, al grado que por poco me divorcian. Finalmente en enero de 2001 logramos lanzar monitorLATINO, de entrada para a monitorear a todas las estaciones que no seguía BDS, o que no le importaban a Billboard. Íbamos a darle importancia a todas esas radios por más pequeñas que fueran, y por supuesto también a las de las grandes ciudades».

A las patadas con Billboard

«Al principio la gente nos juzgaba de locos, decían que me quería poner a las patadas con Billboard. Pero mucha gente en la industria del disco y la radio nos brindo su apoyo, dándoles la oportunidad de usarlo. Se volvió tan competitivo que la gente de Billboard, Media Guide, Media Monitors y BDS vinieron a buscarnos para ofrecernos alianzas, conscientes de que nosotros entendíamos mejor el mercado hispano. Después nos expandimos a México, donde existía un servicio de monitoreo que sólo se concentraba en las estaciones del DF, Monterrey y Guadalajara. En México el impacto fue todavía mayor. Hoy veo que eso ha servido para que las estaciones de radio se beneficien, porque se les da más importancia».

monitorLATINO es hoy el servicio de mayor influencia y autoridad para determinar la lista de popularidad en la radio hispana. «Es una guerra semana a semana por el primer lugar», reconoce Hidalgo. Además, la información que genera es utilizada para compensar de manera más justa a autores y compositores, con base en el número de tocadas que tiene un tema en la radio por región, un sistema que antes no existía. monitorLATINO identifica no sólo los temas y las estaciones con más éxito; también provee henamientas estadísticas para la caracterización de mercados, así como guía para programadores de radio, productores y estudiosos de las tendencias en la música latina. Su información permite a los artistas conocer su popularidad por ciudades, planear sus campañas publicitarias y sus giras. Para nosotros, monitorLATINO México ha sido importante porque nos ha ayudado a identificar nuevos talentos, detectar tendencias musicales y proyectar su música a Estados Unidos. La mayor parte de nuestra música (en español) proviene de México. Todos los días recibimos llamadas de estaciones de radio interesadas. Desde en ser 2006, parte la de Convención los páneles y monitorLATINO, solicitando que las que agreguemos se celebra cada al sistema».año, es una plataforma de difusión y alianzas estratégicas para la industria, pero además un evento que reúne artistas, programadores, productores y locutores y demás ejecutivos de la música. En ella también se otorgan reconocimientos y homenajes a personalidades de la radio, televisión y artistas. «Creo que monitorLATINO ha ayudado enormemente a la industria» señala Hidalgo. «Ahora hay una competencia más sana por lograr la popularidad; ha servido para identificar las deficiencias de la industria. El ejemplo más ilustrativo es que la música pop en este momento prácticamente está desaparecida; la mayoría de las estaciones en México ahora son una mezcla de música urbana en español y caribeña con música en inglés. Lo poco que hay de música pop son artistas que están regresando a la escena musical, pero no hay un desarrollo. Sin embargo, hay una enorme variedad en el género regional mexicano; todos los días hay nuevas canciones, constantemente surgen nuevos artistas. Me atrevería a decir que el regional es lo que sostiene a la industria del disco, no solamente en México. Y todo esto nos lo permite saber monitorLATINO. Nuestra visión es que en un mediano plazo se convierta en el sistema de monitoreo de toda América Latina».

En la misma sintonía

Desde sus inicios en la radio, Juan Carlos Hidalgo sintió admiración por quienes lo precedieron y por quienes, aun estando en la competencia, demostraron su talento y de los aprendió. «Alberto Vera, Pablo Raúl Alarcón, Ramiro Garza, Pepe Reyes, Homero Campos, Alfredo Rodríguez, José Luis Arenas, Pepe Barreto, Humberto Luna, Hernán Armendáriz, Polito Vega, Elio Gómez, Pepe Garza, Mallín Fabián, Jessie Cervantes, Jesse Rios y muchos más que a lo mejor no saben cuánto me han enseñado», reconoce Juan Carlos. Es esa misma mezcla de admiración y respeto por quienes han pasado a su lado, y quienes siguieron después, que motivó el primer libro que reuniera la vida de algunos líderes de la radio, la mayoría de los cuales comenzaron como locutores. «Queremos que este volumen sea una primera parte de una secuencia de semblanzas de quienes escriben cada día la historia de la radiodifusión en nuestro continente».

«Creo que es importante contar su historia de éxito. Son gente que escuché en algún momento o supe de ellos. Me parece esencial que las nuevas generaciones y quienes en estas últimos décadas hemos sido parte de la industria de la radio, podamos leer su vida en la radio, saber quiénes son esas personas detrás de los micrófonos, cómo fueron sus inicios en la radio; que nos puedan compartir y nutrir. Además, el libro es también en parte sentido de responsabilidad. Hay muy poca literatura sobre la radio en español, y a nosotros nos toca producirla; dejar a las nuevas generaciones la memoria de lo que ocurrió, de quiénes cambiaron la radio y cómo lo hicieron, las dificultades a las que se enfrentan y sus momentos de triunfo. Será una herramienta valiosa para gente, no sólo de la industria».

La radio del pueblo

Juan Carlos Hidalgo, actualmente vicepresidente de programación de las estaciones de la costa oeste en SBS, no tiene duda de que, a pesar de la aparición de servicios de música digital, la radio terrestre sobrevivirá robustamente a nuevas tendencias, como antaño pasó sin rasguños por modas corno la radio satelital. «Recuerdo la época en la que se dijo que la radio satelital iba a desplazar completamente, que la gente estaba cansada de las radios comerciales. Y no ha pasado nada. Aunque ya no la escuchen tanto en sus casas, se suben al coche y lo primero que tracen es encender el radio. La radio es compañía, sobre todo las estaciones que no han perdido el enfoque y siguen sirviendo a su comunidad, que siguen haciendo radio local. Las empresas de radio, con el afán de ahorrar, Contratan programas sindicalizados y éstos no pueden hablar de los acontecimientos locales, pues sirven a varias ciudades. Ahí existe una gran oportunidad para las estaciones locales. gente quiere estar enterada de lo que está pasando a su alrededor. Siempre que pasa que necesitas una noticia, lo primero que haces es encender la radio. habrá servicios de música, pero la información inmediata de tu comunidad la escuchas en la radio o en las redes sociales».

A lo largo de las páginas de este libro, Vidas en la radio, el lector se ha encontrado con muchas voces sobre la importancia de la locución. Siendo él mismo parte de una generación que inauguró un nuevo estilo, menos afectado, más cercano y personal, Hidalgo puede comentar con seguridad sobre las numerosas opiniones que existen sobre el papel del locutor: si director de orquesta o parte de la audiencia; si maestro o compañero de banca. «Al público siempre le han tenido que hablar en su lenguaje. Es cierto que hay personas a quienes no le gusta la radio popular, pero ellos tienen sus medios. Siempre va a haber un pueblo que quiera una radio sencilla. Y mientras exista esa necesidad, y el pueblo quiera que le hablen estrechamente, abrazándolo, nosotros habremos de cumplir esa responsabilidad, tanto con los radioescuchas como con nuestros pueblos. Los locutores están ahí para acompañar, no para educar. Los locutores están ah para divertir, para motivar, no para incomodar. Sería una locura tratar de cambiar eso. Mejor locutor es el que sabe hacer nacer lo mejor de cada persona. Cuando el locutor; salido del mismo pueblo, el resultado es sorprendente». Incluso para Rod Stewafl.

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