Vidas en la radio: Gabriel Hernández Toledano

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Por ese tiempo fue que se comenzó a hacer la leyenda de que si yo tocaba una canción, iba a hacerse un éxito”.

En 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, apareció El viento que barrió a México, de la aguascalentense Anita Brenner, un libro considerado por muchos como la primera historia de la Revolución Mexicana. En realidad, muchos otros vientos habían barrido ya la geografía mexicana. Y se acercaban huracanes aún más fuertes, sólo que, esta vez, en la relativa paz del «milagro mexicano», los vientos que  barrerían a México vendrían ya no en forma de ejércitos, sino de ondas hertzianas. Gracias a la magia de la radio, llegarían en forma de acordes y alegres ritmos a los aparatos de radio de toda la república, desde Baja California hasta Yucatán.

Al terminar la segunda gran conflagración mundial estaba en ascenso, desde luego, la música de mariachi, pero aún vendrían los boleros y los tríos, el rocanrol (así, mexicanizado y exportable) , la balada y, por supuesto, la cumbia. Detrás de cada una de estas revoluciones —musicales, comerciales, incluso de hábitos de vida— estuvieron innumerables hombres y mujeres: compositores, músicos, vocalistas, arreglistas y técnicos de sonido. Pero estuvieron también hombres visionarios que, sin tomar nunca  una guitarra, sin presionar nunca un teclado, contribuyeron, quizá más que nadie, a  que todos esos vientos pusieran a bailar al país entero. Hombres como don Gabriel

Hernández Toledano, de quien sería difícil decir cuál fue su mayor contribución: si su aguzado oído para detectar —y atrapar antes que nadie— el sonido de cada nueva ola, su capacidad de organización de empresas radiofónicas o el gusto que tuvo, desde muy pequeño, de jugar —y aprender— con la tecnología.

El corredor de vientos

Don Gabriel nació en Aniaga, Chiapas, uno de los puntos más al sur del país, al que, justamente, se conoce como el corredor de los vientos.’ Gabriel fue hijo único. Siendo u padre el encargado de un rancho, pasó la primera parte de su infancia ayudando en as labores propias del lugar, pero también admirando la belleza de la naturaleza. «Mi primer recuerdo es el campo, la selva chiapaneca. Había aves y árboles impresionantes. Se sembraba maíz, frijol, calabaza. También se practicaba la ganadería. En el rancho que tenía a cargo mi padre solíamos ordeñar vacas, recoger la cosecha, desgranar el maíz, revisar los nidos de las gallinas. En mi escuela había un solo salón y quedaba cinco kilómetros de mi rancho. Nosotros no contábamos con energía eléctrica; nada más estaba la planta del municipio que prendían a las seis, cuando oscurecía, y sólo iluminaba la calle principal, que no contaba con más de cuatro cuadras. A los once años, cuando terminé el sexto grado de primaria, me di cuenta de que en el rancho no había posibilidades para mi crecimiento y aprendizaje. Cuando llegué a Aniaga valoré las posibilidades y empecé a trabajar y a ahorrar para poder irme a la Ciudad de México. Lo que más me llamó la atención fue el telégrafo y un radio de onda corta que tenía un doctor. Yo me iba a sentar ahí en la calle para ver qué estaba oyendo el galeno; la música, las noticias; ahí comencé a escuchar el Hit Parade de los Estados Unidos, entendí qué Don cosa Gabriel era la comunicación llegó a la Ciudad y me empecé de México a sentir en fascinado 1943 —el con mismo todo aquello»año que Brenner lanzó su «viento»— a la edad de once años, en búsqueda de trabajo y más oportunidades, con la meta de conseguir ocupación en los medios. «Llegué a las siete  de la noche en un tren que venía desde Arriaga. Entusiasmado con conseguir trabajo,  llegué a un taller de radio en el centro de la ciudad, el taller RCA. Como estaba muy chico me ocuparon barriendo la banqueta, haciendo el aseo, limpiando las herramientas y lavando los radios; ahí aprendí a desarmarlos. Después me traslade a Majestic, una armadora de radios, para poder ver a conciencia cómo los ensamblan. Vi todo lo que venía de Alemania; Punto Azul y todas esas marcas de aparatos que tenían banda corta y larga».

«Después me empezó a llamar la atención cómo se transmitía. Recuerdo que fui a buscar a un ingeniero Díaz, que por cierto era de la misma familia de don Porfirio, para ver cómo y dónde se armaban, y me tocó la satisfacción de que fuera en la XEW, que fue la primera estación que lanzó el señor Azcárraga, instalada Tlalpan 3000. Ahí me tocó saber cómo estaba compuesto, cómo se armaba, cómo se empleaba el agua con tubos de plomo; aprendí a instalar la antena, a instalar los radiales, para qué servían los radiales, etc. Luego quise saber dónde se origina el sonido y fue cuando comencé a recorrer las estaciones, aunque sabía que conseguir una oportunidad sería muy difícil, porque eran puestos eternos; nadie iba a dejar el suyo para darme un espacio, así que mejor me esperé un tiempo», comenta don Gabriel, que para entonces ya había reunido un amplio conocimiento sobre el modus operandi de las estaciones y, a diferencia de la parte tecnológica y el funcionamiento de los aparatos. En 1947, cuatro años después de llegar de su natal Chiapas, se integró por fin a lo que sería su pasión en la vida, como operador de audio en el Grupo Radio Centro, que Francisco Aguirre Jiménez acababa de fundar un año atrás.

Pe estación en estación

Entonces se llamaba Cadena de Radio Continental; hoy es el Grupo Radio Centro. El

señor Aguirre Ahí comencé le había a comprado manejar las equipo consolas, al señor a conocer Azcárraga, los discos, que ya los estaba diferentes renovando tipos de micrófonos y todo lo relacionado con la transmisión. Además tuve la oportunidad de conocer a los grandes trabajé cronistas. Teníamos fútbol: un Agustín programa Escopeta todos es los uno días de y los a mí que me recuerdo. Yo con transmitirlo. También me tocó aprender a hacer los controles remotos —yo estaba en cabina, pero cómo hacían se hacían unos controles cabinas, y remotos, sobre todo ya me también fui empapando de un negocio de música». Posteriormente, el joven Gabriel se trasladó un tiempo a Radio Mil, que se llamaba así por su ubicación en el cuadrante. Radio Mil había sido fundada siete años atrás por Ignacio Díaz Raygosa, nieto del ex presidente Díaz. Ahí don Gabriel destacó como operador de audio y grabaciones hasta 1952, cuando se mudó a Radio 6.20. También por ese tiempo trabajó como operador de audio y director musical en Canal 13. «De Radio Continental quise ir primero a otra emisora donde hubiera más movimiento», explica él mismo. «La que tenía más movimiento en esa época era Radio Mil, porque tenía una gran variedad de cronistas. Me tocó hacer muchos eventos deportivos. Pero luego se convirtieron en un periódico hablado, y las noticias no era Io que a mí me interesaba. Radio Mil le vendió su material a la emisora 6.20, La emisora de la juventud, y me fui metiendo con los discotecarios (a quienes ahora se llama directores artísticos). Yo vi que lo que se necesitaba era música nueva, porque (en las estaciones) repetían y repetían lo mismo, aunque tuvieran un catálogo más o menos grande, sobre todo álbums que les llegaban en exclusiva de las disqueras. Ahí, en la 6.20, me di la oportunidad de experimentar y comprar (nueva música). La emisora fue número uno entre la juventud de la época. Hicimos programas especiales para ellos, con la intención de capturar a los estudiantes. Pero yo necesitaba algo más novedoso; las grandes bandas, que venían desde los 20 , ya habían pasado. Lo ranchero y lo norteño iba en decadencia».

«Iba a las grabadoras para ver qué tenían, qué estaban haciendo y procuraba que nos diera la primacía, porque en aquella época no veía que destacara movimiento alguno. Yo había vivido una época maravillosa con Dámaso Pérez Prado, aunque él no fue el inventor del mambo. Con apenas cuatro discos de 78 rpm y ocho temas, la 6.20 hizo una hora de mambo a las ocho de la noche todos los días, e hizo una verdadera revolución. Ahí empecé a entender que la gente sintonizaría lo que ellos verdaderamente quisieran oír, no lo que uno les dictara. En ese tiempo se vino también una avalancha de películas musicales; por eso iba también a ver si había soundtracks que valieran la pena». Justamente, uno de sus grandes descubrimientos de aquellos años fue la banda sonora de una película llamada Canción de juventud, donde el tema principal lo cantaba una jovencita llamada Rocío Dúrcal. «Fui con una grabadora para enseñárselos porque yo sabía que podía ser un éxito, pero no les interesó. Así que vendí mi coche para que me hicieran mil piezas del disco y se las compré todas. Ya saben lo que pasó después».

«Cuando empezó la fiebre del rock’n-roll en Estados Unidos», continúa, «yo fui de los primeros en traer ese tipo de música. Me gustaban mucho las cosas nuevas. Meter el rock’n’roll en 6.20 fue un paso muy interesante. Muchas emisoras lo hicieron después, pero el que los presentaba mejor y antes tenía un plus. Era importante que el público le tuviera confianza a la estación y quisiera. Conseguimos Primero traer de discos las grandes desde

bandas y después del rock, porque eran 10 que necesitábamos. cuando se comenzó a interpretar el rocanrol en México, ya en vivo, fue con universitarios 0 politécnicos ingenieros. Ellos eran los que abrigaban más ese ritmo y estaban más unidos. Empezaron a hacer sus grupos y comenzaron a grabar todo 10 que salía en inglés, pero traducían los de este la canción Tus ojos,2 y a aquellos chavos les dieron oportunidad de género) por ejemplo una hora de rocanrol los domingos, de seis a siete. Después de un tiempo, muchas de al comenzar la década de los 60, Gabriel Hernández Toledano incursionó por primera vez en la televisión. En 1961 entró a Televicentro a trabajar en los canales 2 4 y 5 como operador de audio, telenovelas, noticieros, programas musicales, controles remotos y producción de comerciales. En 1967 obtuvo por primera vez un puesto  onde Siguió programando música juvenil y en inglés. En 1971 tomó también Radio Sensación, en el 1110 AM del cuadrante, una emisora de balada romántica. Ese año se llevó a cabo el festival de rock en Avándaro, en el estado de México. Al respecto, don Gabriel comenta que aunque el famoso concierto representó un cambio, no es verdad la leyenda negra de que hubo una orden expresa del gobierno de sacar a la música de rock (en español) de la radio. «Avándaro fue un parteaguas. Las autoridades nunca pensaron que esa música llegara a tener tanta repercusión entre los jóvenes. Nosotros modestamente les dimos la mano a los organizadores porque yo veía que era una corriente que venía muy fuerte y merecían apoyo, además de que todos en ese concierto eran mexicanos y demostraron que tenían un potencial Pero después hubo una orden general de que no se iban a efectuar ninguno de esos eventos para no promocionar la venta de mariguana. (Sin embargo) en la radio no recibimos nunca una orden de no tocar esa música. Al contrario, nosotros la tocábamos mucho. También rock norteamericano. Yo escogía las canciones específicamente para México, porque es cierto, un tema podía ser número uno en otro lado, pero a lo mejor aquí no me servía».

«Quién no quería bailar cumbia?»

Hernández Toledano estuvo toda la crucial década de los setenta a cargo de Radio Sensación, que llegó a ocupar los primeros diez lugares de audiencia. Siempre inquieto, a la búsqueda no sólo de nuevos talentos con qué llenar el espacio radiofónico, sino sobre todo de nuevas corrientes, decidió un día mirar hacia el sur y hacer una gira por Sudamérica. «Hablé con el señor Aguirre y le dije que teníamos que buscar nuevo. Me preguntó a dónde quería ir, y yo le dije: x Voy a Sudamérica’ Me  x Ándale, pues. Vete a Sudamérica’. Fui a Chile, a Brasil, donde encontré a Roberto Carlos, pero hacía falta más: no eran grupos, era una corriente musical lo que yo necesitaba. Nadie me había dicho que en Colombia estaba la famosa cumbia, y caí ahí con tanta suerte que llegué al Festival de Valledúpar en la sierra de Colombia, donde la gente llegaba bailando al ritmo de cumbia hasta donde estaba el santo del lugar. Cuando me puse a investigar, vi que la cumbia tenía casi 500 años. En ese país ya estaba uy diseminada y pensé que sería algo bueno y popular».

«De regreso, me traje unos 250 discos a México. Traje (música de) Dipgo Verdaguer, Leo Dan y Roberto Carlos. De éste último, todos me decían que estaba loco por querer tocar canciones en portugués; decían que nadie compraría un disco quq no estuviera en español. Ya después Roberto Carlos se animó a cantar en español. Pero cuando entró la cumbia fue una verdadera revolución. Yo había estado localizan o a una persona que había grabado la cumbia en el norte (de México). Y pensé: Yo voy y lo busco porque éste es uno de los primeros cumbieros mexicanos’. Y efectivamente, este muchacho había pegado en todas las estaciones, tenía todos los bailes acaparados. yo lo veía en las papeletas y los murales y me daba cuenta de que sí la estaba haciendo en grande. Estuve esperando hasta que encontré el Costa Azul, que tenía de vocalista a Rigo Tovar. Rigo tenía algo. Cuando lo conocí le dije: A ver, éste es el ritmo que hay que agarrar, Ya tenían el tamborcito y la flauta, ya habían agregado el acordeón —que apareció primero en Colombia, posiblemente traído por un marinero de Europa— , ya tenían tres elementos musicales. En Colombia le habían metido metales. Yo le dije a Rigo que aquí le íbamos a poner teclados para no parecernos ni a las Dinamitas, ni a nadie de Colombia. Él al principio no quería, pero ésa fue la gran diferencia. (Rigo) es cumbia, pero con teclados, y eso le dio un estilo totalmente diferente. ¿Quién no quería bailar cumbia en ese tiempo? Con Rigo tuvimos 600 horas diarias de radio en toda la República. Había estaciones que transmitían tres veces la hora de Rigo Tovar. Después vinieron grupos «Por ese colombianos tiempo y llenaron se comenzó todos los a hacer lugares».la leyenda de que si yo tocaba

fue que una canción, iba a hacerse un éxito», ríe don Gabriel, pero los ejemplos abundan y en muchos caso fue cuestión de puro instinto. En el caso de Los Bukis, le dio la vuelta a su primer single para tocar la cara B, Falso amor, en lugar del lado A que estaba promoviendo la disquera, «y Falso amor fue la mecha que prendió», interviene. Lo mismo pasó con Los Yoniks, que en 1976 traían El tamarindo como punta de lanza de su segundo LP, «pero yo volteé el 45 rpm y fue otro batacazo. Tamarindo pegó, pero como hasta dos años después. Tuve broncas con las grabadoras porque me decían que se estaban gastando una fortuna para promocionar tal tema y que yo estaba tocando otro, y yo les contestaba que si querían no metía las manos. Adquirí esa fama, y llegó el caso de que a veces estaban grabando algún disco en España y se preguntaban si le gustaría al señor Gabriel Hernández».

Ese buen oído e instinto musical continuaría en las décadas por venir. En 1982 se hizo cargo de la dirección artística de K Love en Los Angeles, llevando la emisora al primer lugar. A finales de esa década introdujo el concepto de «más música y menos comerciales» en la 97.7 FM de la capital mexicana, lo cual también le valió críticas. . . al principio. Lo mismo en La Z, que nació en julio de 1993 para convertirse en la reina de las emisoras. Ahí su costumbre era hacer que los locutores se acercaran a las personas, sacarlos de sus cabinas y que la gente pudiera verlos. Estas dos estaciones, a las cuales llevó a la cima de las preferencias, continúan desde entonces en los primeros lugares de popularidad. Durante un tiempo don Gabriel salió de las filas de Radio Centro, y Televisa lo contrató para que tomara las riendas de dos de sus estaciones de la capital, entre ellas la Ke Buena, a la cual puso en el primer puesto dos meses después, además de incrementar el rating del grupo en 63%.3 Sin embargo su estancia en Televisa Radio fue corta, pues más tarde volvió al grupo donde había pasado la mayor parte de su trayectoria. Ahí tomó nuevamente la dirección de La Z y de la 97.7. En 2013, finalmente, decidió cerrar un ciclo y retirarse no de la música, ni mucho menos de la caza de talentos, sino solamente de Grupo Radio Centro y, por tanto, de su carrera en la radio.

La música de nuestras vidas

Tener la oportunidad de mirar de cerca —y en ocasiones intervenir— en el surgimiento y el ocaso de bandas, estilos, modas y formas de hacer radio, ha otorgado a don Gabriel un conocimiento privilegiado, suficiente para llenar un libro de anécdotas, recuerdos Y conocimientos sobre la industria. También, indudablemente, para compartir su veredicto de más de cincuenta años de música mexicana en el mundo. ¿Cuánto ha contribuido nuestro país? ¿Cuánto ha tomado prestado? ¿Hemos pasado la prueba o simplemente seguido senderos que otros abrieron? «Ni el bolero, ni la  mambo ni el rock es nuestro», responde don Gabriel. «El barrilito es alemán La’ ni él norteña lo mismo tiene influencias externas. El mariachi lo tenemos gracias a Polk antecesores) aprendieron de los maestros italianos que llegaron en el siglo que (sus en el porfiriato, cuando venían las grandes compañías españolas e italianas a la burocracia. A mí me da mucha pena. En lo personal me pregunto cómo no podernos. «Sin embargo, creo que fue México quien le dio el bolero al mundo, nosotros no hayamos sido sus creadores. En este sentido, la más grande contribución ha sido Bésame mucho. Morenita mía fue el primer bolero de un compositor muy bien hecho, aunque no era el título original. Otro de los grandes es El reloj Roberto Cantoral, que he oído en muchos países y hasta con otros ritmos. En Colombia por ejemplo, lo hicieron bailable y suena muy bonito. El rocanrol en español (de los’ años 50) se irradió desde México. María de Lourdes le dio la vuelta al mundo con el mariachi, que ése sí es nuestro indudablemente. En alguna reunión con alguna mesa  directiva de la industria, les decía: s Señores, ¿por qué no hacemos un movimiento?, Pero yo los encontré siempre en su zona de confort. Y de ahí es muy difícil sacar a alguien» 

«Cuando a mí me daban la oportunidad (de traer una nueva corriente) en  Radio Centro, era porque no hallaban qué hacer, cosa que les agradezco mucho porque yo también quería ver si había aprendido lo que tanto trabajo me había costado estudiar» señala. Al mismo tiempo, considera que ha habido, cundo menos, tres momentos que  no sólo marcaron una generación de radioescuchas, sino incluso cambiaron actitudes de todo el pueblo. «La primera fue la cumbia indudablemente: apareció en un momento en el que ya había pasado todo. Habían pasado los grupos, ya no había otra cosa qué traer. Fue una revolución insospechada, pegó en todos los niveles socioeconómicos, todos querían bailarla, pero entramos por la parte de abajo y permeó hasta las clases altas. La segunda (no en orden cronológico) fue el rocanrol, terminando la guerra. Fue moda y revolucionó. Pero había que ir uno mismo por las cosas, no era fácil que aquí las grabadoras lo proporcionaran. Yo mismo me plantaba y les decía: x Déjame ver qué música (de rocanrol) tienes, yo te escucho’, y era un súper batacazo. Ellos no le prestaban mucho la atención a esa música, y era lo que yo estaba buscando para ser diferente. Incluso a los intérpretes los metían a la cárcel. El tercer hito posiblemente sea la banda (al iniciar los años 90), aunque se les ha dificultado entrar al sureste. Yo les dije que hicieran el esfuerzo para entrar allá. Aunque hay que aclarar que la banda tiene muchos más años que el bolero o que la ola inglesa; son como el mariachi, están desde la época de Maximiliano, que trajo muchos maestros de Francia e Italia a nuestro país».

Secretos

¿Pero tiene algún secreto el hombre que supo llevar a la cumbre a tantas estaciones de radio y reconocer el talento cuando lo escuchaba? «Siempre me ha gustado la información», subraya don Gabriel, de carácter jovial y sencillo, poniéndose un poco más serio. «La información forma la columna vertebral de toda estación de radio en cada una de las ciudades. Yo tuve 83 emisoras en el Grupo Radio Centro; me entregaron 22 y en tres años tuvimos 83 en todo el país. Y supe que una cosa es programar Guadalajara y otra Oaxaca o Monterrey. Lo primero que uno tiene que hacer es conocer su mercado• En cada ciudad la gente tiene sus propios hábitos, horarios, tipo de comida, su forma de hablar y de comunicarse. Cuando llego a una plaza estudio en qué volumen estoy, cuántos hombres y mujeres hay en la ciudad, qué edades tienen, veo porcentajes para poder perfilar bien mi mercado; a dónde van a bailar, qué días lo hacen, a qué horas es el desayuno y el almuerzo, o si sólo almuerzan y no desayunan. A qué horas les gusta descansar. Por ejemplo, cuando fui a Guadalajara vi que la gente se iba a Sil  casa a comer y echar la siesta a la una, así que a las dos debía ofrecer una música para que ves a se abrir durmisus ‘eran negocios. otra a Cada las cuatro población, para que grande despertaran o chica, es y se diferente, fuera todo un mundo siendo otra del mismo estado; por ejemplo las localidades de Sonora y Coahuila, que son estados muy  grandes, hay «Cuando que manejarlas llegaba a de las manera ciudades, muy ya diferente»iba armando con cierta información: sabía cuántas emisoras había, de qué potencia, cuáles eran sus trayectorias, si siempre  habían estado en el mismo formato, qué voces tenían. Pero también pedía los nombres  de los locutores, cómo se llamaban y sus horarios. Si teníamos que hacer ajustes de personal, recurría al dueño. Pero para esto yo ya había platicado con los locutores fuera de la estación, los había invitado a comer, les había preguntado cómo se sentían, para  conocerlos directamente y a ver hasta dónde estaban comprometidos. Había quienes sólo iban a hacer unas horas porque también tenían chamba en la presidencia municipal. y yo les sabía vender los cambios. Reunía a los gerentes de ventas, les pedía la carta de los spots, la comparábamos con lo mío y les hacía notar cuando estábamos quedando mal con los anunciantes».

Construyendo molinos

No son pocos quienes dicen que la industria musical en México, y en cierta medida en América Latina, está pasando por una crisis de credibilidad e innovación. Gabriel Hernández Toledano, quien confiesa que le encanta la investigación de mercados, puntualiza que más que nuevos compositores, músicos, bandas o disqueras dispuestas a arTiesgar, lo que se necesita en México son cazadores de talentos. «Yo siempre me he considerado un cazatalentos. Hay magníficos intérpretes y grupos; compositores los hay a pasto, pero mientras no queramos, no los vamos a encontrar. Los que están arriba no quieren compositores que les hagan la competencia. Por eso, si existen los nuevos talentos, tienen que saber, incluso, engañar a la gente», dice con un guiño; «si tienen la capacidad para hacerlo, deben hacerlo. Ahí están, hay que invitarlos: están en los pueblitos, en las colonias populares, nomás con hacer tantito ruido salen autores e intérpretes; hay que encontrarlos abajo, en el pueblo, no un banco» 

«Por otro lado», puntualiza, «las grabadoras están paralizadas, nada más esperando a ver qué les pasan. En mi vida, acudieron a mí muchos grupos a pedir ayuda. Algunos me decían: S Don Gabriel, le doy mi guitarra por quince pesos, lo que ahorita quiero es llegar a mi pueblo. Ya fui a todos lados, y me han dicho que usted es buena gente’. Y yo veía a los grupos, la ilusión que tenían, cómo tocaban, cómo cantaban, y si sentía que algo funcionaba, les daba (promoción). Y ahí andaban las disqueras preguntándome quiénes eran, para contratarlos. Así salieron muchos y así hice con varios grupos porque vi que eran buenos y que nadie les había dado la oportunidad. Además yo sabía que atrás de cada conjunto había cinco familias que mantener. Hoy es necesario recordar que hubo un tiempo en que fuimos grandes exportadores de nuestra música. Por ejemplo, el rock en español (de los años 50) lo conocieron de aquí para abajo (en Sudamérica) por medio de intérpretes mexicanos. Los grandes tríos (de bolero) permearon desde aquí. Lo mismo el mariachi, sobre todo Cuco Sánchez, que incluso entró al habla popular. En Sudamérica, en las provincias, todavía lo siguen tocando».

En su dilatada carrera en los medios de comunicación, don Gabriel ha recibido muchos premios y reconocimientos pero, por sencillez, no quiere mencionarlos. Le gusta describirse como una persona curiosa a quien le gusta romper esquemas, aunque muchas veces lo hayan llamado loco o le hayan vaticinado el fracaso. Entendió en su momento la rebeldía del rocanrol, el romanticismo de los baladistas sudamericanos, la buena vibra de la cumbia, la frescura de la música infantil en los años 80, y cuando Percibió el declive el género ranchero, la importancia de apoyar el movimiento de rondallas. Todo ello sin mencionar las estaciones que concibió o a las que levantó sus alas caídas. Dice un viejo proverbio holandés que no puede impedirse el viento, pero sí pueden construirse molinos. Y si las modas, géneros y estilos que conoció don Gabriel fueron aires pasajeros, brisas o auténticas tormentas, justamente, lo que él hizo, fue construir molinos de viento.

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