Vidas en la radio: Pepe Garza

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“Cuando escribí esa canción fue por un asunto amoroso.” 

 “La manzana nunca cae muy lejos del árbol”, declara un Pepe Garza animado, sin dejar de moverse, pero sorprendentemente concentrado en la entrevista, considerando que goza de fama de ser disperso, de querer estar en todos lados al mismo tiempo. El proverbio de la manzana, que aparece por primera vez en alemán en un libro del siglo XVI, sugiere que los pasos de los hijos no andarán muy lejos de los caminos que recorrieron sus padres; pero también para subrayar que, al final, no importa dónde «caiga» uno en la vida, siempre se estará, a menos de corazón, cerca de sus orígenes. Lo cual bien podría simbolizar la trayectoria profesional de Pepe Garza, compositor, locutor, programador, promotor de talentos y poseedor de un envidiable olfato artístico.

El orden de todas estas actividades no es, por cierto, estrictamente cronológico. «Pepe es una estrella con estrella, una de las personas más queridas de la música y la radio, y sobre todo, una persona muy hábil para identificar el potencial artístico», comenta Juan Carlos Hidalgo, de SBS. «Es algo así como el programador de radio modelo», opina Félix García, director de monitorLATINO en México. «Es un pilar en mi carrera y en la de muchas otras personas», apunta Tomás Rubio, con quien Garza creó el personaje ficticio llamado «El Morro».

O hijo de tigre…

En el caso de Pepe, parece claro que los talentos de su padre y de su madre se combinaron para formar a este notable personaje, un poco conservador y un poco rebelde, de la radio. De su papá, José Alejandro Garza, heredó su buen tino para programar. «Trabajaba en un cine y él era decidía qué películas deberían ir juntas” explica, “una buena y otra más o menos, pero que en conjunto hicieran una función divertida. Dicen que era bueno para decidir cuál con cuál. Eran películas mexicanas, desde las últimas de Pedro Infante y de ahí para adelante: las de Vicente Fernández, Cornelio Reyna, cine ficheras y de artistas como Valentín las Trujillo. Durante un tiempo fue programador y después fue director de una compañía que se llamaba Películas Nacionales, que distribuía también cintas mexicanas».

De su madre, Alicia Durón, probablemente heredó no sólo el gusto por la radio sino su interés por los compositores. La señora Alicia había trabajado como secretaria en Casa Madero, empresa vitivinícola que patrocinaba el popular programa Así es mi tierra? una emisión radial cuyo principal objetivo era dar a conocer en todo el país los distintos estilos de música regional mexicana. «Por esa razón, ella estaba muy conectada con la radio. Cuando yo era pequeño, a mi mamá y a mí nos gustaba escuchar la radio en la noche juntos. Eso tuvo mucha influencia en mí, no sólo en Cilanto al gusto por la música, sino también en cuanto a la admiración hacia los compositores. Le gustaba identificar y hablarme de los autores de aquella época, a muchos de los cuales conoció personalmente: José Alfredo Jiménez, Tomás Méndez y Pepe Guízar. Guízar fue el autor de Guadalajara, Sin ti y muchas otras; por eso le llamaban el pintor musical de México, pues hizo canciones para muchas ciudades mexicanas. Mi mamá fue muy amiga de ese caballero llamado Pepe Guízar. Incluso creo que fue él quien les invitó el viaje de bodas a mis papás».

¿Lagunear o no lagunear?

Garza nació en Monterrey, ciudad industrial del noreste mexicano, una de las cunas de la música norteña. «Comencé a tener cercanía con la radio, desde los seis años; me refiero a la radio musical», subraya. «La noticiosa no me interesaba, acaso alguna que otra radio novela, como la de Kalimán, que es la única que podrían haberme dejado escuchar». En diversas ocasiones, Pepe ha contado también que el estrecho contacto con la radio se debió a que de niño contrajo hepatitis y recibió un aparato como premio de consolación. «Me gustaba la música en inglés y en español de todos los géneros, pero también me llamaba la atención el ambiente, por ejemplo, los locutores. De hecho me parecía envidiable poder dedicarse a algo así, vivir en el mundo de la música. ¡Eso sí que me llamaba la atención!».

Pronto, su padre le ayudó a conseguir un primer trabajo en una estación local, en el horario al que van los primerizos: el domingo a la media noche. Su labor consistía únicamente en dar la hora, pero lo disfrutaba tanto que lo hacía cada tres o cuatro minutos, después de cada canción.3 «Desde el momento en que puse un pie adentro de una estación, quedé enganchado», confiesa. «La primera emisora en la que trabajé como operador se llamaba FM 100 y era de baladas en español. Aprendí a operar en la época en la que todavía se hacía con cartuchos y discos de vinil. Los comerciales estaban en los cartuchos, la música en vinil —a veces singles, a veces LPs— , y los ibas intercalando. Era un trabajo en el que había que ser muy preciso, si no se escuchaban al aire las terribles Slagunas’. El objetivo de todo buen operador era no ser muy lagunero• Yo no cumplía ese requisito, pero ahí estuve hasta que me di cuenta de que siendoen la locutor podía conocer más muchachas; además me llamaba la atención hablar radio. La primera estación en la que hablé se llamaba Kono, y era de música en inglés• De ahí pasé a Radio 13, ambas del Grupo Radio Alegría».

En 1989, Garza se fue a trabajar a Guadalajara a una estación que tocaba rock en español, en pleno resurgimiento, pero sólo estuvo seis meses. De ahí se trasladó a la Ciudad de México como locutor de la Ke Buena, una estación de música regional mexicana que estaba programando el sonido de su tierra natal, Monterrey. Eran los inicios de la década de los noventa y estaba dando inicio el auge del género grupero. Con todo, Pepe muchas veces se daba cuenta de que lo que las estaciones tocaban, no siempre era lo mismo que lo que la gente quería. «Llegué a Guadalajara por segunda ocasión en 1993 —como director de programación de la Ke Buena— y me di cuenta de que había mucha música que no se tocaba; que en los night clubs había cosas que estaban llamando la atención, pero no pasaban en la radio. Me parecía que el movimiento musical que estaban promoviendo era aburrido, una especie de rock de los 60 pero con vueltas, quebradita… y eso no estaba bien, cuando por ahí, por debajo, estaban las bandas de verdad. Entonces empecé a tocar cosas de Sinaloa, y al mismo tiempo lo que yo consideraba más valioso de lo local, como Pequeños Musical, la Banda Cuisillos, la banda El Recodo, Los Recoditos y otros artistas como Mi Banda el Mexicano que no estaban en el radar de las grandes compañías».

«En esa misma época, poco tiempo después del asesinato de Chalino, Garza no podía imaginarse que su destino lo llevaría (a trabajar) al sur de California, donde jugaría lin papel esencial en la promoción de la cansera de su protegé, Lupillo Rivera».

Como director de La Ke Buena en Los Ángeles, Garza creó una revolución al darle la voz a las cosas que pasaban en la calle, algunas que antes hubieran parecido crudas, despreciables o indignas de merecer la atención de la industria. «Esto es algo que pretendo que se sepa de mí, ese afán de ser siempre buscador de talentos locales En Los Angeles observé una especie de rutina; estaban en una zona de confort. Había ciertas compañías de discos que eran las que grababan todo lo que sonaba en la radio mientras en las calles estaban algunos cantantes que la gente quería escuchar. Estaban sonando y decidimos sacarlos de las calles. Andábamos en Pacific Boulevard, por Van Nuys, oyendo qué estaba pasando, qué iban oyendo en los coches, qué tenían puesto en las tiendas, qué se vendía, qué comerciaba la gente que vendía CDS en ese momento.  Fue así que nos dimos cuenta de que había un movimiento grande, una preferencia por agrupaciones como El As de la Sierra, Las Voces del Rancho, El Gavilancillo, Los Razos y ese tipo de artistas. El Chalino seguía más vivo que nunca. Anduvimos platicando con la gente y no tardamos mucho en darnos cuenta de qué era Io que funcionaba; por ejemplo, los night clubs compraban comerciales para presentar a Las Voces del Rancho  pero Las Voces del Rancho no salían en la radio!, y yo pensaba: ‘Si son tan buenos como para ponerlos en los night clubs, y compran comerciales para ellos, ¿qué no serán buenos para sonar en la radio?».

La presencia de Garza fue determinante para construir la carrera de muchos artistas. Jenni Rivera fue una de ellas, aunque al principio, él abrigaba sus dudas. «Jenni fue mi mayor sorpresa», admite. «No que me sorprendió que funcionara una canción como Las malandrinas; estaba seguro de que iba a funcionar; lo que me sorprendió la dimensión que cobraba su popularidad. Cada vez que veía que había ganado tal puesto, que ella estaba cada vez más arriba, me decía: ‘iNo se a dónde va a llegar!’.

—Yo no iba a ser cantante Mr. Garza, pero usted me tocó en la radio —me dijo públicamente en varias ocasiones, y mi respuesta siempre fue:

—Yo toco a muchos, pero no todos pegan como tú.

 —Oiga, Mr. Garza, ¿y cómo ve? Voy a grabar esto, ¿usted cree que esté bien? —Y yo le decía:

—Mira, yo nunca creí que fueras a llegar tan lejos, así que creo que todo lo que tú hagas te va a salir bien. Todo te ha salido bien hasta ahora; has llegado a donde nadie.

«No quiere decir que no creyera en ella, pero sí fue sorpresivo que una chica que vendía casas, salida de Long Beach, tuviera cada vez más trascendencia. Fue inesperado». «Ninguna fue aclamada con tanto delirio y tanta pasión», declaró Garza emotivamente en los funerales a la cantante en 2012. «No era una cantante de música popular, era la más popular cantante que ha existido en décadas. Jenni Rivera vino a traer una lluvia de honestidad y sencillez a una industria llena de modelos vacíos; vino a callarles la boca a los expertos de la imagen».

¿Quién diablos es… ?

Paralelamente a su labor en la radio, Garza se ha dado tiempo para dar vida a su otra pasión, que es la composición, donde también ha dejado huella. «Creo que la primera

canción que compuse fue una que se llamaba A un lado del camino, y la hice cuando

tenía como 18 años». Es verdad que muchas de sus primeras composiciones nacieron destinadas a permanecer en su álbum personal de recuerdos, pero otras se convirtieron en éxitos en ambos lados de la frontera. Ese loco soy yo, por ejemplo, fue a principios de los 90 tal vez el éxito más sonado en la carrera del grupo Liberación, una banda de

su natal Monterrey fundada en 1976. ¿Qué se te olvidó?, de la Banda El Limón, ganó en 1998 el premio a la Canción Regional Mexicana otorgado por ASCAP. «Cuando escribí esa canción fue por un asunto amoroso», recuerda Pepe. «Había una muchacha con la que yo había andado d llamó como para tratar de revivir viejos tiempos; yo estaba muy emocionado. Horas después me llamó una amiga

Entonces a mí me sorprendió mucho, y pensé: s Si ya se casó, ¿de qué se trata esto?’.

 ¿Y qué pasó?

¿Pues qué se te olvido?

¿Apoco ya volviste?

¿No te cumplió lo que te prometió ése con quien te fuiste?

Parada enero de 2004, Pepe ya tenía una colección de canciones que «sabía que nadie iba a grabar», en estilos distintos a los grupos con los que generalmente trabajaba, y decidió grabar su propio álbum, ¿Quién diablos es Durón? «Siempre me gustó cantar mis rolas. Estaba buscando un espacio como trovador en alguna peña, porque siempre he sido fanático de los cantautores underground, que van conquistando a su público poco a poco. Esa era mi intención, aunque siempre he tenido un poco de reticencia a mezclar una cosa con otra, porque cuando uno ve un locutor o un actor que canta, la percepción es que no sirves, o que estás tratando de hacer algo que no es lo tuyo. Pero, en fin, tenia mis canciones, sabía que nadie iba a grabarlas y tenía que hacerlo yo. Yo no pensé en lanzar ese disco con una transnacional, en colocarlo en la radio. La intención era simplemente cantar en donde me dieran chance, recorrer un circuito de bares, pero se hizo un lanzamiento muy rimbombante, sobre todo en México». Uno de los temas principales del disco, Ellas, «el tema censurado», según la despistada campaña de lanzamiento, dice: «El mundo es de ellas, consiguen lo que quieren, nunca trates de entenderlas». ¿Autobiografía, quizás? «Creo que sí lo es un poco», sonríe Pepe. «Pero no tiene que ver específicamente con un amor, sino con la mujer en cualquiera de sus roles. Pienso que las mujeres son bastante insistentes; como mamás, como esposas, como hijas; cada una desde su trinchera acostumbra a mover el mundo: una esposa que te inspira para algo, una madre que te regaña porque hiciste algo o una hija que te está motivando a que crezcas en algún sentido».

Garza, por cierto, tampoco se ha tentado el corazón para parodiar sus propias letras o su estilo de composición, como cuando convirtió Ese loco soy yo, el éxito de Liberación, en Ese morro soy yo, en la voz de El Morro, Tomás Rubio —un tema que se convirtió en un éxito por derecho propio—, o cuando compuso con Juan Carlos Razo —alias don Cheto— una balada-rap semihumorística para Yolanda Pérez y el propio don Cheto, otro personaje ficticio de la radio. En ella, un enojado padre mexicano, de costumbres muy conservadoras, sostiene un airado diálogo con su enamoradiza y americanizada hija:

Tú y mi mamá no cambian, 

son bien aburridos. 

Ya no están en su rancho, 

están en Estados Unidos.

La radio, ¿museo o escuela?

Pepe Garza ha impulsado desde la radio a figuras importantes de la música regional  mexicana, notablemente la Banda El Recodo, La Arrolladora Banda El Limón , Cuisillos , Lupillo Rivera, El Coyote, Yolanda Pérez y desde luego a Rivera, porque como él mismo explicó en 2004, «lo que yo trato de poner en la radio es autenticidad. Las canciones son simplemente historias cantadas, de distintas formas, con diferentes ritmos e idiomas Una historia bien cantada, no importa en qué estilo esté, siempre funcionará. La cosa más importante es que la gente crea en tu historia».7 Por eso, su visión del futuro de la música latina sin duda interesará a muchos en la industria. Sorprendentemente, en este caso, el rebelde prefiere hablar conservadoramente. «Creo que los jóvenes (en la música latina) seguirán expresándose con el sonido y los instrumentos tradicionales pero reflejando lo que pase en sus vidas, que indudablemente serán muy distintas a las nuestras; las letras cambiarán para reflejar la realidad de los próximos diez años; pero creo que el sonido tradicional va a estar ahí. Nos encontraremos con gente que revolucionará la música regional, como recientemente lo hizo Gerardo Ortiz o grupos norteños como Máximo Grado con letras muy interesantes. Creo que lo tradicional prevalecerá porque, si nos damos cuenta, los únicos géneros que realmente han trascendido dentro de la música mexicana son el mariachi, lo norteño y la banda. Ciertamente ha habido muchos artistas que han utilizado instrumentos electrónicos, pero no permanecen. Las grandes figuras, las grandes trayectorias, siguen siendo las de Vicente Fernández, Ramón Ayala y bandas como Los Tigres del Norte. Somos los programadores quizá los que tendremos que seguir siendo rebeldes» 

«En este sentido siempre habrá un conflicto», concluye con más intensidad y evidente interés en el tema. «Son como dos corrientes, dos puntos de vista encontrados: por una parte quienes pensamos que la radio es algo así como un museo donde uno entra y a lo mejor vas a encontrar algunas imágenes que no te gusten, o te asombren, o francamente te disgusten; y va a salir de ahí, pero al final todo es arte; todo es gente expresándose. Por otro lado, estarán los que digan que la radio es como una escuela que tiene que educar, decirle a la gente cómo se habla y cuáles son las normas de la convivencia. También respeto eso. Yo soy de los que pienso que la radio es una galería de arte popular, que las estaciones son para que se expresen quienes lo puedan hacer con autenticidad y ciertas normas de la estética. Eso es mi estacion 

Pepe Garza, como la proverbial manzana, está efectivamente cerca del mundo de sus padres —la programación, la música, la música regional mexicana y la composición— , después de casi tres décadas de trabajo. Desde hace mucho descubrió que lo que más importa para una manzana, al final, no es quedarse bajo la sombra, sino nutrir a alguien… y quizá ser también objeto de atracción. «Hay quienes se afemn a creer que la gente hace lo que la música le dice, y que por eso la radio debe decirles qué hacer; que la música debe ser una especie de norma. Yo pienso, por el contrario, que ella refleja lo que la gente ya está haciendo y deseando. Esto con respecto a los narcocorridos, o a cierta sexualidad —bastante ya relajada—- de la que hablan las canciones’ además de otras cosas novedosas de las que hablan las letras y que están pasando en las calles. Si las cosas se expresan de forma artística, no veo por qué no ponerlas en la radio. No es posible detener lo que la gente quiere».

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