Cómo hacíamos la radio en el siglo pasado

El avance de la tecnología facilita el trabajo.

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Mis inicios en radio - La Voz del Cine, 1978

El trabajo en radio hoy en día es más sencillo. Anteriormente se necesitaba de mucha concentración y disciplina.

El trabajo de un disc-jockey de radio ha cambiado mucho con el paso del tiempo. Las labores de operación de la consola y la emisión de música se han simplificado con la automatización, así que hay más tiempo para realizar otras tareas.

¿Y cómo era hacer un turno en los años 80? Revivamos nuestra historia…

Las tornamesas

En Emisoras El Poblado de Medellín, la primera emisora en la que comencé a trabajar hace más de 40 años, los equipos consistían en una consola, 3 tornamesas, un micrófono y un reproductor de casetes.

La música se pasaba en discos de vinilo, habitualmente long-plays y sencillos a 45 revoluciones por minuto, y las cuñas se emitían en casetes.

Sí, es que en esa época no existían los MP3, no había CD’s, no existían los diskettes y la tecnología de los cartuchos de cinta magnetofónica apenas comenzaba a usarse en las emisoras más modernas.

Las tornamesas de esta emisora no eran profesionales. Eran marca Garrard, las preferidas por los audiófilos en sus equipos de sonido caseros, pero no estaban hechas para efectuar el arduo trabajo de una emisora. Eran delicadas y muy lentas para arrancar.

Tornamesa Garrard 401

2 tornamesas estaban habilitadas para pasar la música. La tercera estaba dedicada para las cuñas y promos de la emisora. Esto porque, al no haber cartucheras, este material se grababa en discos de acetato que giraban a una velocidad de 78 RPM.

Para grabar esas cuñas y promos debíamos llevarlas en una cinta magnetofónica a RCN Medellín, donde tenían una máquina que ‘cortaba’ lo acetatos, que eran unos discos similares a los de vinilo.

Esos discos venían completamente lisos y la máquina iba cortando el surco para poder ser reproducidos después en la emisora. Era un proceso totalmente mecánico. Obviamente no se podía regrabar en ellos, así que una vez acabada la pauta, esos discos se destruían.

Discos de acetato vírgenes, listos para ser ‘cortados’.

Para poner una canción al aire, el ritual era el siguiente:

  1. Encontrar el disco. Habitualmente estaban en unos anaqueles, organizados por orden alfabético o simplemente se numeraban a medida que iban llegando. Habitualmente el operador o disc-jockey sabía de memoria dónde estaba cada disco.

Algunas emisoras contaban con un discotecario, persona encargada de entregar en un carrito los discos que iban a pasar durante el turno. Esa persona mantenía organizada la discoteca.

  1. Luego se sacaba el disco y, antes de ponerlo en la tornamesa, había que limpiarlo. Habitualmente había un trapo y un ‘atomizador’ con agua para hacer la limpieza, pues los discos acumulan mucho polvo en sus surcos.
  2. Entonces se ponía el disco en la tornamesa, que estaba recubierta de felpa para que los discos pudieran resbalar cuando se ejercía presión sobre ellos. De esta forma se podía tener rodando la tornamesa y frenar el disco para soltarlo en el momento justo.
  3. Luego se miraba a cuál corte pertenecía la canción que iba a sonar y se colocaba la aguja en el espacio correspondiente entre canciones.
  4. Para asegurarse de que comenzara en el punto exacto había que dejar rodar el disco escuchando internamente a través del cue. Cuando llegaba al inicio de la canción, se retrocedía y se adelantaba el disco varias veces con la mano, similar al scratch que hacen actualmente los DJ’s de mezclas, hasta asegurarse de que quedaba en el punto donde arrancaría a la velocidad adecuada.
  5. Para soltar el disco se encendía la tornamesa sosteniendo el disco con el canal de la consola cerrado. Cuando terminaba la canción anterior se abría el canal con una mano y con la otra se soltaba el disco.
  6. Lo peor que podía pasar era que el disco sonara “arrastrado”, es decir, que comenzara lento y tomara la velocidad adecuada después.
  7. Al terminar de sonar se hacía el procedimiento contrario: se quitaba el disco de la tornamesa, se le pasaba el trapo, se metía en la funda plástica, se guardaba dentro de la carátula y se ubicaba en el lugar correspondiente del anaquel.
  8. Sobra decir que con el tiempo y el uso, los discos se llenaban de rayones y rasguños (scratch). Esto pasaba especialmente en el inicio de cada canción debido a que uno adelantaba y retrocedía el disco en ese punto, y la aguja iba causando daño en el vinilo.

El otro problema era cuando un disco se ‘rayaba’. El vinilo es un material delicado, y cualquier rayón afectaba el sonido y algunas veces hacía que la aguja de la tornamesa se quedara pegada en el mismo sitio de la canción, que se repetía incesantemente hasta que uno la adelantaba de alguna manera.

Los casetes

Ahora, para las cuñas de Emisoras El Poblado en 1975 había otros rituales. El de los casetes era el más chistoso. En mi caso, este era el procedimiento:

Reproductor de casetes.
  1. Cada cuña estaba en un casete diferente. Para que sonaran se usaba un reproductor o deck. Mientras sonaba la música uno tenía que escuchar las cuñas a través del cue de la consola y dejarlas listas en el punto de arranque.
  2. La bandeja donde se colocaba el casete estaba en la parte superior del deck para facilitar el trabajo. Con los decks de carga frontal era más complicado.
  3. En el momento de transmitir las cuñas, se daba play y al finalizar se apretaba la tecla stop y, casi de manera simultánea, se apretaba la tecla eject de manera fuerte. De esta forma el casete salía disparado hacia arriba y uno aprovechaba para meter el siguiente casete y le daba play para que empezara a sonar.
  4. Obviamente había un pequeño bache entre cuña y cuña. La ventaja es que algunas cuñas llegaban en acetato, así que podían transmitirse de forma alterna para evitar los baches.
  5. Al terminar de sonar la cuña había que devolver la cinta hasta su punto de arranque para dejarla lista para la próxima reproducción. Algunos grababan la misma cuña varias veces en el mismo casete para facilitar el trabajo.
  6. Aquí se usaba el tradicional lápiz para adelantar o devolver la cinta de forma que la cuña pudiera arrancar en el sitio exacto.
  7. En mi caso, aprendí a editar las cintas para dejarlas solo de 35 segundos aproximadamente, grabando la misma cuña en ambos lados del casete. De esta forma, apenas terminaba de sonar la cuña solo había que voltear el casete y ya quedaba prácticamente listo para la siguiente reproducción.
Edición de un casete

Los acetatos

Para quienes nunca han usado una tornamesa es importante indicar que los discos se grababan a diferentes velocidades. A mayor velocidad, mejor calidad de sonido, pero también ocupa más espacio en el disco.

La velocidad tradicional de un disco de larga duración (long play) es de 33 RPM. Esto significa que el disco gira aproximadamente 33 veces en un minuto. Los sencillos giran a 45 RPM. Los discos más antiguos, como los que se usaban en las victrolas, giraban a 78 RPM.

Incluso llegaron a existir tornamesas que giraban a 16 RPM. La calidad no era muy buena, pero permitía grabar acetatos con duraciones hasta de media hora o más. Los discos eran gigantes (40 centímetros de diámetro), y se usaban especialmente para grabar programas completos.

Acetatos de 26 pulgadas para programas de 30 minutos.

Los acetatos se grababan también a 78 RPM. Las tornamesas profesionales de radio no tenían problemas para arrancar de inmediato y lograr esa velocidad. Sus motores eran muy poderosos.

Las Garrard que usábamos en Emisoras El Poblado no estaban hechas para trabajar en radio. Por esa razón, la de los acetatos siempre estaba encendida girando a 78 RMP, así que no había forma de cuadrar el disco. Había que tener muy buena puntería para que la cuña o promo arrancaran en el punto preciso.

Los cartuchos

Éstos sí marcaron una gran diferencia y facilitaron el trabajo de los operadores de audio. Se trataba de una especie de casetes de cinta magnetofónica. Su calidad de sonido era muy buena porque usaban cinta de ¼ de pulgada de ancho y que corría a 7.5 pulgadas por segundo.

La cinta formaba un sinfín, es decir, se enrollaba la cantidad necesaria y se unía la cabeza con la cola. De esta forma, al finalizar de sonar la cuña volvía a su sitio de arranque. Habitualmente se dejaban de 1 minuto para que cupieran 2 cuñas de 30 segundos.

Obviamente se podían hacer cartuchos de mayor capacidad, para grabar canciones e incluso programas.

Cartucho

Cuando llegué a La Voz del Cine en 1978 comencé a trabajar con los cartuchos. Me pareció muy curioso que la grabación de las cuñas en ellos no se hacía en la emisora sino que las llevaban al Sistema Colibrí, una cadena de radio que tenía sus instalaciones cerca de nuestra emisora.

El problema es que allí estaba una emisora que nos competía: Radio Disco. Entonces decidí ver cómo hacer nuestros propios cartuchos.

Para ello abrí uno y me di cuenta de que no era tan complicado como se apreciaba a simple vista. Descargué la cinta y la puse en una grabadora de carrete abierto (open reel) y me di cuenta de que las grabaciones ocupaban el canal izquierdo de la cinta mientras el derecho permanecía en silencio.

Pero también me di cuenta de que al final de la grabación quedaba grabado un tono de 1 kilohertz que era el que activaba el freno de la cartuchera. Ese era el secreto para que la cinta no siguiera sonando sin parar.

Entonces comencé a grabar las promos de la emisora y algunas cuñas en cartuchos hechos por mí. Para ello mandaba el sonido al canal izquierdo en la grabadora de carrete abierto, dejando en silencio el canal derecho, y con mi voz grababa el tono. Un método artesanal que funcionaba relativamente bien.

El problema es que la cinta no duraba mucho. El desgaste era grande, y más tarde me enteré de que para los cartuchos se usaba una cinta especial, lubricada con grafito.

Cartuchera

El caso es que si bien el trabajo de pasar las cuñas se hizo menos dispnedioso, hay que tener en cuenta que para finales de los años 80 e inicios de los 90, la carga comercial era bastante grande. Esto porque al buscar que la gente se quedara más tiempo escuchando la emisora, se dejaron de pasar 2 0 3 breaks comerciales en la hora por pasar uno solo.

Esto hacía que un solo break pudiera durar 10, 15 ¡y hasta 20 minutos…!

Si hacemos el cálculo entenderán que 15 minutos de comerciales seguidos podrían ser 30 o más cartuchos, más los de los jingles, señales horarias, promos y demás material promocional de la emisora.

Ya se imaginarán el trabajo del operador o disc-jockey, quien tenía que sacar y organizar todos esos cartuchos y pasarlos uno a uno hasta terminar el break. Eran verdaderas columnas de cartuchos apilados los que había que preparar y transmitir. Además, el operador tenía que anotar a mano en una hoja, una a una, a qué horas había sonado cada cuña.

Y lo más triste es que eso se pudo haber solucionado con una función que, por lo general, en Colombia, no se usó. Existía la opción de grabar segundo tono que permitía automatizar la emisión de varias cuñas sin tener que dar play a cada cartuchera. El problema es que a los técnicos les daba pereza habilitarlas o simplemente ignoraban que era posible hacerlo.

Las cabezas reproductoras se ensuciaban con el material de las cintas, se magnetizaban o se desalineaban, afectando la calidad del sonido. A muchos técnicos con los que trabajé, nuevamente, les daba pereza darles mantenimiento, y solo las arreglaban cuando no había más remedio.

Los CD’s

A finales de los años 80 comencé a pasar canciones desde Discos Compactos (CD’s). Su manejo era mucho más sencillo, la calidad del sonido era muy buena comparada con la de los discos de vinilo, especialmente porque éstos se iban rayando y llenando de rasguños (scratch).

El problema de los CD’s era que cualquier rayón en los discos o suciedad en el lector del reproductor hacían que los discos se ‘pegaran’. Y era una falla muy común.

Esto se hacía más evidente en los equipos caseros que se usaban al principio para su reproducción. En mi caso, por ejemplo, el primer CD que pasé fue en Veracruz Estéreo de Medellín, probablemente en 1987.

Por esa época me compré un Discman de Sony y lo conecté a la consola. Luego compramos algunos equipos caseros, pero todos tenían el mismo problema.

Una de las soluciones fue creada por Denon con sus equipos Denon Dn-950fa Professional. La idea era guardar toda la colección de CD’s en unos cartuchos plásticos especiales con el fin de no tener que tocar nunca los discos.

Reproductor de CD’s Denon con su cartucho para guardar los CD’s.

El problema es que a muchas de las empresas de radio que compraron estos equipos les parecía muy costoso comprar un cartucho para cada disco. Entonces solo compraban 2 o 3 cajas por emisora.

De esta forma, hacían que el disc-jockey tuviera que manipular aún más los discos, pues tenía que sacarlos de su carátula original, meterlos al cartucho, y luego de que sonaran había que hacer el proceso inverso.

Conclusión

A inicios de los años 90 llegaron las tecnologías digitales. A RCN, por ejemplo, llegó el DiskTrak que funcionaba con cuñas grabas en disquetes, pero el primer sistema digital de automatización en Colombia realmente lo tuvo Caracol: Audiovault.

Para su implementación en todo el país incluso se lanzó una campaña promocional. En lugar de mencionar la marca del sistema, Caracol lo bautizó como ‘Max’. Las cuñas decían algo como “A Caracol llegó Max”. Más tarde fue reemplazado por Dalet.

Con la llegada de estos sistemas de automatización se liberó a los operadores de audio de una gran carga de trabajo. Hoy en día simplemente dan un clic y se emite un break de 5, 10 o 15 minutos sin que el operador tenga que hacer nada más. Además, el registro queda en un log.

El lado positivo es que hoy en día tienen más tiempo para dedicarse a otras cosas. El lado negativo es que muchos, en lugar de aprovechar ese tiempo para preparar su turno y asegurarse de que salga impecable, más bien se dedican a chatear, conversar o simplemente hacer pereza…

Pero esa es otra historia.

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